Yolanda González: «Empieza a ser una realidad ese miedo social a ser invisible»

La escritora Yolanda González ha creado un mundo imaginario en su novela 'Punto Cero'./MICHELENA
La escritora Yolanda González ha creado un mundo imaginario en su novela 'Punto Cero'. / MICHELENA

Acaba de publicar 'Punto Cero', novela ambientada en un mundo imaginario, donde el objetivo de sus ciudadanos es atraer las miradas y no desaparecer

ITZIAR ALTUNASAN SEBASTIÁN.

En una sociedad en la que la tecnología está cada día más presente, Yolanda González (Mérida, 1965) invita a reflexionar sobre el rumbo que está tomando el ser humano, cada día más pendiente de ser parte de la «economía de la atención» en detrimento del conocimiento. 'Punto Cero' nos traslada a un territorio imaginario, donde el hombre ha alcanzado el suficiente dominio tecnológico para materializar sus sueños, fantasías, memorias y deseos. Un trabajo que ha sido merecedor del II Premio Internacional de Novela 'Ciudad de Torremolinos'. La escritora extremeña, afincada en Hendaia desde hace 20 años, admite que «no es un libro clásico», pero anima al lector a que «trabaje con la imaginación» y se «sorprenda».

- La historia transcurre en un territorio imaginario, eTerea. ¿Qué ocurre en este mundo?

- El lector no debe buscar una trama, son pequeñas historias y cada una, en función del concepto, se desarrolla de una manera. Está concebido en siete escenas y cada una lleva por título un verbo: rastrear, amar, crecer, confiar, morir, viajar, representar y luchar. En este mundo la felicidad y el desarrollo humano dependerán básicamente de las capacidades individuales para captar la atención de los otros. Todo es traducible a imágenes y computable: desde la calidad del amor a la intensidad de una duda.

«Hoy día la saturación de imágenes es tal que estamos perdiendo el sentido de lo real»

«Para que el lector sea sorprendido, debe trabajar con la imaginación»

«Hemos pasado de leer a convertirnos en textos, los algoritmos nos leen»

- Hablamos de ficción...

- Sí, pero no he intentado hacer una ficción verosímil. Los nombres que aparecen en la novela no son reales, ni hay una ubicación temporal. Mi intención es que el lector entre en esa sociedad imaginaria como en un sueño, que las imágenes aparezcan y desaparezcan, que sea algo muy flotante y etéreo. A veces cuando viajamos por internet, nos encontramos con cosas que no entendemos. En cierto sentido, he querido jugar con esa sensación de instantaneidad y pérdida, de desubicación en el lector. Es un entrar a ese lugar y ver qué te sugiere.

- ¿Y cómo son esos personajes que habitan en este territorio imaginario?

- Son personajes irreales, vacíos, que no tienen una entidad psicológica, sino que simplemente obedecen a la situación en la que están. Todo lo que ocurre en la novela tiene muy poco cuerpo. En el fondo, los protagonistas se sienten vacíos y tienen nostalgia de la carne, de lo físico, porque todo es muy inmaterial. Continuamente están buscando cómo hacer para volver a sentir algo.

- ¿Y quiénes son los 'ingenieros narrativos' que habitan en eTerea?

- En las distopías siempre desaparecen los libros, nadie lee. Aquí no pasa eso. Los escritores se han reciclado y ahora son 'ingenieros narrativos' que se dedican a escribir 'biografías habitables'. Son contratados por los habitantes para que hagan de sus vidas algo interesante y consigan captar la atención de los demás, porque si no están muertos. En eTerea apenas ocurre nada, porque los sucesos son virtuales y no se generan experiencias.

- ¿En qué se ha basado para crear ese mundo?

- Hay una cosa que me llama la atención y es la cantidad de imágenes que recibimos en un informativo. Algunas muy duras, pero parece que nos estamos anestesiando, creando una capa en la que nada nos afecta. Esa sensación de que las imágenes nos están haciendo más insensibles a lo que sucede es lo que me ha lleva a escribir esta novela. Y lo llevo al grado extremo. La saturación de información e imágenes es tal que estamos perdiendo el sentido de lo real material, porque el imaginario existe y es el que nos está dominando ahora.

- ¿Y el lector debe poner parte de su imaginario al servicio de la novela?

- Es un libro para un tipo de lector al que le gusta que le sorprendan. Pero para ser sorprendido hay que arriesgarse un poco y trabajar con la imaginación, aunque creo que ese esfuerzo tiene una gratificación, porque le saca de la inercia de lo corriente. Yo lanzo las ideas, no quiero explicar por qué el territorio eTerea es como es, ni cómo es su estructura social, ni cuál es el poder ni de dónde viene. Ese 'trabajo' se lo dejo al lector, que sea él el que descubra las leyes que rigen esa sociedad. Mi intención es ir hacia el lado de las relaciones personales, el lado íntimo de las personas.

- ¿Ha jugado a imaginarse el futuro?

- No, porque no es un futurible. Creo que es más presente que futuro. Se habla de las preocupaciones y de las inquietudes que siente el autor en la sociedad y en el momento en el que está. Pero todo lo que ocurre en el libro es muy alegre y positivo. En la distopía nos vienen a la mente los universos grises y apocalípticos. Esto es todo lo contrario. Es un universo paradisíaco, donde de vez en cuando, por una grieta, se ve un mundo gris. En este caso, el exceso de luz y felicidad es lo que puede provocar la angustia

- ¿Hay un trasfondo crítico hacia la sociedad actual?

- Absolutamente. No es una novela cerebral, no hay mucho discurso, no hay una cuestión ideológica marcada, pero creo que sí mueve a la reflexión de lo que pasa alrededor. He preferido conectar con la inquietud y temblor del lector, ir a su emoción, hacerle sentir un miedo, una inquietud... Sí he buscado más ese efecto, que crear una argumentación.

- Uno de los personajes del libro llega a afirmar que 'no existimos si nadie nos mira'. ¿Cree ya se ha llegado a ese punto?

- Creo que empieza a ser una realidad ese miedo social a ser invisible, es decir, a no estar en las redes sociales o a no tener una cantidad de seguidores. En la sociedad imaginaria de eTerea el límite de lo 'invisible' son dos meses. Si en ese tiempo no has generado datos ni nadie ha captado tu atención, ya estás fuera, no cuentas socialmente y no puedes sobrevivir, por lo que tienes que desaparecer e irte a las 'ciudades abiertas', que es lo más parecido a lo que se vive hoy en la realidad.

- La atención prevalece sobre la razón...

- Muchos sociólogos y filósofos ya están analizando el cambio de paradigma en el que estamos entrando, donde el valor real de nuestras cosas es la atención. Hemos pasado de leer a convertirnos en textos, somos leídos, los algoritmos nos leen, lo más importante es captar la atención de la persona, porque esa atención es rentabilizada vendiendo datos.

- ¿Que le impulsó a abordar este tema a través de esta novela?

- Pretende ser una especie de alarma, porque podemos llegar al punto en el que la necesidad de generar la atención de los otros haga que nuestro comportamiento no sea nuestro.

- ¿Por qué el título 'punto cero'?

- Porque hoy día el paso del tiempo se mide según marca el reloj del desarrollo tecnológico. Ya no hay una medida del tiempo cronológico. La idea es poner el punto cero, y que cada uno se imagine en qué grado por delante del punto cero se encuentra, es decir, la sociedad 2.0, 4.0, 6.0... Es la nueva medida de lo que somos.

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