Zuazua: «Hacer cine exige cabeza y tiento, porque enamora y te puede nublar la razón»

El donostiarra Koldo Zuazua, ante la torre de Atocha.
El donostiarra Koldo Zuazua, ante la torre de Atocha. / SARA SANTOS
Koldo Zuazua, productor

Recibe el premio SADE por «su gran contribución al mundo del cine» y por ser «un defensor de Donostia como sede de sus proyectos»

RICARDO ALDARONDOSAN SEBASTIÁN.

Sigue pareciendo el chaval inquieto que sin armar mucho ruido va poniendo en conexión gentes y presupuestos y sacando adelante producciones cinematográficas en las que valora mucho la colaboración. Después de dieciocho años como productor, Koldo Zuazua (San Sebastián, 1971) continúa mostrando un talento especial para elegir proyectos, y trabajar simultáneamente en películas pequeñas y arriesgadas, y producciones de probado carácter comercial. 'La pelota vasca' (2003), 'Caótica Ana' (2007), 'Yo, también' (2009), los dos 'Zipi y Zape' (2013-2016), 'Ocho apellidos vascos' (2014), 'La herida' (2013) o 'Morir' (2017) están entre sus trabajos.Ha recibido este jueves en el hotel Astoria 7 a las el Premio SADE por «su gran contribución profesional al mundo del cine», y por ser «un firme defensor de Donostia como sede de sus proyectos».

- ¿Cómo recibió la noticia de que le concedían el premio SADE?

- Con ilusión y con pudor, porque la verdad es que me dan un poco de vergüenza estas cosas. Estoy muy agradecido y me hace mucha ilusión, sobre todo porque en los cines de la SADE es donde he mamado gran parte del cine que he podido ver. De alguna manera son ellos en parte los artífices de que yo me dedique a esto. Aunque no acabo de verme merecedor de un premio, porque lo mío es un trabajo de equipo, soy un canalizador de talentos, energías y trabajo de mucha gente.

- Pervive en el imaginario colectivo la imagen del productor poderoso y expansivo, dando órdenes, y hasta con un puro. ¿Ya no existe ese tipo de productor?

- Creo que algunos así existen, aunque en España muy pocos, por la idiosincrasia de nuestra industria. Los productores de los estudios al final son empresarios que manejan una empresa con mucho capital y muchas responsabilidades financieras. Luego estamos los productores independientes, que somos trabajadores autónomos con una empresa más o menos pequeña, y que al final somos 'curritos'. En el cine español, tal como está estructurada la industria, casi todas las productoras dependen de otras, trabajan con otros socios nacionales o internacionales, o con las televisiones como socios.

- ¿No es un poco 'de locos' ponerse a producir películas de forma independiente, tal como está el panorama y mientras algunos creen que los del cine se forran?

- Forrados no, desde luego, algún golpe de suerte puede haber, pero es uno entre mil. La mayor parte de las películas españolas están en los límites de la amortización. Como son varias las productoras que se asocian, el trozo mayor del pastel lo suelen tener los que ponen más dinero, normalmente son las televisiones. Los productores no suelen tener un gran trozo del pastel.

- Figura en las dos películas vascas que están en la Sección Oficial del Festival, como productor asociado en 'Handia' y como impulsor personal de 'Morir'.

- Mi fórmula de negocio es la coproducción, llevo dieciocho años dedicándome profesionalmente a esto y ya desde que empecé con cortometrajes, he visto lo que supone una inversión. Al principio 10.000 euros me parecía una inmensidad y ahora también me lo parece un millón de euros. He visto muchos tortazos a mi alrededor, porque el cine es algo muy pasional, realmente enamora, y te puede nublar la razón y te puede meter en fregados bastante complicados. El cine es una cosa cara, que hay que hacer con mucha cabeza y mucho tiento. Por eso intento hacer todo en fórmulas de coproducción, de manera que divides el riesgo y divides también la propiedad, claro. En algunos soy generador del proyecto, y en otros un instrumento para conseguir financiación o para ofrecer mis capacidades de gestión. Son distintas modalidades, así puedo controlar el riesgo.

«Empezar con Julio Medem en 'La pelota vasca' dio un gran giro a mi vida»

«Nuestro trabajo es de psicólogo, los conflictos humanos son muchas veces el gran problema»

- Y entre tanto número y tanta gestión, ¿se pierde un poco la llamada 'magia' del cine?

- Depende, hay distintas fases. Cuando te aproximas al guion, ves la propuesta y te acercas a los creadores, uno de los trabajos del productor es traducir todo eso en números, descuartizarlo y que se pueda cuantificar. Quizás en ese ejercicio de disección vas perdiendo la magia, pero tienes que preservar unos criterios artísticos y una cierta sensibilidad, porque para evaluar una secuencia cualquiera tienes que dotar de las necesidades suficientes para que haya una libertad creativa al hacerla. El haber mamado el cine desde siempre y mantener una cierta idea romántica, ayuda a que los presupuestos sean también mejores. Aunque parezca muy idealista.

- ¿Luego los problemas de rodaje atacan a ese idealismo?

- Siempre falla algo, a alguien se le olvida el texto, el director se atasca, llueve cuando no tiene que llover, no te dejan rodar en las localizaciones previstas... Hay que encontrar soluciones, tener mucha mano izquierda, y sobre todo convencer, porque los conflictos humanos son el mayor problema de una producción cinematográfica. Nuestro trabajo muchas veces es de psicólogo.

- ¿Qué películas considera más especiales en su trayectoría?

- 'La pelota vasca', porque empezar con mi primer largometraje con Julio Medem fue un gran giro en mi vida, y todo empezó de una manera ingenua, en principio me iba a dedicar a la documentación y acabamos haciendo un documental con muchísimo eco. Era joven, no estaba bregado en esto. Y 'Yo, también' es otra película a la que le tengo mucho cariño, es un proyecto que desarrollé desde su origen hasta su materialización, me llenó mucho, también por los resultados y la propia historia que tuvo la película.

- Parece empeñado en convertir San Sebastián en escenario de rodajes, se ha traído aquí películas de otros lugares, como 'La herida', 'Embarazados' o 'Morir'.

- Euskadi es una comunidad autónoma en la que hay una serie de facilidades para la creación y la producción audiovisual y está bien hacer uso de ellas. Creo que es bueno abrirse en ese sentido, y espero poder traer más cosas. En la serie que estoy haciendo con Movistar+, 'La zona', la parte de la central nuclear la rodamos en Martutene.

- 'Morir', de Fernando Franco, que está fuera de concurso en la Oficial del Zinemaldia, parece una película arriesgada y dura. ¿Por qué se metió en un proyecto así?

- La anterior película de Fernando Franco, 'La herida' salió bien, tuvo dos premios en el Festival de San Sebastián y dos Goya. Este tipo de películas hay que medirlas en su escala, y pueden ser tan rentables como una gran producción. 'Morir' es una consecuencia de 'La herida', una propuesta de riesgo, pero las expectativas son por lo menos llegar a lo mismo que 'La herida'.

- Y combina ese cine tan radical con su participación en filmes tan comerciales como 'Zipi y Zape' y 'Ocho apellidos vascos'.

- Llevo unos años colaborando con Mod Producciones en la dirección de producción y también en asuntos creativos, en algunos títulos. Las películas en las que he participado tenían potencial para hacerse en Euskadi y manejar talento vasco.

- Con 'La zona' incide en la televisión, un campo cada vez con más conexiones con el cine.

- El equipo de 'La zona' ya hicimos en 2010 'Crematorio'. 'La zona' ha sido una experiencia magnífica, llevamos un año y medio de trabajo y creo que el resultado es muy bueno. La estructura de trabajo es muy similar a la del cine, solo que es más largo en el tiempo y más complejo, porque los elementos que tienes que manejar se multiplican. Se estrena el 27 de octubre.

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