Veinticinco maneras de volver a leer a Baroja

Veinticinco maneras de volver a leer a Baroja
P. PEJENAUTE

La editorial Ipso de Pamplona saca al mercado los tres primeros títulos de una larga colección de 25. Se titula 'Baroja (y yo)'

BEGOÑA DEL TESO SAN SEBASTIÁN.

Dicen que después de andar muchos caminos literarios, de tomar muchos atajos estilísticos, de perderse en muchos cruces de caminos llenos de libros uno acaba volviendo a leer, a releer, a encontrarse con o a descubrir a Baroja. Suele suceder cuando uno, lector, ya se hartó de prosas encumbradas y de ejercicios creativos engorrosos. Vuelve entonce para descansar junto a Aviraneta, Silvestre Paradox, Mari Belcha, la Dama de Urtubi, Yan-Shi- Pao o el mismo Jaun de Alzate.

No quiere decir eso que aquel contradictorio basajaun de la casa de Itzea, el señor de Bera, sea fácil o no descienda a los infiernos. Como prueba, la agria y violenta 'La busca', tantas veces citada por Luis Antonio de Villena en su delicado opúsculo de 73 páginas titulado 'Un anarquista de derechas'. Tampoco quiere decir que Baroja sea ese autor desmañado literariamente que algún crítico sentenció que era y otros muchos no se preocuparon en comprobar volviendo a las fuentes, es decir, a los libros barojianos. Si lo hace Ascensión Rivas Hernández, doctora en Filología Hispánica y profesora de Teoría de Literatura Comparada en la Universidad de Salamanca. Ella, en 'Mujeres barojianas' no solo se dedica a romper el mito del Baroja misógino sino que reivindica un título como 'El árbol de la ciencia' por ser novela «compleja, con una importante carga filosófica». Una novela que, como también le pasó al editor de 'Baroja (y yo)' cuando se encontró con ella, viniendo él como viene del mundo jurídico, «deslumbra» porque sus personajes están «perfectammente diseñados» en su complejidad interior y su «vacío existencial». Ascensión ha estado estos días en la Universidad de Viterbo, en la región italiana del Lazio presentando a Baroja a un puñado de estudiantes de lengua castellana. Y lo ha presentado como un escritor muy europeo, amante de ciudades como París y Roma.En las 12 horas de viaje desde Salamanca, Ascensión ha releído 'El mundo es ansí' y entre aeropuertos se ha topado en esas páginas con una descripción de Florencia impagablemente barojiana.

Soledad Puértolas lo reconoce como tal en el volumen 'Lúcida melancolía'. Pero también como ese escritor cercano, muy cercano porque dsiempre acabas pasando por Bera y mirando hacia Itzea. Porque en muchísimas casas siempre había un volumen con sus obras en papel biblia. O en edición RTVE a 25 pesetas. La autora recuerda, eternamente agradecida, que su primer libro, ese 'El Madrid de 'La lucha por la vida'' era un estudio barojiano que le abrió las puertas de una universidad californiana. Volver a Baroja, siempre.

De Mendoza a Aizarna

La colección es un empeñó personal de su editor, Joaquín Ciáurriz que ya tiene otros seis volúmenes en cartera y no ceja en su idea de que la colección 'Baroja (y yo)' conste de 25 (o más). No busca , jamás, la hagiografía sino ese cúmulo de extrañas coincidencias que han llevado a un puñado de hombres y mujeres de la lectura y la escritura hasta Baroja.

Eduardo Mendoza ya escribió una biografía comentada sobre el donostiarra beratarra descreído y anticlarical cuyas obras completas ocupan, editadas por Círculo de Lectores, 16 tomos. El autor de 'Sin noticias de Gurb' declaró una vez que por Don Pío era capaz de hacer cualquier cosa.

Como Guerra Garrido, uno de los escribidores de la escudería literaria de Ipso. O como Santiago Aizarna que estudió Medicina con él en Madrid y mucho ha disertado sobre Don Pío, 'chapelhaundi'. Como Sergio del Molino, el autor de 'La España vacía', también enrolado en esta colección que un día será presentada en Bera. Y también en Donostia.

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