Antonio Cuadri, director de 'Operación Concha': «Toda película tiene algo de timo»

Vídeo: clip de la película 'Operación Concha'
Antonio Cuadri, director de 'Operación Concha'

El realizador andaluz estrena en el Zinemaldia su filme sobre una estafa cinematográfica ambientada en el propio festival donostiarra

ALBERTO MOYANOSAN SEBASTIÁN.

Un productor cinematográfico en horas bajas, una inversora millonaria y un camarero que es el doble de un consagrado actor cubano que triunfa en Hollywood y que va a recibir el Premio Donostia del Zinemaldia conforman el triángulo sobre el que pivota 'Operación Concha', la comedia de enredo de Antonio Cuadri que se estrenará en el propio festival donostiarra. Con un reparto encabezado por Jordi Mollá y Karra Elejalde, y en el que también figuran Unax Ugalde, Ramón Agirre, Bárbara Goenaga, Alosian Vivancos, Aitor Merino, 'Operación Concha' se estrenará en el Velódromo durante la 65 edición del Zinemaldia. Su director, Antonio Cuadri (Trigueros, 1960), está convencido de que la película conquistará tanto a crítica como a público «porque es una cinta que da lo que promete».

- Éste es un proyecto de encargo. ¿De quién partió la idea inicial?

-Hace ya cuatro o cinco años que el productor José Portela, el guionista Patxo Tellería y yo nos reunimos por iniciativa del primero y nos pusimos con mucho cariño a preparar el guion. Luego, el proyecto ha evolucionado, aunque con el hilo conductor de hacer algo en Donostia, con el telón de fondo del cine.

-¿Tuvo en mente alguna película que le sirviera de modelo?

-Salvando las distancias porque no quiero parece pretencioso, pero pensé más en una comedia con personajes canallas, tipo 'El gran Lebowski', que en una española al uso. Manejábamos también películas del género de timadores, en donde se mezclan la comedia y el thriller, como en 'Nueve reinas' o 'El golpe'.

-¿Es una película coral?

-Lo es, efectivamente, pero hay un trío de personajes: Jordi Mollá, que interpreta a dos personajes -la estrella Ray Silvela y el camarero Marco que suplanta al anterior-; Karra Elejalde, que es el productor que trama la estafa; y Unax Ugalde, que hace de Julen, el director que adiestra al camarero para convertirlo en el clon de Ray Silvela. Estos tres personajes sí tienen un protagonismo más acusado, dentro de la coralidad.

-El personaje de Ray, ¿es una caricatura del intérprete hispano que marcha a Hollywood para interpretar papeles de latino?

-Es un estereotipo, más que una caricatura. Es el arquetipo de la estrella, pero con rasgos humanos. Entiendes el 'drama'.

-¿Es un poco Antonio Banderas?

-Puede tener algo de Banderas, de Andy García y de todos los actores latinos que han triunfado en Hollywood en las últimas décadas.

-Oiga, esta película tiene un punto de extorsión para el Zinemaldia porque cómo iba a negarse a incluirla en su programación...

-Esto es una película de productor. Me parece muy interesante este ejercicio de homenajear el Festival de Cine donostiarra y utilizar todo el aparato mediático que concita para hacer creíble, dentro de la ficción, que una estrella internacional viene a recoger el Premio Donostia.

Fotograma de la película.
Fotograma de la película.

-Ya, pero no me ha contestado...

-No hemos tenido tan claro que esta película fuese a estar en el Festival porque después de 65 ediciones pone el listón muy alto. Estar en alguna sección del Festival te lo tienes que ganar a pulso. Y honestamente, creo que la película sí tiene la calidad suficiente para estar ahí y dentro de la sección en la que está -Velódromo- estoy convencido de que en absoluto va a defraudar a los donostiarras. Estará muy a la altura de lo que es el Festival y de la expectativa que puede generar un proyecto como éste.

-Precisamente, ¿cómo ve el que se haya programado para el Velódromo?

-Me parece una sección tan espectacular, que me parece muy adecuado, con ese punto festivo que tiene el Velódromo. Es perfecto para una película como 'Operación Concha'.

-¿Cuál fue la colaboración del Festival durante el rodaje?

-Por una parte, hay una serie de secuencias -las que tienen que ver con la entrega del Premio Donostia a Ray Silvela- que rodamos en la edición del año pasado para darle credibilidad. Por otro lado, hay elementos de atrezo en los que ha sido muy importante la colaboración del Festival.

-El cine siempre está bajo sospecha en relación con cuestiones como las subvenciones, los falsos taquillajes... ¿Es un ámbito muy dado a la picaresca?

-No me quiero poner pedante, ni cultureta, pero la mirada va más allá: desde los orígenes del teatro ya hay un elemento transgresor en la gente que hace espectáculo. De alguna forma, el sentido lúdico, de juego y de transgresión de la realidad es intrínseco a todo esto. El hecho teatral tiene un componente de contestación al poder y ha sido así durante siglos. Eso lo hereda el cine. Toda película tiene algo de timo. Recuerdo un documental de Tom Cruise sobre Stanley Kubrick que terminaba con una frase de la viuda del director, contando que cada vez que terminaba una película, le confesaba a ella: «Les hemos engañado». El productor, el guionista, el director, los actores... Al terminar una película siempre dicen: «Lo he vuelto a conseguir». Es muy bonito porque en el fondo estás intercambiando engaño por diversión, sobre todo, en una comedia.

-¿Todos queremos que nos engañen?

-Claro, en el fondo, es un engaño colectivo con sentido intercambiable. Creo que los personajes de 'Operación Concha' son descaradamente unos sinvergüenzas, pero ves que les mueve el amor al cine. Igual es algo patológico, porque el cine, ¿es un oficio o una patología? En ese sentido, son víctimas de ese virus.

-En el cine español hay un boom de la comedia, aunque no está muy claro si de la alta comedia o de la astracanada.

-Efectivamente, el astracán está ahí de una forma muy respetable y es un producto de consumo, pero también hay alta comedia, que tiene otra vocación y que a lo mejor sacrifica carcajadas fáciles por sonrisas, y en donde hay un propósito más sutil, sin dejar de ser popular y divertida. Esta segunda comedia apela a algo menos coyuntural. 'Operación Concha' puede ser muy de gusto del público vasco y español, pero tiene también una vocación internacional. No se queda en el chiste de coyuntura espacio-temporal. Tiene una lectura más transversal.

«Ray Silvela tiene algo de Antonio Banderas y de las estrellas latinas de Hollywood»

«Tras 65 ediciones, estar en una sección del Festival es algo que te debes ganar a pulso»

«Los personajes de la película son unos sinvergüenzas, pero les mueve el amor al cine»

«El astracán es muy respetable, pero hay también una comedia con otra vocación»

-¿Es la comedia el género pobre a la hora de conseguir producción o de que se le valore en los grandes festivales internacionales?

-A nivel de financiación, no. Si tienes una buena historia y un buen reparto, levantar una comedia puede ser menos difícil que un drama. Lo que sí es cierto es que las academias o ciertos festivales lo consideran un género menor. Es algo muy recurrente. Parece que la hondura emocional de un drama tiene más 'mérito' que mover otro tipo de resortes emocionales, como la sonrisa. Y sinceramente, no es así. En el caso de 'Operación Concha' sí hay elementos que pueden mover, no a moralejas, pero sí a que los personajes te ganan el corazón como espectador. Ahí está el valor añadido.

-¿Sigue pesando sobre Karra Elejalde la imagen que transmitía en 'Ocho apellidos vascos' o en los anuncios publicitarios?

-En 'Operación Concha' interpreta un papel muy a la medida de Karra Elejalde porque tiene los elementos de comedia, como para que esté a gusto en un género en el que es un maestro, pero también esos puntos emocionales, humanos, que van a ser una sorpresa muy agradable porque nos permiten recuperar retazos de ese Karra Elejalde previo a 'Ocho apellidos vascos', que tenía el respeto de un gran actor dramático.

-Ya que estamos, ¿le gustó 'Ocho apellidos vascos'?

-Claro que sí. Es como cuando se dice: «Marilyn era una actriz mediocre». Ya, pero era un animal cinematográfico y tenía una magia, al margen de que mejoró mucho como actriz. Hay películas que están tocadas por la gracia divina y desde el primer fotograma hasta el último concitan en una sala de cine la simpatía del público. Y eso le pasa a 'Ocho apellidos vascos'. Y como se dice en el sur: más vale caer en gracia que ser gracioso.

- 'Operación Concha' ya tiene distribución y se estrena en salas el 29 de septiembre. ¿Qué espera que aporte el Zinemaldia a su lanzamiento?

-Confío en que se le devuelva a Donostia el cariño y el apoyo recibidos. Hay una lectura internacional de la película en clave comercial, pero la proyección en San Sebastián es un momento muy emotivo. Desde el profundo cariño y respeto que siento por Euskadi en general y por Donostia en particular -que ya conocía, pero en la que ahora he estado viviendo con mi familia-, va a ser muy emocionante. Recuerdo cuando hacíamos en directo en La Concha 'Las noticias del guiñol' o 'Lo más plus', pero ésta ha sido una experiencia muy intensa. Ahora nos toca hacer ese guiño porque también la ciudad está en la película. De alguna manera, Donostia está presente algo más que en el título: se ve y se disfruta.

-¿Qué prefiere, buenas críticas o que se dispare el boca/oreja?

-Intuyo que vamos a tener buenas críticas porque es una película muy honesta que da lo que promete. En cuanto al boca/oreja, ya se está disparando de alguna forma con los compañeros que han tenido la oportunidad de verla.

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