El síntoma

Alberto Moyano
ALBERTO MOYANO

Que Tabakalera necesita un meneo lo evidencia algo tan simple como el hecho de que ante la noticia más importante que ha generado el centro desde su apertura hace más de dos años, su nutrido gabinete de comunicación la despachara mediante un comunicado de prensa de un folio decimonónico. Ni declaraciones escritas, ni audio, ni imágenes. Puede ser comprensible que la interesada no conceda aún entrevistas –más allá de que tampoco se le iba interrogar de otra cosa que no fueran las motivaciones que le han llevado a optar al puesto o las líneas maestras del proyecto con el que ha ganado el concurso público a esta plaza–. Lo que resulta estupefaciente es que un centro de cultura contemporánea, volcado en lo audiovisual y demás, transmita este tipo de informaciones en formato años ochenta. Que Ormazabal aún siga laboralmente vinculada a EITB es un dato de interés estrictamente administrativo. Para los ciudadanos, es ya la inminente directora general de Tabakalera. En comunicación, este tipo de omisiones no son una opción:las imágenes,o las pones o te las ponen. Esta anécdota es un síntoma: discurso modernete y prácticas pleistocénicas.

Dejando esto de lado, la decisión de crear un nuevo puesto en el organigrama de Tabakalera es el reconocimiento implícito de que a día de hoy Tabakalera aún no ha conseguido ser exactamente lo que debería. Uno de los problemas radica en aclarar si el centro es la suma de sus partes o es el centro el que imprime el carácter a cada una de ellas. Quedan pendientes la relación con las industrias creativas, el alivio de las finanzas mediante más ingresos propios y la búsqueda de nuevos públicos a través de propuestas, si no más asequibles, sí menos encriptadas y, a poder ser, con algo de tirón. Igual no se trata de reconducir la programación, sino de diversificarla. En cualquier caso, todo esto son ‘enfermedades de juventud’ propias de un centro que tan sólo cuenta con dos años de andadura. Tendrán su solución, siempre que se consignen como tales y no como imponderables intrínsecos a un centro de estas características. Así las cosas, solo queda desear suerte y pericia a Edurne Ormazabal en el desempeño de su nuevo cargo. La segunda se le supone, pero también hará falta ciertas dosis de la primera.

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