«No tuvo suerte en su relación con los galeristas»

A. M.

- ¿Cuál ha sido el principal reto que presentaba comisariar esta muestra?

- Cómo dar una forma coherente a esta pluralidad de singularidades creativas, es decir, mostrar cómo un artista puede desdoblarse en múltiples facetas para ser otro. En Garmendia está muy presente este despliegue, que es un despliegue melancólico. Una persona no satisfecha del todo va en busca de otra.

- ¿Ha aplicado sus propios criterios a la hora de montar la exposición o ha tratado de adoptar los de Garmendia?

- He intentado combinar un cierto relato cronológico con otro relacionado con las etapas creativas. Al juntar estos dos criterios he buscado los acentos más sobresalientes. Por un lado, los collages pequeños que luego dan lugar a los grandes. Por otro, los vídeos con la música experimental que componía y que tenía una creciente importancia. De hecho, él ya dudaba en los últimos años si dedicarse más a la música o la pintura porque vivía esa tensión. Finalmente, el otro eje de la sala es la parte pictórica, donde está esa alquimia enigmática, con su pasión por las formas acuosas que parecen fondos marinos o de lagos.

- En su opinión, ¿cómo hubiera evolucionado su obra de no haber fallecido tan joven?

- Creo que hubiera dedicado más tiempo a la música experimental, teniendo en cuenta que su salida al mercado como artista no fue como él hubiera deseado. Ahí no tuvo mucha suerte con algunos proyectos galerísticos: en Madrid desaparecieron muchas obras de los años noventa y un galerista mexicano de Nueva York vendió obras suyas en grandes formatos, pero luego no le pagó. Al final ya dudaba si seguir pintando, ya tenía mucha obra, y estaba más interesado en hacer música, aunque México le había sorprendido mucho y había realizado pintura collage.

- Ahora que parece que está de vuelta la censura en el arte, ¿cree que hay alguna obra en esta exposición susceptible de ofender o molestar a alguien?

- No, no creo. No hay nada. Hay algunos cómics que resultan transgresores, pero le interesan más subvertir las convenciones formales. Un buen artista ni cambia el mundo, ni transforma el sistema de valores, pero sí nos hace pensar sobre lo establecido. El arte no sirve para nada, salvo para crear sus propias reglas. Y en ese sentido, Alejandro fue un gran artista porque crea nuevas leyes.

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