Diario Vasco

Hong Sang-soo: «Me encanta que digan que soy el Woody Allen coreano»

  • Sobre "Yourself and Yours" comenta que le gusta cómo la fantasía de esta pareja se mezcla con sus vidas y confunden a veces lo que desearían con lo que sucede

El realizador Hong Sang-soo ha confesado en San Sebastián, donde compite por la Concha de Oro con su película "Yourself and Yours" que "le encanta" que le llamen el "Woody Allen coreano", si eso sirve para acercarle a los espectadores.

"Me encanta que me comparen, signifique eso lo que signifique, porque a mi me va bien que lo sepa la audiencia", responde, aunque con gesto poco expresivo, es imposible saber si el prestigioso director asiático, creador de cintas como "Ahora sí, antes no" (2015) o "Mujer en la playa" (2006) habla en serio.

En una entrevista con varios periodistas, el director ha señalado que no empieza sus películas con ninguna intención; ni siquiera pensando si el protagonista va a ser un hombre o una mujer y que luego hombres y mujeres que vean sus películas pueden interpretarlas de diferentes maneras.

Sobre esta "Yourself and Yours" comenta que le gusta cómo la fantasía de esta pareja se mezcla con sus vidas y confunden a veces lo que desearían con lo que sucede, pero, "¿no es así también la vida y los recuerdos que tenemos de ello? , se pregunta, para responderse a sí mismo: "Misterios de la vida".

Director habitual seleccionado en festivales como Cannes, donde estuvo cinco veces nominado y ganó en 2010 en Un certain regarde con "Hahaha", Hong Sang-soo ha sido el encargado esta tarde de cerrar las proyecciones a competición oficial del festival de San Sebastián en su 64 edición.

"Yourself and Yours", que fue despedida entre fuertes aplausos, cuenta la historia de un joven pintor que tiene una pierna escayolada, Young-soo (Kim Joo-Hyuck) y sus intentos por recuperar a su novia Minjung (Lee You-Young) después de una bronca casera en la que él dio pábulo a rumores que la acusaban de salir a beber con otros hombres y ella se fue.

La película muestra sin pudor cómo los coreanos beben hasta emborracharse y es el alcohol el que provoca la mayor parte de los desacuerdos de la pareja, todo ello, explica el director, porque en Corea "la bebida es un acto social, no conozco a nadie que no beba. Yo mismo bebo mucho", dice, mientras fuma un cigarro tras otro en la terraza del hotel María Cristina.

Con cierta relajación el cineasta contesta sobre su modo de grabar, de crear el guión y de mostrar el resultado, sorprendido de que todos los periodistas le pregunten lo mismo, dice.

"Yo hago así las cosas porque es como me sale. Es lo que me pide el cuerpo. Junto a un par de actores, les siento en un sitio apropiado, hablan, hablamos, grabo y nos vamos a casa. Al día siguiente vuelvo con ellos, recordamos lo que dijimos el día anterior y seguimos grabando", indica.

En realidad utiliza muy pocas localizaciones; la cama de los novios (ni siquiera muestra la habitación), la barra del bar donde vuelan los rumores; la terraza de ese mismo bar donde la chica bebe con sus cada vez nuevos aspirantes (y a los que después no recuerda) y muy pocos escenarios más.

Con largos planos fijos, como si el espectador asistiera a un microteatro, toda la película se cuenta con diálogos que van y vienen y se alimentan de sí mismos, provocando en muchos momentos la duda de si lo que cuenta es real o solo sucede en la imaginación de los protagonistas.

Al director surcoreano le gusta saber que, para los españoles, el suyo es un humor muy cercano y sus historias, las mismas de nuestras casas.

Esta película, la número dieciocho de su carrera, sigue siendo la misma incógnita que la primera, pero todas ellas, afirma, reflejan con total honestidad quién es él en el momento de hacerla.