Okkupert, la serie que estarán viendo Carles puigdemont y anna gabriel

La obra noruega sorprende por su realismo y apego a la actualidad, y se convierte en el nuevo must para los amantes de la geopolítica internacional

Cartel de la segunda temporada de 'Okkupert'./
Cartel de la segunda temporada de 'Okkupert'.
Mikel Madinabeitia
MIKEL MADINABEITIA

Es más 'Borgen' que 'House of Cards'. Tiene guiños para los seguidores de 'Homeland'. Pero diría que 'Okkupert' ('Occupied', en inglés) no se parece a ninguna otra. Es una serie única. La obra noruega sorprende por su realismo y apego a la actualidad, y se convierte en el nuevo must para los amantes de la geopolítica internacional. De momento, han realizado dos temporadas y las tienen disponibles en los supermercados virtuales habituales.

Se trata de una distopía política sobre la ocupación silenciosa de Noruega por parte de Rusia, a raíz de la decisión del país escandinavo de dejar de producir petróleo. La llegada de Jesper Berg, líder carismático y magnético del partido verde, a la presidencia y las diferentes crisis medioambientales hacen que Noruega decida parar la producción de los combustibles fósiles, a favor de una energía limpia y renovable. Tras el anuncio de esta nueva política, el primer ministro es secuestrado por un contingente ruso, con el beneplácito de toda la Unión Europea, para parar este impulso verde. A partir de aquí, todo el equipo de gobierno intentará satisfacer las demandas impuestas por este embargo sin caer en un conflicto militar.

Escalada de tensión

La serie describe a la perfección la creciente espiral de desasosiego que experimentan los ciudadanos noruegos. Al principio, la presencia rusa es recibida con estupor, pero también con la esperanza (inútil) de que los aliados occidentales harán algo para remediar la situación. Después, cuando los noruegos se dan cuenta de que nadie piensa intervenir para prestarles ayuda, empieza a imponerse la sensación de que Noruega está perdiendo su soberanía a pasos agigantados. Posteriormente, cunde la paranoia: unos ciudadanos empiezan a sospechar de otros y cualquiera que tenga algún trato con rusos es mirado con recelo, incluso con abierta hostilidad. Finalmente, la certeza de que están siendo conquistados por la puerta trasera termina despertando una oleada nacionalista de tintes cada vez más violentos.

Hans Martin es miembro del comité de seguridad del primer ministro. Un personaje que también se ve envuelto en contradicciones y miserias.
Hans Martin es miembro del comité de seguridad del primer ministro. Un personaje que también se ve envuelto en contradicciones y miserias.

La segunda temporada profundiza en los hitos de la primera y describe llamativos paralelismos con la actualidad. Con un presidente exiliado y que inicia un periplo por diferentes ciudades europeas para acabar pasando por Bruselas, ¿nadie se acuerda de Carles Puigdemont y el disparate catalán? Desde luego, en algunos casos la ficción puede acabar superando la realidad.

La serie no es nada condescendiente con los grandes poderes y los critica sin ambages por sus políticas de hechos consumados

Remolino de fango

Como es norma en las series de calidad de los últimos años, la trama se va enrevesando por momentos, la telaraña se extiende y los diferentes personajes acaban encontrándose entre la espada y la pared. Estos proceden de diversos ámbitos de la sociedad y se ven sumidos poco a poco en un remolino de fango del que cada vez parece más difícil la salida. La serie consigue representar muy bien el proceso de descomposición que empieza a sufrir la —hasta entonces— plácida sociedad noruega.

Bente Norum regenta un restaurante y la llegada de los rusos cambiará su vida. ¿Para bien o para mal?
Bente Norum regenta un restaurante y la llegada de los rusos cambiará su vida. ¿Para bien o para mal?

La serie no es nada condescendiente con los grandes poderes y los critica sin ambages por sus políticas de hechos consumados, huyendo en todo momento de la corrección política. Rara avis. Y ya sólo por eso, un soplo de aire fresco. Y eso, la cultura predominante de lo políticamente correcto también se lleva un buen meneo. Quizá haya que recurrir al maestro Manuel Alcántara para definirlo: «No es fácil ser un buen diplomático, Si dice sí, quiere decir quizás; si dice quizás, quiere decir que no; si dice no, es que no es un buen diplomático».

Domina la temática política, pero tiene suficientes dosis de drama y thriller (incluso algo, no mucho, de acción) como para no jugar todas sus bazas a un solo subgénero. ¿Es una obra maestra? No, pero es una muy buena serie que además tiene una virtud sobresaliente: se atreve a contar una historia que se sale de los moldes de lo que se está haciendo en televisión. ¿Ya se la habrán recomendado a Carles Puigdemont y Anna Gabriel?

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos