San Telmo recupera el telar de lino

El museo recoge en una muestra 40 objetos utilizados antiguamente para la fabricación del tejido

Olga Uribe teje en un telar moderno, de un funcionamiento y manejo similares al que ha recuperado el museo. /USOZ
Olga Uribe teje en un telar moderno, de un funcionamiento y manejo similares al que ha recuperado el museo. / USOZ
IDOIA DÁVILA UZKUDUNSAN SEBASTIÁN

El lino ha sido una fibra muy valorada en Euskal Herria, especialmente entre los siglos XV y XVIII, y su proceso tradicional, desde la siembra de la planta a la producción del tejido en el telar, era largo y laborioso. Hace una semana el antiguo telar del Museo San Telmo -que en su día se utilizó también para la creación de estas prendas- volvió a la exposición permanente, y el centro ha aprovechado la ocasión para abordar y recuperar la elaboración del lino en el área 'La tradición pervive'. Además, el museo ha organizado, desde ayer y hasta el domingo, demostraciones, talleres infantiles y talleres de artista en torno a estos procesos.

Se han colocado en el claustro de San Telmo más de 40 objetos que antiguamente se utilizaban para crear este producto, dando muestra de los numerosos trabajos necesarios para la elaboración de un solo tejido de lino. Entre las piezas expuestas se encuentran dragas para deshacerse de las semillas del lino, agramaderas que separan la corteza de las fibras, rastrillos y las ruecas tradicionales con las cuales se hilaban las fibras de la planta.

Así, l muestra recoge todos los pasos necesarios para conseguir un tejido de lino, empezando por la siembra de la propia planta; pasando por la recogida de la cosecha, el secado, la eliminación de las semillas, la separación de la corteza, el peinado de las fibras, el hilado, el enmadejado, el blanqueamiento de los hilos y el tejido en el telar; y terminando con la costura de las propias prendas.

Una tradición perdida

En la actividad textil el lino fue muy popular, y fue de hecho la primera fibra vegetal utilizada en prendas, según cuenta Pili Otaegi, miembro de la asociación cultural Dina 7 que ha organizado esta muestra. Pero la irrupción del mercado del algodón y otras fibras sintéticas y la difícil mecanización del lino causaron la completa desaparición de este laborioso proceso de fabricación en el siglo XX.

Sin embargo, la asociación Dina 7, gestora del Ekomuseo de Larraul, se dispuso a recuperar esta tradición de la cultura vasca, y tras un largo proceso de documentación y recolección de materiales realizó hace año y medio una demostración de la elaboración del lino en el frontón de Larraul, de principio a fin. En el claustro de San Telmo, en cambio, «no podemos empezar a poner en remojo las plantas y a blanquear los hilos», comenta Koldo Jauregi, miembro de la asociación, pero sí que se podrá observar trabajar a las hilanderas Ainara Hernández, Arantxa Diez, Miren Torrealday y Birte Kurth y a la tejedora Olga Uribe.

Las actividades

Demostraciones
Hoy a las 17.00 horas y los días 7 y 8 a las 11.00 horas.
Talleres infantiles
Taller sensorial hoy a las 11.00 horas. Taller de punto de cruz mañana, día 6, a las 11.00 horas.
Taller de artista con Koldobika Jauregi
Fabricación de pinturas al óleo con semillas de lino, el día 6 a las 17.00 horas. Pintura sobre lienzo el día 7 a las 17.00 horas.

Y es que, según explica Otaegi, «la manipulación del lino solía estar en manos de las mujeres», lo que les permitió ocupar su lugar en la sociedad y en los mercados e incluso ser autosuficientes, y eso «contribuyó a su empoderamiento», añade. Además, las niñas comenzaban a sembrar su propio lino a la temprana edad de 11 años; en casa les daban una pequeña superficie de tierra para que empezasen a preparar su ajuar. Muchas de las tareas relacionadas con el lino se realizaban asimismo entre mujeres, al anochecer, relata Otaegi, lo cual contribuyó también a la tradición oral, ya que estos trabajos comunitarios se «amenizaban» con el relato de leyendas y cantando canciones.

Instalación del telar

El lino era, por tanto, además de un importante mercado y fuente de ingresos -con él se hacía el pago de impuestos y se solía dejar en herencia en los testamentos, a modo de patrimonio-, un modo de vida y una parte importante de la sociedad vasca de la época. Muchas mujeres lo elaboraban en sus casas, pero «no todas contaban con las herramientas necesarias», explica Otaegi. Los telares, por ejemplo, sólo podían encontrarse en algunos caseríos como el Lopez-enea de Legorreta.

De allí procede el antiguo telar que llegó a San Telmo en 1916, aunque se sabe que es anterior al siglo XX, a pesar de que el museo desconoce la época exacta a la que pertenece. Cuando el centro cerró sus puertas en 2007 para acometer las obras de ampliación y restauración del edificio, esta pieza se desmontó y se guardó en Gordailua, donde fue sometida a labores de consolidación, limpieza y encerado. Ahora han vuelto a darle forma a la vista de los visitantes del museo, y el telar se encuentra desde el 27 de marzo en su ubicación definitiva, completamente montado.

Las actividades organizadas por San Telmo con motivo de la instalación del telar, que llevan como nombre el proverbio en euskera 'Ehunak ehun lan' (el tejido, cien tareas), comenzaron ayer con las demostraciones de hilado y tejido y las actividades infantiles que tendrán hoy su continuación con un taller sensorial. Mañana se ofrecerá asimismo a los niños y niñas un taller de punto de cruz. El objetivo de estas actividades, según cuenta la responsable educativa del museo, Nerea Izagirre, es «poner en su contexto las labores relacionadas con el lino. Ayer, por ejemplo, los niños hicieron jabón y aprendieron los distintos usos que pueden tener diferentes plantas, más allá del propio lino».

Además, los asistentes al museo, con la ayuda del artista Koldobika Jauregi, el viernes fabricarán pinturas al óleo con aceite de semillas de lino, y el sábado pintarán con ellas sobre lienzo, en un taller dirigido a todos los públicos.

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