Historia de tres mujeres

Historia de tres mujeres

La edición 65 del Zinemaldia estará poblada de chicas de armas tomar y de mujeres con bravura. Pero hay tres ante las cuales uno debe inclinarse. O gritar ‘bravo’: Monica, Agnès y Ángela

Begoña del Teso
BEGOÑA DEL TESO

La Bellucci, La Varda y La Molina. Las dos primeras reciben el Premio Donostia. La tercera preside el jurado de la sección Horizontes Latinos. Las tres son incomparables, incluso entre ellas. Pero no incompatibles. Y sí inconmensurables.

Madame Agnès ya cumplió los 88 y en sus hermosos ojos azules se esconde la historia entera del cine francés que era joven antes incluso del 68. En el último festival de Cannes cuando presentó esa maravilla, ese atrevimiento creatrivo de reflejos, espejos y paisajes humanos que es Visages, villages, soñada, intuida y puesta en celuloide vagamundo en la compañía y en la complicidad de JR, artista urbano y fotógrafo clandestino que ama los muros, los rostros, el hormigón, la nocturnidad y la luz. Él tiene 33 años. Ella ronda los 90 y se da cuenta de que a veces, a ratos, a imágenes, la memoria se le escapa entre los dedos como si fuera arena. La tarde inolvidable que Agnès Varda, autora de títulos increíbles tal que Una canta, la otra no, Jacqot de Nantes, Cleo de 5 a 7 o Las playas de Agnès, presentó su última, gigantesca y a la vez hiper íntima obra en Canes, todo el público se puso en pie para recibirla y aplaudirla. Y ella que es pequeñita y aunque parece frágil, feroz, se tapó el rostro con su foulard y sus ojos que son azules y muy claros se humedecieron. Sus ojos que son los que miraban a través de la cámara cuando ella se fue a Estados Unidos a filmar a las y los Panteras Negras. Cuando fue a Vietnam. Y a Cuba, Cuando filmó a la Birkin. Cuando amó a Jacques Demy.

La Bellucci es La Bellucci. Sabemos que es bellísima. Tanto como corajuda. ¿Quién si no lo fuera habría admitido protagonizar la tan denostada pero tan fantástica Irreversible de Gaspar Noé, una película crudelísima tanto en la textura de su celuloide como en su irrenunciable apuesta narrativa? La Bellucci. Fue una de las novias del glorioso Drácula de Bram Stoker (de Coppola, recuerden). Estuvo en Matrix. Desfiló para Dolce&Gabbana. Es el rostro de la línea cosmética de Dior. Fue María Magdalena para Mel Gibson y la han necesitado criaturas de celuloide tan poderosas como Lynch, Rebecca Miller o Bahman Ghobadi, el perseguido autor de Nadie sabe nada de gatos persas. Sin olvidar al intrépido y fantasioso Terry Gilliam. Sí esa es La Bellucci, Monica.

Y si Agnès es La Varda y Monica, La Bellucci, Ángela es La Molina. La Molina. Ángela hija de Antonio Molina, el Antonio Molina de ‘Soy minero’ y ‘La bien pagá’, y de Ángela Tejedor, matriarca donde las haya de un clan artístico donde los haya. La Molina, Ese oscuro objeto de deseo de tantos y tantas. De Buñuel. De Jaime Camino. De Pontecorvo. De Chávarri. De Bellocchio. De Lina Wertmüller. Concha de plata a la mejor actriz por aquella La mitad del cielo de Gutiérrez Aragón, Premio Nacional de Cinematografía, Medalla de Oro de la Academia de Cine, ha sido hasta artista circense, cantado con Moustaki y tenido un hijo a los 47 años. Dentro de nada rodará para y con Medem pero hay una escena que ustedes deberían repasar una y otra vez en YouTube, su baile flamenquísimo, elegantísimo hasta la misma muerte, puro blanco y negro en la Blancanieves de Pablo Berger al ritmo de ‘Te busco y no te puedo encontrar’ de Silvia Pérez Cruz. Observen ese rostro, no hay hembra en todo el Cinematógrafo a quien las arrugas y los años le estén formateando una calavera más fabulosa.

La Molina, La Varda, La Bellucci. Mujeres de carne y hueso hechas con la materia de los sueños, el celuloide más intenso.

Fotos

Vídeos