Aki Kaurismäki: «Esta Europa es una mierda y tiene más voz de la que se merece»

El director hizo gala de su proverbial humor durante su encuentro con los periodistas./LOBO ALTUNA
El director hizo gala de su proverbial humor durante su encuentro con los periodistas. / LOBO ALTUNA
Aki Kaurismäki, director de cine

El director finlandés repasa la actualidad y su cine en una charla en la que no faltan la crítica y el sentido del humor

RICARDO ALDARONDO

Horas antes de recibir el Gran Premio Fipresci a la mejor película del año por 'El otro lado de la esperanza', sentado en una terraza ante una (primera) cerveza, Aki Kaurismäki (Orimattila, Finlandia, 1957),más que conceder una entrevista, charla con los periodistas, bromea, reta con respuestas enigmáticas, juega con las palabras en inglés y en español, se contradice, y salta de la sonrisa burlona a una mirada de infinita melancolía. Con un encanto y un humor deliciosos. Un poco como sus personajes. Y jugando con la complicidad de la traductora, Mathilde Grange, que hay que tener arte para seguir a Kaurismäki en su sinuosa lucidez. Antes de nada, empieza a habla de los Alcántara: «Me encanta 'Cuéntame cómo pasó', he visto todas las temporadas. Menos las que no se han hecho aún. La repiten en Finlandia todos los veranos. Solo por eso merece la pena pasar el verano en Finlandia». Y esto lo dice muy en serio. El invierno lo pasa en Portugal desde hace tiempo. «Hasta un idiota como yo aprende algo de portugués con los años».

- El premio se lo otorga la crítica, que siempre le ha tratado bien. Pero, ¿le gustaría tener un público más amplio?

- Me gustaría tener un público sabio. Pero no tengo nada en contra de ningún público. Este premio Fipresci es muy importante para mí porque en Finlandia me masacraron.

«El cine debería tener siempre un contenido social. Pero eso hace tiempo que está ausente»

- ¿En qué sentido?

- Los jóvenes odian mi cine porque para ellos yo soy el pasado, porque llevo toda la vida allí. No me soportan. Pero no me importa. Soy demasiado joven para morir. Entiendo que los críticos saben lo que hacen. Pero no me merezco este premio, porque no he merecido nada en mi vida, solo cuando he trabajado duro.

- ¿Se ve reflejado en sus películas?

- Cualquier película que se haga es un reflejo de la sociedad en la que vivimos.

- ¿Cómo es el proceso de escritura de sus películas?

- Escribo durante los fines de semana. Antes escribía un guion en un fin de semana. Pero ahora tardo una semana, cosa que odio. Me gustaría escribirlo en dos horas. Y si quiero hacerlo tan rápido es porque no quiero repetirme. Y el público sabe por qué.

- ¿Cuál suele ser el punto de partida del guion?

- En realidad, todo lo que acabo de decir es mentira. Como siempre. En realidad necesito tener una frase. Por ejemplo: «Un hombre anda por la calle». Durante tres o cuatro meses encierro esa frase en mi pobre cabeza y le doy vueltas. Es algo que surge del subconsciente, sea eso lo que sea. Es muy extraño, incluso para mí. Pero no sé si soy muy normal. Yo tengo una historia y escribo unos diálogos. Y una vez que están escritos, son inamovibles, estoy encadenado a los diálogos. No los cambio porque son perfectos. Pero mi primera película como actor se tituló 'El mentiroso'. Y yo era el personaje principal. Y yo lo escribí. Quién si no...

- Ha sido muy crítico con la Unión Europea por el trato a los refugiados. ¿Echa de menos una mirada más crítica en el cine?

- Creo que el cine podría ser un poco mejor. No voy a echar la culpa a nadie. Pero el cine debe tener un contenido social. Y hace tiempo que esto está ausente del cine.

- ¿Cuándo cree que se perdió?

- A finales de los años 50. No, era broma. A finales de los 60. Desapareció cuando se acabó Godard.

- Sus películas parecen cada vez más luminosas y optimistas, pero usted se define como pesimista.

- Eso lo dije cuando era joven. Para ser honrado, no sé quién coño soy realmente. Lo que sí se es que no me gusta nada cómo va el mundo, va de mal en peor. Luis Buñuel dijo: «No vivimos en el mejor de los mundos. Pero es bonito estar aquí».

[Mathilde le pregunta si quiere otra cerveza o prefiere un vino. «Los dos», responde Kaurismaki. Cuando se los sirven, observa al trasluz detenidamente el color del vino blanco. En un rato se bebe ambos. Más tarde pedirá otra cerveza].

- Disfruto profundamente con cada pequeño bar que hay en España. Y si puede ser en la montaña, mejor.

- ¿Cómo es el proceso de incorporar las canciones en sus películas?

- Tengo una cesta de madera. Y cuando estoy preparando una película, meses antes miro mi colección de discos y busco algo de Chuck Berry o de Elvis o lo que sea, y lo pongo en la cesta. Cuando voy a mezclar el sonido de la película, encajo las canciones que me gustan y quedan muy bien. Entonces me dicen que los derechos de autor de las canciones que he escogido valen millones. Pero yo no tengo millones. Así que les digo «adiós».

«A los actores no les preparo de ninguna forma. Solo les susurro. Y les digo: 'Relájate'

- ¿Cree que la idea de Europa está en crisis?

- Europa siempre ha estado llena de guerras. Napoleón protagonizó masacres terribles. Nunca ha habido una Europa real, lo que tenemos es una Europa económica, forzada. Esta Europa es una mierda. Tiene más voz de la que se merece. Y es muy orgullosa de sí misma. Pero qué más da. Yo solo soy portugués.

- Sus películas tienen un gran equilibrio entre lo que quiere contar y la forma de contarlo. Parece que todo cineasta tiene que tender a hacer algo cada vez más grande, más importante, pero usted se mantiene en ese equilibrio. ¿Cómo lo hace?

- Solo hago lo que me gusta. Lo demás me importa un bledo. Las películas pequeñas son más baratas. Soy muy partidario de lo que decía Fassbinder: «El dinero no me importa, lo que me importa es hacer la película». Y si no tengo dinero, lo robo. Bueno, lo hago solo mentalmente. Fassbinder también decía: «Si quieres hace una película, pide prestado el negativo y roba la cámara». Y por supuesto sigo las recomendaciones de Fassbinder.

- ¿Es difícil conseguir el dinero para una película cuando se hace un cine crítico con los poderes?

- Yo soy parte del poder. Si quiero hacer una película, hago dos llamadas y les digo: «Tengo una idea». Y ellos dicen: «¿Otra vez? No, por favor». Y yo digo: «Vale, pero tengo una idea». Y ya no saben qué responder y ceden.

- ¿Cree que el artista o el intelectual debe preocuparse por las clases desfavorecidas?

- Claro, ¿por qué no hacerlo, por qué no tener una mirada tierna hacia ellos?

- Cada vez que hace una nueva película asegura que va a ser la última. ¿Es una 'boutade' o realmente se siente fuera de lugar en el cine de hoy?

- Lo digo muy en serio. Quiero dejarlo. Pero claro, eso significaría dejar mi pobre vida. Eso no significa que no haya sido feliz una vez. Cuando conocía a mi mujer, Paola. Fue la última vez que fui feliz.

- ¿Pero por qué quiere dejar de hacer películas?

- En realidad, no quiero. Es que no valgo para otra cosa. No valgo para nada, no valgo para ningún trabajo honrado. Solo valgo para hablar portugués. Y un poco de español.

- ¿De dónde sale su sentido del humor, quién le ha hecho reir más?

- La película 'Cuentos de Tokio'.

- ¿La de Yasujiro Ozu? Pero si es un drama...

- Es la última película en la que he llorado, la volví a ver en el British Film Institute y no paré de llorar. Es tan bella...

- Pero hablábamos de reir.

- Cuando ves 'Cuentos de Tokio' sonríes. Pero yo lloré. Y me dio vergüenza, porque los hombres no lloran. Las mujeres lloran por culpa de de los hombres. Pero los hombres no deben llorar. Sobre todo Alcántara. No me gustó nada que llorara en un capítulo de 'Cuéntame'. Fue una equivocación.

- ¿Cómo trabaja con los actores?

- Les susurro. Y les digo: «Relájate». Me preguntan esto montones de veces, pero no sé qué responder. Solo les susurro. Pero lo peor para una película es tener un mal actor, en ese caso estás perdido.

- ¿Y cómo trabaja el montaje?

- En la sala de montaje trabajo yo solo, nadie más. De joven siempre tuve el deseo de hacer algo artístico, y eso es lo que me empujó a hacer cine. Pero me gusta tener el control de lo que hago.

Han pasado cincuenta minutos y el siguiente grupo de periodistas lleva un rato esperando. Nos tenemos que despedir, pero Kaurismaki no parece dispuesto a cortar la conversación. «Yo creo que se ha quedado alguna pregunta sin responder. Y además deberían sacarles a ustedes unas bebidas».

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