Diario Vasco

... y con los Panero llegó el desconcierto

Leopoldo María y Michi Panero, en la fiesta del bar La Galería de Altxerri tras el estreno de la película en el Principal. A la izquierda de la imagen, Ricardo Franco.
Leopoldo María y Michi Panero, en la fiesta del bar La Galería de Altxerri tras el estreno de la película en el Principal. A la izquierda de la imagen, Ricardo Franco. / USOZ
  • El hijastro de Michi rememora el convulso paso de los hermanos por el Zinemaldia de 1994

«Me han dicho que viene. Hay alerta roja en todo Donosti». Así anunciaba Michi Panero el 20 de septiembre de 1994 la inminente llegada de su hermano Leopoldo María a Donostia con motivo de la presentación de la película de Ricardo Franco 'Después de tantos años' en el Festival de Cine de San Sebastián. En realidad, José Moisés Santiago Panero Blanc, Michi Panero para el mundo, realizaba un ejercicio de modestia: el 'desconcierto' ya reinaba en el Zinemaldia desde su propio 'desembarco' en el Festival, días atrás, en compañía de Javier Mendoza (Madrid, 1975), hijo de su segunda mujer, Sisita García-Durán. Los detalles de aquella alborotada estancia donostiarra aparecen ahora relatados en 'Funerales vikingos/El desconcierto. Memorias trucadas'. (Ed. Bartleby), un volumen que reúne los relatos de juventud de Michi Panero y los recuerdos que el propio Mendoza guarda de la relación, más o menos intermitente, que durante dieciséis años mantuvo con el pequeño de la familia.

Recapitulemos: en 1974, Jaime Chávarri rueda por encargo de Elías Querejeta 'El desencanto', retrato íntimo de los Panero tras la muerte del patriarca, el poeta Leopoldo Panero. En la película, que con el tiempo devino mítica, se mezclan la comedia y el género de terror, el parricidio y el complejo de Edipo, las ya por entonces envenenadas relaciones fraternales y las relaciones de amor y odio entre los hijos y la madre, la indescifrable 'esfinge' llamada Felicidad Blanc. Y sobre todo, ofrece el retrato de tres seres embarcados ya en sus respectivos procesos de autodestrucción: Juan Luis (1942-2013), Leopoldo María (1948-2014) y Michi (1951-2004). La película no se proyectó en el Festival donostiarra porque su productor, Elías Querejeta, decidió retirarla en medio de la polémica.

Dos décadas más tarde, Michi propone rodar una continuación a Chávarri, que amablemente rehusa. Ricardo Franco, segunda opción de Michi, acepta tras recibir todos los parabienes y los mejores deseos por parte de Chávarri. El resultado es una película fallida, pero no carente de interés, que fue seleccionada por el Festival Internacional de Cine de Donostia para su sección Zabaltegi. «Toda vida es un proceso de demolición», dice en un momento de 'Después de tantos años' Juan Luis Panero, citando a su idolatrado Francis Scott Fitzgerald, en lo que constituye una de las posibles sinopsis del filme, en el que Imanol Uribe había invertido el dinero ganado con 'El rey pasmado'.

Y así fue como Michi primero y Leopoldo María Panero después -con un día de retraso por sanción del psiquiátrico de Mondragón en el que por aquel entonces se encontraba internado- llegaron a la 42 edición del Zinemaldia, que premió con el Donostia a Lana Turner y con la Concha de Oro a 'Días contados', del propio Uribe. Michi y su hijastro, Javier Mendoza -en la actualidad, periodista y crítico de cine-, fueron alojados en el Hotel Londres, aunque el segundo se dejaba caer por el María Cristina, «que era donde estaba la acción», mientras el primero atendía a la prensa por las mañanas y se entrega al minibar de su habitación por las tardes. Y a ver series americanas dobladas al euskera -«se entiende chachi, Javierito», le comentaba Michi a su hijastro-. «Formábamos parte de la expedición de Imanol Uribe (...). Pilar y Javier Bardem nos miraban como si acabáramos de llegar del planeta Andrómeda, pero a nosotros nos daba igual. Michi estaba curado de espantos y para mí era un premio simplemente estar ahí», rememora Mendoza en el libro.

Tras la rueda de prensa de Lana Turner, Mendoza llamó al Hotel Londres para que Michi se acercara al María Cristina. «No quería venir pero al final le convencí. Pero, claro, después de toda la tarde dándole al minibar llevaba un pedo considerable». Así las cosas, ¿qué podía salir mal? «Intentamos entrar en el siguiente cóctel y no nos dejaron, además, yo iba en zapatillas, y había que guardar cierto protocolo que nosotros, a todas luces, no cumplíamos por ningún lado», cuenta Mendoza en sus 'memorias trucadas'. «Pues ya veréis, voy a escribir un artículo que ni Emile Zola en 'J'accuse'», profería Michi a la puerta del salón, mientras la actriz italiana, que sí había conseguido acceder a la fiesta, les sacaba copas de tapadillo. La pareja desterrada del cóctel intentó que Jesús de Polanco les colara, pero no pudo o no quiso: «Éste es el único cóctel del festival que no damos nosotros, es del Gobierno Vasco», se zafó. El caso es que, siempre según los recuerdos de Mendoza, en ese momento apareció Charo López, con la que Michi se fue «a dar una vuelta. Volvió a la media hora, descojonándose, 'he meado en el ascensor'. Pues muy bien, Michi, me reía yo».

«Lo peor que puede ser»

El torbellino que sacudía aquella familia está presente en la película de Ricardo Franco, como antes lo estuvo en la de Jaime Chávarri, y como no podía ser menos floreció también en la rueda de prensa del Festival. De su hermano mayor Juan Luis, Michi dijo: «Es un hortera que se ha casado con una que es farmacéutica, enana y catalana, es como leer el Hola, y además, en la película es el que peor lo hace, es como si hubieran contratado a un extra». En cambio, aseguró querer a Leopoldo María, «es el poeta maldito por excelencia, le quiero porque es un desvalido, pero es el loco más pesado que he conocido en mi vida». De hecho, si algún mensaje se encarga de recalcar en 'Después de tantos años' es que sus dos hermanos, en especial del autor de 'Heroína y otros poemas', son «lo peor que se puede ser en este mundo: un coñazo».

«Los tres son unos quejicas, unos mentirosos y unos excelentes actores; los personajes que ellos han creado como defensa frente a los demás han acabado por devorarles. Se interpretan a sí mismos y la única manera de que estuvieran más auténticos era que estuvieran solos ante la cámara», aseguró Ricardo Franco, en la comparecencia ante los medios. Y Michi rubricó: «La memoria es lo más cruel que hay en el mundo».

El estreno de la película tuvo lugar en el Teatro Principal. «Había bastante expectación, era el primer pase con público y Ricardo estaba eléctrico, no paraba de ir de un sitio para otro. También había llegado Leopoldo desde Mondragón, pero apenas pude saludarle, porque, en otro orden de cosas, también andaba como una moto». En opinión de Mendoza, «yo creo que gustó, era evidente que no tenía el gancho de actualidad de 'El desencanto', pero Ricardo había conseguido hacer una obra que iba más allá de las decadentes circunstancias panerescas, y eso tenía mucho mérito». En cuanto al público, «se reía cada vez que Leopoldo se metía con los vascos».

Cuentas pendientes

Tal y como relata Javier Mendoza, «nuestra salida del Hotel Londres estuvo a la altura de la épica de todo el viaje». Tras la proyección y concluidas las tareas de promoción de la cinta, Michi partió por la mañana en avión rumbo a Madrid, mientras Javier abandonaba la habitación, dejaba el equipaje en la consigna del Londres y aprovechaba para apurar su estancia donostiarra. A su regreso al hotel le aguardaba una desagradable sorpresa. «Tendrá usted que abonar la cuenta de extras», le explicó el recepcionista. «Examiné el papel que me tendía con detenimiento. Efectivamente, ahí estaba nuestro viaje en cifras, minibar uno, dos, tres, así hasta quince, los solomillos y los lenguaditos en el restaurante, el teléfono, el servicio de habitaciones, total 40.000 pelas del ala que yo, por supuesto, no tenía». Comienza ahí una sucesión de llamadas telefónicas y otras gestiones en un clima de nervios que finalmente se saldó con el abono de la factura por parte de Manolo Pérez Estremera, codirector del Festival, junto a Diego Galán, en aquella 42 edición.

«Cuando me instalé en la litera del tren me parecía que todo lo que había vivido en los últimos días era parte de un sueño que se me escapaba poco a poco. Me quedé muy quieto, tumbado sobre el camastro, concentrado en el traqueteo de las ruedas, tratando de recuperar uno a uno todos los detalles del viaje», concluye Javier Mendoza el capítulo 'Los restos del naufragio', dedicado íntegramente a aquella breve e intensa estancia donostiarra.

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