Cuando la vida roba más de lo que nunca volverá a dar

Cuando la vida roba más de lo que nunca volverá a dar

Salamandra publica 'Martha y Alan', de Emmanuel Guibert |

ÓSCAR GOÑI SAN SEBASTIÁN

. «Puedo escribir los versos más tristes esta noche»... no con la maestría de Neruda, pero sí con su emoción. ¿Quién, de entre todos los que hayan perdido ese amor, el amor de su vida, no lo ha sentido? La certeza de que seguir respirando va a ser tan difícil que igual no merece la pena. La certeza de que se ha ido y no volverá. Pasarán años hasta que el dolor desaparezca. El tiempo no perdona ni siquiera a las cicatrices, pero dejará a su paso una melancolía tan inmensa, que aunque el recuerdo de aquel rostro vaya diluyéndose, seguirá haciendo daño.

Hay muchas maneras de vivir. Algunas personas lo hacen con pausa, alejados del ruido, tanto del que sucede a su alrededor como del que crece dentro. Personas como Alan, el viejo amigo de Emmanuel Guibert (1964, París), cuya existencia es conocida a través de los tres álbumes que el autor francés ya lleva publicados: 'La guerra de Alan' (2000), 'La infancia de Alan' (2012) y 'Martha y Alan' (2016), en esta ocasión traducida al castellano gracias a la edición de la editorial Salamandra Graphic. Es posible que, al comprobar que se trata del tercer acercamiento al personaje, el lector que no conozca los dos precedentes recele ante lo que ya se ha contado, se da por conocido y no va a ser explicado de nuevo. No es lo mismo, pero 'Martha y Alan' es perfectamente abordable sin conocimiento previo alguno. A fin de cuentas, es la historia del primer amor. Cuántas veces se le ha cantado, glosado o filmado es imposible saberlo. Como imposible no haberlo experimentado. Una historia menor, íntima, probablemente la más importante. En la vida puede haber muchos amores, pero solo una pasión, tal y como decía el dramaturgo y novelista Antonio Gala.

Sentido y sensibilidad

En Francia, el país de la bande desinée, Emmanuel Guibert desde siempre ha apostado por contar historias diferentes, incluso apartándose del grafismo ortodoxo. Sin duda, 'El Fotógrafo', una denuncia cruda en tres entregas de la guerra de Afganistán, construida a la limón con el fotógrafo Didier Lefèvre, definió en 2003 su estilo e intenciones. No solo contar historias, sino hacerlo desde dentro de sus personajes. El individuo como protagonista.

Alan, un niño de la América de Norman Rockwell, de zapatos bastos, cocinas cálidas, por ende humildes, y moratones bajo columpios improvisados con cuerdas, enredadas en árboles. Como Martha. Toca el piano, y para colmo lo hace muy bien. Crecer juntos y enamorarse, al menos para el muchacho, es inevitable. Luego, como siempre, el tiempo que es, al fin, lo único trascendente, se encarga del resto.

Que los grandes titulares, plagados de horrorosas tragedias e injusticias, no tapen el día a día. Cuando un corazón se rompe, lo hace en sotto voce, no comete locuras. Guibert lo describe con tal naturalidad, poco a poco, recorriendo un camino, desde la infancia hasta la madurez. Da la sensación de que Alan, el protagonista, ni siquiera siente, ni siquiera está contando al lector, en primera persona, aquella pérdida. No hay tragedia, pero se van acumulando los recuerdos a través de reflexiones breves, inocuas, inocentes... Hasta las últimas páginas, hasta la playa. Y es entonces cuando una melancolía tan grande como la más grande que cada cual haya sentido, salta de las viñetas para tatuar al lector.

Difícil explicar cómo Guibert se transforma en el gran ilusionista. Después de tantas páginas, es obvio que va a pasar, pero da igual. Ya no es su historia. Ni su playa; es la que cada cual ha recorrido con tanta tristeza en la mochila como podía soportar.

Ritmo narrativo. Siempre el ritmo. Controlar la velocidad de quien se asoma al cómic. Muy difícil, pero factible. Guibert recurre a las páginas dobles, a escenas simples. Textos breves; ni una sola palabra compleja de alta cocina. Dibujos mezclados con fotografías, trabajados gracias a ese individuo extremadamente genial y pernicioso llamado Photoshop.

Probablemente, Alan, el amigo del autor, volverá en una cuarta entrega. Lo hará con otros recuerdos. Pero ya nunca desprovistos de la diosa melancolía.

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