Txomin Rekondo: «Me faltó esa locura y sacrificio que hay que tener para ser torero»

Rekondo, en su restaurante, ante fotos de sus toreros./ROSA ALONSO
Rekondo, en su restaurante, ante fotos de sus toreros. / ROSA ALONSO

En 1949 se presentó de becerrista en El Chofre y la crítica se preguntó: ¿quién es ese chico con tan buenas maneras?

MANUEL HARINASAN SEBASTIÁN.

En el caserío Marticotene, en la falda de Igeldo, mediados los años cincuenta del pasado siglo, su propietario Eleuterio Rekondo, muy buen aficionado y seguidor acérrimo de Luis Miguel, discutía muchas veces con algunos de sus hijos, partidarios de Ordóñez. Uno de ellos, Josemari, matador de toros y otro, Txomin, con quien, afable y sonriente, como de costumbre, nos encontramos en la puerta del mismo caserío, hoy restaurante de muchísimo prestigio.

-Txomin, si te menciono el 6 de septiembre de 1959...

-Hombre, mi presentación con caballos y en El Chofre; aunque las cosas no salieron bien y en el coche de cuadrillas, bajando la famosa cuesta de la plaza, Josemari me dijo: «Deja esto, que no es para ti».

«Rafael de Paula ha sido el torero que yo he visto con más profundidad y pureza»

-Entonces, fuiste más torero por contagio familiar, que por vocación.

-Yo era muy aficionado, eso si me venía de familia, pero no tenía esa vocación, esa sensación de locura y de sacrificio que hay que tener para ser torero. Ese día tenía ya veintitrés años y estaba muy rodado... Diez años antes, con trece, sin haber pisado nunca un ruedo, ni haberme puesto tampoco nunca delante de una becerra, me presenté de luces en el Chofre y estoqueé un novillo, después de torearlo muy a gusto. Maté un par de becerros más, seguí un par de años, lo dejé... había que estudiar. Mi padre quería mandarme a Zaragoza a prepararme, me eché para atrás; más tarde volví a torear, acompañaba a mi hermano, y cuando se presentó la oportunidad de esa novillada, dije ¿por qué no? Y la verdad es que llegué un poco obligado y posiblemente no hice bien las cosas, aunque hay quién decía que tenía cualidades...

-¿Pero seguiste en este mundo?

-Claro, organizábamos festejos; tuvimos una plaza portátil y estuvimos en Bergara, Ordizia, Zumarraga, Irún, Rentería. Al derribarse El Chofre, instalamos una plaza detrás del Hotel San Sebastián; organizamos dos festivales y un espectáculo cómico. Durante muchos años, fuimos empresarios en Tolosa y Haro; además, cuando íbamos a elegir corridas aprovechaba para torear en las fincas y festivales. El último en Tolosa en 1973, aunque toreaba en el campo hasta hace diez años.

-¿Y asesor taurino en el palco?

-En Illumbe los dos primeros años, pero en Azpeitia desde 1990 hasta el año 2000. Precisamente debuté en Azpeitia el día del homenaje a mi hermano.

-Por cierto, ¿qué significa Azpeitia para ti?

-Algo especial; pero no solo para mí. No nos damos cuenta, pero si se dejaran de dar toros allí, veríamos la gran importancia de esa feria no solo a nivel de Gipuzkoa, sino mucho más allá. En los veinticinco años sin toros en Donosti, Azpeitia mantuvo la afición.

-Luego llegaste a la hostelería, pero ni ahí dejaste el mundillo.

-Sí, al final me quedé solo con el caserío y ese mundo no me cuadraba. Mis hermanos me animaron a poner un pequeño bar, y así empezamos. Ha sido durante muchos años el lugar de parada obligatoria del mundo del toro, sobre todo cuando aun sin festejos, las principales figuras de paso o de vuelta a Francia, hacían un alto para comer y charlar. En todos estos años, pocos han dejado de subir a Igeldo. En aquellos tiempos de sequía taurina, era también un buen sitio para hablar de toros, y se formó la tertulia del café de los lunes; asistían Manolo Muga y los hermanos Paco y Huberto Apaolaza, entre otro muchos aficionados.

-Terminamos, ¿eres torista o torerista?

-Soy aficionado, pero el espectáculo se llama corrida de toros; ya te he contestado. De todas formas no puedo olvidar desde Antonio Ordoñez a José Tomás, pasando por Camino, El Viti, Curro, tantos.... Y El Cordobés, uno de los cuatro o cinco revolucionarios del toreo al mismo nivel que Juan Belmonte o Manolete. Y para mí, especialmente Rafael de Paula. Ha sido mi ídolo por su sentido del toreo; ha sido el torero que yo he visto con más profundidad y pureza... el que te hacía disfrutar del arte.

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