Viajar al pasado, matar al propio tatarabuelo y no llegar a nacer

Página y detalle del Londres victoriano de Moreau./
Página y detalle del Londres victoriano de Moreau.

La editorial Norma publica la nueva versión del clásico de H. G. Wells

ÓSCAR GOÑI SAN SEBASTIÁN

. Llovía, así que la mujer sacudió el paraguas mojado antes de entrar en la cafetería donde había de celebrarse la reunión. Se lo llevó hasta la mesa, y colgó el engorroso artilugio del respaldo de su silla. A los pocos minutos, mientras charlaba con sus amigos, las gotas que se deslizaban por el hule del paraguas se fueron acumulando en un charco. El camarero no lo vio. Resbaló. La caída fue fatal. La mujer, mientras llegaba la ambulancia y la policía, pensó angustiada cómo iba a cambiar su vida. A su lado, un testigo compartía a medias su preocupación. Al día siguiente tenía que hacer frente a un pago, y no podría salvo que su apuesta de euromillones hiciera pleno.

Viajar al pasado, alterarlo, regresar al nuevo presente o ver el futuro para volver y construir uno alternativo hasta la inevitable paradoja. Sería posible con una máquina del tiempo.

Corre el año 1895, cuando resulta que un autor inglés llamado Herbert George Wells publica su primera novela llamada así, 'The Time Machine'. No se centra en dichas apasionantes situaciones imposibles, representadas por los teóricos en un viaje al pasado donde un individuo asesina a su abuelo y aquel, en consecuencia, nunca nacerá; Wells aprovecha su escenario para representar una crítica social centrada en el futuro que adivina analizando el devenir de su propia sociedad, y apenas emulará la forma de plantear sus obras del ya entonces famoso Julio Verne, quien gozaba adentrándose en todas las explicaciones científicas pertinentes.

Una máquina real

Lo cierto es que desde entonces, irónicamente, la máquina de Wells ha viajado en el tiempo cobrando vida en versiones cinematográficas, cómics y, por supuesto, postulándose como punto de partida de cientos de relatos de ciencia ficción. Así, llega el turno de la editorial Norma, encargada de presentar la nueva versión del clásico, en este caso a cargo de los autores galos Olivier Dobbs (1972), guionista, y Mathieu Moreau (1988), dibujante y colorista.

Dobbs no aborda esta aventura de forma aislada. Muchos de sus trabajos publicados dejan claras sus preferencias argumentales: 'Alan Quatermain y las minas del Rey Salomón' (2010), 'Mr. Hyde contra Frankenstein' (2010), 'La isla del Doctor Moreau' (2017), 'El hombre invisible' (2017) o 'La guerra de los mundos' (2017) le retratan como amante de finales del XIX, el pulp, la literatura steampunk y, obviamente, Wells. Por cierto que Norma anuncia la publicación de estos tres últimos títulos manteniendo el formato de colección.

En cuanto a Dobbs, surge la eterna pregunta: ¿Es más fácil adaptar una obra mundialmente famosa que concebir una nueva? Y, aceptando que la cuestión en sí misma es irresoluble, ¿cabe esperar algo nuevo de un enésimo revisionado?

Ante todo, decir que esta máquina del tiempo pretende, sin ninguna duda, ser fiel al manuscrito de Wells. El lector que lo conozca encontrará en cada viñeta un espacio que le recordará el texto literario, pero cuidado, porque aunque el genial inglés no escribió un mamotreto, condensar su trabajo en apenas cincuenta y seis páginas parece una aguja difícil de enhebrar.

La prosa victoriana resulta deliciosa para el aficionado. Mantener su espíritu mientras el hilo de la acción continúa intacto tampoco es tarea menor y, el guionista, no obstante, sale airoso del primer envite. Con todo, el ritmo narrativo, sujeto a algún altibajo, es inseparable de los lápices, y ahí entra en liza Mathieu Moreau, artista de corta trayectoria que debuta en 2015 con 'Le Cycle de Nibiru', fantasía pura escrita por Izu, y abiertamente consumidor de la cultura pop.

Su estilo dinámico, fresco y de una extraordinaria corrección técnica, se adapta a la Inglaterra de fines de siglo a la perfección, y sin titubeos al futuro distópico planteado por Wells, con los Elois, alimento de los temibles Morlocks. La puesta en página, ortodoxa, nunca se pierde en florituras que no aportan nada al relato, entre otras cosas porque no las necesita. Su talento, realzado por el color que él mismo aplica a las planchas, luce magnífico, de principio a fin. La propuesta de ambos autores, por otro lado, huye decididamente de llevar 'La máquina del tiempo' hacia un tono adulto en exceso, cargando de elementos gore las escenas de violencia, con lo que el álbum, autoconclusivo, es lectura recomendable para todos los públicos. Al fin de la misma, la reflexión se repite: si existiera la posibilidad de viajar en el tiempo tal y como el propio Einstein demostró de forma teórica y, claro está, sólo fuera factible desplazarse hacia el futuro, ¿quién se atrevería a hacerlo?

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