Otra vuelta de tuerca

Fermin Muguruza junto al dúo catalán The Suicide of Western Cultura (TSOWC)./ALBERTO POLO
Fermin Muguruza junto al dúo catalán The Suicide of Western Cultura (TSOWC). / ALBERTO POLO

Fermin Muguruza sorprende con 'B-Map 1917+100', un disco conceptual grabado junto a TSOWC, dúo catalán de electrónica de combate

JUAN G. ANDRÉSDONOSTIA.

Tras una larga temporada versionándose a sí mismo en distintos proyectos, Fermin Muguruza lo ha vuelto a hacer. A sus 54 años, el infatigable irundarra se ha reinventado de nuevo. Y lo ha hecho con otra vuelta de tuerca digna de admiración: tanto es así que el giro de guión podría equipararse a lo que en los años 90 supuso el salto de Kortatu a Negu Gorriak y, tiempo después, la colaboración con Dut o sus flirteos con el reggae. Para perpetrar 'B-Map 1917+100' (El Segell/Talka, 2017) -presentado anteayer en la Azoka de Durango-, el músico se ha aliado con The Suicide of Western Culture (TSOWC), dúo catalán de electrónica de combate con alma punk y post-rockera.

Juntos han facturado un disco sorprendente y de sonido rabiosamente actual que combina ritmos industriales con melodías pegadizas y letras reivindicativas. ¿El objetivo? «Mapear el rugido de la indignación, la convulsión y la revolución en el mundo actual». En el centenario del Octubre Rojo de 1917, cada canción se centra en una ciudad distinta: Bilbao, Barcelona, Beirut, Buenos Aires, Brazzaville... Todas comienzan con la letra B, que simboliza para el autor «la otra cara de la realidad».

Laboratorio de creación

El incitador del proyecto fue Carles Baena, responsable de El Segell del Primavera Sound, discográfica del todopoderoso festival homónimo. Él puso en contacto a Muguruza con Juanjo Fernández Rivero y Miquel Martínez, integrantes de TSOWC que ya conocían la obra del guipuzcoano. Éste aprovechó una residencia artística en Cataluña para entrar al estudio con la idea de grabar un single o un par de canciones, pero la cosa se les fue de las manos hasta convertirse en un álbum conceptual.

El proceso fue un trabajo «de cirugía musical» realizado en «un laboratorio de creación impresionante», según apunta Muguruza, que, inspirado por distintas imágenes, escribía las letras y grababa las melodías sobre las bases musicales del dúo: «Fue todo muy sugerente e imaginativo». Cuando reunieron diez temas, se llevó el material a casa y durante el verano completó los textos. Grabó su voz en Bonberenea (Tolosa) con Karlos Osinaga (Lisabö) y regresó a Barcelona para incluir los efectos y las mezclas finales.

A modo de avance presentaron 'Barcelona-Sant Andreu' en vísperas del referéndum catalán del 1 de octubre. No tenían pensado lanzar un single tan pronto pero ante la inminencia de la cita electoral, quisieron adelantarse y utilizar la canción para animar a la gente a votar y utilizar su derecho a expresarse. «Esa idea de canciones de urgencia me parece interesantísima, muy potente, y con las facilidades para crear y compartir música que existen actualmente, es cada vez más factible. Yo siempre utilizo una cita de John Lennon cuando dijo que le gustaría hacer canciones como si de noticias de un periódico se tratara», asevera.

Desde los tiempos de Negu Gorriak, Muguruza ha gustado de incluir en su música voces sampleadas extraídas de la realidad. Así, por ejemplo, en el tema de Brazzaville se escuchan las voces de una tribu cantando y un discurso de Patrice Lumumba; en 'Belfast-Zuahitzak' una radio informa sobre la muerte de Bobby Sands; en la canción de Berlín habla Ulrike Meinhof y 'Bilbao-Manifestazioa' reproduce el famoso discurso de Telesforo Monzón en el velódromo de Anoeta en 1978... Además, el irundarra también hace «guiños» a otras etapas de su carrera: en 'Beirut Never Dies' cita la canción 'Ehun ginen', versión de M-ak que Kortatu incluyó en 'Kolpez kolpe' (1988), y en 'Brazzaville-Egun on Kinshasa' recupera el sample del hacha que Kaki Arkarazo grabó en una prueba de aizkolaris para la canción homónima de aquel mismo disco.

Su álbum «más duro» en años

Convencido de que los tiempos difíciles requieren de música difícil, Fermin Muguruza cree que 'B-Map 1917+100' es su «disco más duro» desde 'Ireki ateak', grabado hace 20 años junto a Dut: «Tiene un sonido muy bestia, muy industrial, incluso para determinado público que me sigue. Pero siempre me ha apetecido adentrarme por ahí». A ello se unían sus ganas de «escapar de la fase de revisión» de su cancionero que últimamente ha realizado junto a distintos colaboradores: los músicos de Nueva Orleans, el formato dub con Charlat58 o los conciertos con la Micaela Chalmeta Big Band.

«Este disco me sirve para decir: 'Si alguien se pensaba que yo llegaba sólo hasta aquí, estaba equivocado'. Mi último trabajo no es un disco anecdótico o una colaboración más, no, no... Es un disco mío, con TSOWC, pero una pieza clave, de mucho calibre, dentro de todo lo que he hecho en mi vida. Por eso digo que es como un 'El estado de las cosas' (1986) o un 'Gure jarrera' (1991) en 2017, pues aquellos trabajos también fueron conceptuales a su manera».

No sabe «si faltan más canciones que expliquen la realidad» pero él intenta buscarlas y las encuentra en gente como la inglesa Kate Tempest, cuyo tema 'Europe is Lost' le parece «un puñetazo», o Mimi Mercedez, artista de trap serbia a la que homenajea en 'Belgrad-Hiri Zuria'. En Francia ha descubierto a Casey, de estética muy queer y cuyo directo le impactó tanto como el de Sleaford Mods, dúo británico «muy salvaje» que «en algún sentido» le recordó a TSOWC. «Para mí esto es el punk electrónico», proclama.

También cita otros sonidos que rondaron por su cabeza durante la creación de esta última entrega: The Disposable Heroes of Hiphoprisy, los primeros discos y vídeos de M.I.A. o el nuevo beat que se hace en África, como el kuduro en Angola o el hip hip de muchos artistas del continente negro. Y en lo referido a la parte más industrial, Muguruza menciona a los Nine Inch Nails que «buscaban melodías en medio de una base dura y oscura», al post-punk de Manchester (Joy Division, New Order...) y a Atari Teenage Riot, si bien a la hora de cantar ha intentado alejarse del grito, un estilo que adora pero esta vez ha querido evitar: «He preferido buscar melodías como contraste a esas bases tan salvajes».

Entre las colaboraciones destacan la de Safaa Hathot, rapera palestina a la que ya grabó en el documental 'Checkpoint Rock' (2009) y que canta en árabe al inicio de 'Beirut Never Dies'; Malena D'Alessio, argentina que rapea veloz en 'Buenos Aires-Gernika Jai Alai', y el trío femenino catalán que hace una hermosa introducción del 'Txoria txori' de Artze y Laboa en 'Barcelona-Sant Andreu'. «La primera canción que hago en catalán empieza con unas catalanas cantando en euskera», dice.

A su juicio, es un álbum «muy completo y ambicioso», no sólo por el mensaje que quieren trasladar con las letras y la música, sino porque cada canción tiene también su propio vídeo que va publicándose semana a semana «como si fuese una serie». En 2018 Muguruza está obligado a meter abundantes horas extra para terminar antes del Zinemaldia su adaptación animada del cómic 'Black is Beltza' pero en caso de encontrar un hueco, hará «alguna presentación» de 'B-Map' en vivo con TSOWC, proyecciones de vídeo y Karlos Osinaga a la guitarra: «Necesito tiempo para preparar algo bonito, también diferente, en directo».

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