«El teatro, sea o no político, o es apasionante o mejor no hacerlo»

Alberto San Juan, protagonista de las funciones de este fin de semana en Donostia. / DAVID RUIZ
Alberto San Juan, protagonista de las funciones de este fin de semana en Donostia. / DAVID RUIZ

En compañía de Marta Calvó el actor presenta hoy y mañana en Lugaritz la obra 'Masacre. Una historia del capitalismo español'

ROBERTO HERRERO SAN SEBASTIÁN.

La historia que San Juan propone en escena asegura que es «bastante más rotunda de lo que la palabra masacre parece indicar en el título de la función». «Me refiero al exterminio realizado por el franquismo durante la guerra y la primera posguerra, que resulta condición indispensable para inaugurar un inmenso proceso de concentración del capital que empieza entonces, no se interrumpe en la Transición y continúa hoy».

La forma de contar la función es a través «de una pareja y su peripecia personal, inventadas a partir de lo que observo a mi alrededor y en mí mismo. Lo he hecho así porque el tema me resultaba árido, poco teatral y necesitaba una excusa dramática». Una herramienta de dramaturgia que también le sirve «para intercalar otras escenas que no son documentales, pero sí se nutren de personajes y datos reales».

Su historia del capitalismo español comienza a mediados del siglo XIX y se extiende hasta finales del XX. «Tiene el hilo común de que el desarrollo y su modelo de acumulación se basa en la pobreza salarial que caracteriza a las clases trabajadoras en España a lo largo de toda su historia, con la salvedad de las conquistas salariales fruto de las luchas populares de los años 30 y los años 70».

Alberto San Juan fue miembro de la desaparecida compañía Animalario, actor reconocido en el teatro y el cine, actualmente es uno de los impulsores de Teatro del Barrio, la cooperativa cultural enclavada en el barrio madrileño de Lavapiés. Un colectivo que se creó con el propósito de «participar en el movimiento ciudadano que ya está construyendo otra forma de convivir. Nuestros medios para hacer política son la cultura y la fiesta».

Un capitalismo depredador

En ese ámbito ha nacido este retrato del capitalismo español, un sistema económico y político que le parece a San Juan alejado del de otros países europeos. «El nuestro es uno de los más depredadores. Es más rentista que emprendedor, se caracteriza por acumular beneficios sin invertir en desarrollo tecnológico. En los años del desarrollo industrial, del 59 al 74, nunca se superó la dependencia de la tecnología de importación. Luego, sencillamente, se destruyó la industria y se consolidó un modelo productivo basado en la construcción, los servicios y la especulación financiera. La gran diferencia, en cualquier caso, son los 40 años de dictadura».

El teatro político, en el que se enclava la función, le parece vigente como expresión de la lucha de clases. «Es así porque Marx afirma que el antagonismo entre una minoría de grandes propietarios y una mayoría desposeída es el motor que hace avanzar la historia. Y creo que eso es irrebatible. Lo que no está tan claro es que ese avanzar sea necesariamente en dirección a la emancipación colectiva, como él también afirmaba. En cualquier caso, sólo si la acción de esa minoría gran propietaria (o más bien, el sistema que la genera) termina de hacer inhabitable el planeta, dejará de haber una contestación por parte de la mayoría desposeída, una búsqueda de otra sociedad posible, mejor».

Una expresión minoritaria

El teatro en general y el que contiene un claro mensaje político en particular reconoce que son «extremadamente minoritarios respecto al cine y, mucho más, la televisión. Pero la intensidad de la experiencia teatral no es menor. Es más, puede ser superior a cualquier otro medio. Cuando sucede un milagro sobre la escena, claro».

Siempre ha expresado la necesidad de que ante todo los espectadores no se aburran, labor que parece más ardua cuando se trata de espectáculos de fuerte contenido y mensaje político. «Lo difícil es querer contribuir a informar o despertar interés para que cada uno se informe. Sobre el capitalismo español, por ejemplo. Pero el teatro más directamente político o incluso documental, puede ser apasionante. Es más, o es apasionante o mejor no hacerlo. Este y cualquier teatro».

Se siente «absolutamente interesado» en los espectadores alejados de la izquierda. Asegura no saber «decir nada específico sobre la relación entre la izquierda española y el teatro» y los partidos políticos le parecen «la expresión más deplorable de la acción política. Aunque siento un respeto y agradecimiento enormes hacia muchas personas que tienen la valentía y generosidad de crear partidos, o mantenerse en ellos, con la voluntad real de trabajar para construir una alternativa humana al sistema capitalista».

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