Diario Vasco

El público, volcado una vez más en el Festival, ha respondido a una programación desbordada

La multitud ante una de las estrellas, Monica Bellucci.
La multitud ante una de las estrellas, Monica Bellucci. / USOZ
  • La 64ª edición terminó con notable satisfacción por la variedad y el interés de las películas y el desfile incesante de estrellas

Entre la clásica 'depre' postfestival y el cansancio generalizado, hay que detectar qué nos ha pasado en estos nueve días. Un torbellino sería una imagen adecuada: la hiperactividad se ha adueñado de la 64 edición, cosa siempre bienvenida por lo que tiene de energizante y euforizante, aunque también arrastre un poco de caos. Ha habido estrellas como para dejar la alfombra roja deshilachada, todas las variedades de cine imaginables, películas estupendas o decepcionantes pero casi siempre de interés y generadoras de todo tipo de reacciones, y gente, mucha gente para llenar las salas, hacer negocios cinematográficos, intercambiar proyectos y, sobre todo, generar información, debates y emociones.

Se acepta el veredicto. Quizás estamos ya inmunizados, y poco dispuestos a montar escándalo, pero como ocurrió el año pasado, la Concha de Oro y el palmarés en general se aceptaron con deportividad. La ganadora 'I Am Not Madame Bovary' se caracterizó por ser la única que a los críticos de la Quiniela DV dejó en el unánime e insípido término medio de puntuaciones. No consta que nadie la considerase 'la película del Festival'. Pero entre que su actriz Fan Bingbing fue el glamour más peculiar y exótico de la edición, y que el filme de Feng Xiaogang compensa su desmesura en el metraje y su caprichosa pantalla circular con la belleza de sus imágenes y una sentida historia de lucha femenina, se aceptó el veredicto de un jurado que cada año es distinto, aunque a menudo sus incongruencias son muy similares. Así se quedaron sin premio algunas de las películas más interesantes de la selección. Que el cine español siempre esté representado en las categorías actorales, empieza a ser costumbre y misterio a un tiempo, aunque Eduard Fernández lo merecía todo.

Las puertas de Asia. Hay quien pretende interpretar la fuerte presencia del cine oriental en el palmarés en claves de estrategia del Zinemaldia, confundiendo una vez más la decisión del jurado con los posibles deseos de la organización, que son poderes separados. Rebordinos se mostró en este periódico, en la entrevista previa al comienzo de esta edición, muy orgulloso de la participación oriental de este año. Pero esa apuesta ha estado presente desde hace muchos años, y recordemos que en 2009 ya ganó otro filme chino, 'Ciudad de vida o muerte' sin mayores consecuencias en la apertura de puertas orientales. 'I Am Not Madame Bovary' no tiene de momento distribución en España, quizás la logre ahora con el premio, pero el filme ganador pertenece a una importante distribuidora internacional, Wild Bunch, con lo que tendrá recorrido. En China habrá de superar los problemas de censura: su crítica (relativa y nada hiriente) a la burocracia del país no ha gustado a las autoridades. Que la Concha sirva también para darle luz verde.

Salas desbordadas. El exceso y el punto de caos se detectó, no en la impecable organización, sino en una programación al punto de desborde. Se ha evidenciado como nunca el dilema entre la voluntad de tener la oferta más rica posible, y la realidad de unas salas que no dan más de sí. Llevamos muchos años detectando que los cines de la ciudad iban a ir en todo caso a menos, pero a la hora de diseñar Tabakalera, centro que se pretende orientado al audiovisual, se diseñaron sendas salas de 229 y 46 butacas, pura anécdota para una ciudad con un festival de cine que se supone de primera. Y así estamos: Rebordinos alerta de que el festival necesita crecer, pero de momento ya está desbordado respecto a sus espacios. Para resolver la difícil ecuación habrá que hacer apuestas institucionales y tomar decisiones en uno u otro sentido. Lo de reclamar entradas numeradas no tiene sentido: un festival necesita flexibilidad en sus salas, o el caos en el asentamiento del público sería considerable. Cannes o Berlín tampoco tienen asientos numerados.

Orden en Oficial. Hubo unanimidad en que el conjunto de películas programadas era bien interesante, hasta el punto de generar ansiedad de la buena, por querer verlo todo. Tarea imposible en un festival. Pero sí debería estar garantizado el acceso a la Sección Oficial, y especialmente a la competición, este año un poco diluida entre las películas fuera de concurso y unas Proyecciones Especiales que deberían tener su propio espacio aparte. Ver las 25 películas de la Oficial era tarea de titanes o expertos en sudokus, con pases de prensa superpuestos y una estructura horaria rota. Que una película de Oficial, aunque no en competición, quede relegada a la jornada de clausura, como ocurrió con la japonesa 'Your Name', denota un desbordamiento poco recomendable.

Alfombra desgastada. Si el año pasado el único premio Donostia a Emily Watson quedó como símbolo de la escasez de estrellas de primera, en la 64 la alfombra quedó desgastada de tanto meneo de famosos. No hubo jornada sin una gran figura y a veces se acumulaban dos o tres, entre el incesante recibimiento multitudinario en las vallas. Esa vistosidad es la deseable y, aunque sabemos que lograrla tiene un componente de trabajo, otro de financiación y, sobre todo, precisa de mucha suerte, ojalá sea la tónica para las próximas ediciones.

Atraída juventud. Mientras preocupa que a lo largo del año las salas de cine tienen poco público juvenil, en el Zinemaldia se detecta cada vez más una renovación generacional que convive con los veteranos. Con la excusa de alimentar un blog de cine, o por el puro placer de disfrutar de las nuevas tendencias, se detectan cada vez más grupos de tres o cuatro amigos, algunos generados virtualmente en las redes sociales, que hacen del Zinemaldia su peculiar y recomendable 'botellón' cinematográfico. Muchos vienen de otras ciudades. Algunos veinteañeros han hecho las preguntas más sensatas y bien formuladas de las ruedas de prensa.

Imágenes que no están en foto. Habrá mil imágenes representativas de la 64 edición, pero nos quedamos con dos de las que no consta que exista foto: una vista desde lo alto del auditorio Kursaal con las hileras de espectadores que salían por los pasillos en procesión mientras en la pantalla continuaba la secuencia más impactante del Festival, el final de 'Playground', ejemplo de cómo el cine puede resultar revulsivo y generador de debate; y el director del Festival, José Luis Rebordinos saliendo de la fiesta de clausura a las tres de la madrugada con una botella de litro y medio de agua y consumiéndola a borbotones. Llegada a meta.