Visita a Baudelaire: ¿solo o en compañía de otros?

Una joven contempla el mostrador dedicado a 'La guerra de los mundos' de Orson Welles.
Una joven contempla el mostrador dedicado a 'La guerra de los mundos' de Orson Welles. / J. L. LÓPEZ

El formato de visita elegido por cada visitante modifica de forma sustancial su percepción de la obra del artista de EE UU afincado en Francia. Las 'visitas dialogadas ' a la actual exposición de Tabakalera facilitan la inmersión del espectador en una muestra marcada por la complejidad

ALBERTO MOYANOSAN SEBASTIÁN.

Si no hay forma de saber qué es verdad y qué es mentira entre los materiales expuestos, si el artista «sólo lanza preguntas, pero no ofrece respuestas» y si la exposición sugiera un recorrido «pero no es el único posible» significa que el visitante se va a encontrar una muestra exigente, por momentos impenetrable. Es el caso de 'La música de Ramón Raquello y su orquesta' que el cineasta y fotógrafo estadounidense Eric Baudelaire inauguró en Tabakalera el pasado día 23. La ambigüedad que genera la confusión entre realidad y ficción alumbra una cierta tensión entre los visitantes no especializados a esta compleja muestra. «Creo que no se entiende nada porque no hay un discurso molido y que eso es precisamente lo que ha pretendido el artista, así que lo que no entiendo es por qué organizan visitas guiadas», afirma José Etxeberria, que sin embargo participó anteayer en lo que Tabakalera denomina «visitas dialogadas» pese a que, en su opinión, conspira este formato contra la intencionalidad del artista. La diferencia entre un recorrido en solitario y una inmersión en grupo resulta, no obstante, abismal.

A partir de la gran farsa radiofónica que Orson Welles llevó a cabo en 1938 sobre una supuesta invasión extraterrestre inspirada en 'La guerra de los mundos' de H. G. Wells, Baudelaire propone una exposición en apariencia dispersa, un tanto encriptada y en la que cualquier interpretación del espectador resulta válida, según recalca Andrea Arrizabalaga, del departamento de Educación de Tabakalera durante la visita de este pasado miércoles. Una visita a la que en principio se habían apuntado dos personas, pero a la que acabaron sumándose media docena, una cifra habitual en este tipo de actividades según el propio Centro Internacional de Cultura Contemporánea.

LOS DATOS

HORARIOS de martes a jueves, de 12.00 a 20.00. Viernes, de 12.00 a 21.00 horas. Sábados, de 10.00 a 21.00 y domingos, de 10.00 a 20.00 horas.

El juego de engaños

La música interpretada durante aquella emisión de radio por un inexistente Ramón Raquello recibe al visitante de la muestra, a modo de aviso sobre el juego de engaños al que se va a enfrentar. Y ni siquiera penetrar en los relatos propuestos por el artista a través de películas, vídeos, fotografías y diapositivas, así sea para caer en el engaño, resulta sencillo para el espectador. Para sortear estas dificultades, Tabakalera propone dos vías: la lectura del folleto 'Orriak' disponible en la propia sala y que desgrana en 32 páginas los diferentes apartados en los que se divide la exposición o apuntarse a las visitas guiadas organizadas por el centro. En cualquiera de los dos casos se modifican de forma sustancial la percepción del espectador. Así, uno de los que han realizado el recorrido por su cuenta confunde con unas serigrafías las imágenes raspadas de unos órganos genitales que resultan inapreciables por esta operación de censura. «Pues me han gustado», comenta. El artista presenta en un vídeo esta operación de borrado de órganos sexuales como una actividad rutinaria en las librerías japonesas con los fotolibros, pero resulta poco creíble que se acometa semejante labor artesanal con cada uno de los ejemplares importados. Una vez más la ambigüedad.

A los ojos de Ander Iradi y Jon Tubía, de trece años y usuarios habituales de Tabakalera, pero que no conocían aún la sala de exposiciones, estas imágenes de desnudos muestran «a gente que no tiene ni para comprarse ropa y que se cubren como pueden con cuatro hojas», en una imaginativa interpretación de lo que en principio son imágenes eróticas, entre otros, del fotógrafo Robert Mapplethorpe. Ander Iradi y Jon Tubía también dedicaron un rato a contemplar la proyección de 'Also Know As Jihadi' ('También conocido como Jihadi'), el falso documental que reconstruye el viaje clandestino de ida y vuelta a Siria que realiza un joven francés de las afueras de París. «Hemos visto que hay una guerra en Siria», apunta Jon y «se veía que son muy pobres porque en la película aparece muy poco gente circulando por las carreteras», añade Ander. «También se ve que las mujeres están muy poco valoradas», añade. Jon cree intuir una intencionalidad en la exposición en general y en la película en particular: «Enseñarnos a valorar más lo que tenemos». 'Also Know As Jihadi' es una de las dos películas que constituyen los pilares sobre los que se alza la muestra: la otra es 'Letters to Max', la grabación que recoge las respuestas del exministro de Exteriores de la república no reconocida oficialmente de Abjasia, en el Cáucaso, a las cartas que Eric Baudelaire le envío durante 74 días consecutivos de 2012.

Dos de los participantes en la «visita dialogada» son el ya citado José Etxeberria, de Donostia, y el durangués Rai Bikandi. «Vine a la inauguración porque soy muy 'canapero' y ya entonces me quedé con una sensación extraña. Y hoy, tras la visita con la guía, también. Me choca que se intente interpretar las obras», comenta el primero, frente a la interpretación diferente de Bikandi: «Me ha parecido interesante la forma en la que el artista deje que sea el visitante el que desentrañe las obras». El hecho de que los dos formen parte del colectivo artístico Kultura Alternatiba «nos permite ver más allá de la abstracción», en opinión de Bikandi, que expone su obra en Gros.

«Compleja pero interesante»

También participó en la visita guiada la donostiarrra Josefina García de Ulate y lo hizo tras la frustrante experiencia previa que le supuso recorrer la muestra en solitario. «No he entendido la exposición hasta que en los participantes en la visita hemos ido ofreciendo nuestras diferentes interpretaciones porque cada uno se fija en un aspecto de las obras. Antes, me he quedado en lo superficial y el que estén los textos sólo en inglés tampoco me ha ayudado. ¿Que si es una exposición compleja? ¡Ya lo creo»! Pero es interesante». Josefina, asidua a las exposiciones de Tabakalera, recuerda que ya tuvo la misma sensación con 'Estimulantes: circulación y euforia', la exposición que precedió en Tabakalera a la de Eric Baudelaire.

«Estoy un poco perdida, la verdad» es la frase que resumía la sensaciones de Elisa Palacios, que admitía haberse adentrado en la exposición «porque ha empeorado el tiempo», aunque ya antes le había llamado la atención el apellido 'Baudelaire'. Palacios no terminaba de ver «el hilo conductor» de una exposición que arranca con la 'farsa extraterrestre' de Orson Welles y que no tarda en adentrarse en la banda sonora de 'Taxi Driver'. «Y ahí ya me he perdido», lamentaba esta egiatarra, habitual de Tabakalera, que «a menudo» tiene la misma sensación en el centro: «Me pierdo», asegura, antes de añadir: «Y aunque parezca contradictorio, aunque la exposición pueda no gustarme, visitarla me resulta agradable».

Tampoco conseguían desentrañar la muestra los donostiarra Marta Laviñeta y Josu Perales: «Se nos hace demasiado difícil descodificar» la exposición, comenta la pareja que hace extensibles sus críticas a la programación cinematográfica de Tabakalera -«y no es que seamos aficionados al cine comercial»-como al conjunto del centro. «Lo comparas con La Alhóndiga de Bilbao y nada que ver». Respecto a la muestra de Baudelaire, «dudo de que a los turistas que vienen a San Sebastián les interese esto», aventura Marta Laviñeta.

Tras la visita guiada en castellano, fue el turno en euskera, con Nora Goialde, donostiarra y estudiante de Bellas Artes en Leioa, como única participante, «lo cual es un lujo». Goialde entiende que «la gente no está acostumbrada al arte moderno, con fotos y vídeos», pero aseguraba que en su caso la exposición se le había hecho «fácil de ver. Los largometrajes sí son más pesados», indicaba, antes de regresar a la muestra, al igual que otras de las personas consultadas en este reportaje.

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