Diario Vasco

La factura que pasa el poder

La factura que pasa el poder
  • La producción danesa, sobre una mujer que llega a la presidencia del país casi de manera casual, enamora a los políticos por su idealismo aunque luego pocos la aplican más allá de la teoría

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No hay político que no la haya mentado alguna vez. En esto no tendrían problema en ponerse de acuerdo. Votarían todos a favor. Manuela Carmena, Albert Rivera, Pablo Iglesias, Alberto Garzón o Esperanza Aguirre son algunos de los que se han declarado alguna vez seguidores de 'Borgen'. Todos adoran a la presidenta Birgitte Nyborg. Seguramente porque es un personaje de ficción; si tuviesen que compartir púlpito con ella, la cosa cambiaría. Y le dedicarían menos loas. Mónica Oltra llegó incluso a inspirarse en esta producción para pintar la sala de prensa desde la que la portavoz del Gobierno valenciano atiende a los medios. La seriefilia no entiende de cargos.

'Borgen' es la serie a la que todos quieren parecerse. Por su idealismo. Políticos y periodistas, los dos gremios a los que mejor retrata este título danés, ansían verse reflejados en ella. A 'House of cards' o a 'Juego de Tronos' también se refieren, pero nunca se sienten representados en ellas. Se estrenó en Dinamarca en septiembre de 2010 y se alargó durante tres temporadas, hasta 2013. Después ha saltado a cadenas de todo el mundo; un total de 75 países han seguido las tramas que se desarrollan en el Palacio de Christiansborg -conocido coloquialmente como Borgen y que es sede de los tres poderes del Estado y oficina del primer ministro en Copenhague-.

Hace unos meses, Adam Price, su creador, visitó España. Cuando le preguntaron por el éxito de su propuesta, se mostró sorprendido y aseguró que nunca creyó que un producto con un tema tan local pudiera interesar más allá de sus fronteras naturales. «Muchas veces, cuanto más local eres, más global te haces, porque al final estás siendo fiel a tu historia. Si quisieras aspirar a llegar a una audiencia internacional perderías muchos detalles», comentó.

La historia que él quiso contar era la siguiente: las elecciones en Dinamarca arrojan un resultado inesperado cuando los grandes partidos no consiguen votos suficientes como para gobernar y son incapaces de llegar a un acuerdo que les permita tomar el poder. Al final será la líder de los moderados -una formación minoritaria- la que se convierta en presidenta de un ejecutivo de coalición. A partir de ahí, 'Borgen' narra el modo en que la recién elegida mandataria trata de hacer juegos de equilibrios para mantener sus ideas y atender las prioridades que un puesto como el suyo le exige, y combinar su vida familiar con la recién adquirida frenética vida laboral. Pero, además de todo eso, hubo una pregunta que el promotor de este título siempre tuvo en mente y quiso desarrollar a través de la figura de la protagonista: ¿puede alguien mantenerse en el poder y ser fiel a sí mismo? Posiblemente esta cuestión y cómo condiciona eso al argumento sea lo que más llamó la atención de espectadores de todo el mundo y críticos (consiguió premios como el Bafta, entre otros).

Identificación

Hay otro elemento clave de esta producción que atrapa al público y es la facilidad para sentirse identificado con los personajes, sin necesidad de que quien la esté viendo sea presidenta del gobierno ni política de ninguna otra instancia. Cuando sale de su despacho Birgitte es una mujer normal, que debe lidiar con los problemas de sus hijos o las exigencias de su marido, una mujer presionada por su responsabilidad y que debe adaptarse a su papel de líder, y una mujer a la que le juzgan también por su aspecto físico, pese a los méritos curriculares que ha demostrado sobradamente. Nada que no les ocurra a otras féminas.

La Birgitte Nyborg de la primera temporada es muy diferente a la que aparece en las siguientes. Cambia su visión y participación en política y algunas cuestiones en el ámbito personal. Mejor no 'espoilear', pero es relevante señalar la evolución del personaje.

En Dinamarca los pactos políticos son frecuentes para sacar adelante las medidas de gobierno. Ya lo ha explicado en varias ocasiones Price: «La cultura danesa está acostumbrada a la negociación». Por estos lares -España-, por mucho que se manosee el espíritu de la serie, no se llegó a pasar de la teoría. Rara vez se han conseguido ejecutivos similares. La realidad no superó a la ficción, más bien la esquivó.

Si hay una industria -además de la americana y la inglesa- que ha sorprendido en la producción audiovisual en los últimos años ha sido la nórdica. En ella se ha visto reflejada la gran tradición del género literario negro que allí existe y que ha sabido saltar a la televisión con un puñado de títulos que se han podido ver en todo el mundo. Además, las series de estos países -las que surgieron del frío, como rezaba un reportaje de Canal +- se caracterizan por su originalidad y su compromiso público. Las mentes nórdicas han parido propuestas tan destacables como 'Forbrydelsen' (los americanos hicieron su adaptación, 'The Killing'), 'Bron' (tuvo versión yanki, 'El puente') o 'Äkta Människor' (sí, sí, también se adaptó y salio 'Humans').

El salto a Juego de Tronos. El éxito de la serie permitió a algunos de sus actores dar el salto a producciones más grandes, como 'Juego de Tronos'. Así, Pilou Asbæk se convirtió en Euron Greyjon, que en la séptima temporada tendrá gran relevancia. Birgitte Hjort Sørensen también participó.

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