Silvia Marsó: «Este musical es un espectáculo insólito, no hay nada igual»

Silvia Marsó actuará en el teatro Principal hasta el martes.
Silvia Marsó actuará en el teatro Principal hasta el martes. / LOBO

La actriz catalana interpreta desde hoy en el teatro Principal la obra de Stefan Zweig 'Veinticuatro horas en la vida de una mujer'

ROBERTO HERREROSAN SEBASTIÁN.

Tres actores y tres músicos ponen en escena este musical diferente basado en el texto del escritor austriaco que cuenta la historia de una aristócrata viuda que, al principio del siglo XX, vive una apasionada historia de amor. Tan sólo durará veinticuatro horas, pero marcará el resto de su vida.

-¿Es difícil hacer un musical con este drama tan intimista?

Intérpretes
Silvia Marsó, Marc Parejo, Víctor Massán.
Lugar y fechas
Teatro Principal. Desde hoy hasta el martes 15 de agosto.
Horario
20.00 horas.
Precio
20 y 25 euros.

-Fui a verlo a París y me enamoré del montaje porque es insólito, diferente, no hay nada igual en la programación teatral. Es muy emocionante. Tiene un estrato más asequible, el de una apasionante historia de amor. También hay otra lectura, la que más me gusta, la crítica moral de la sociedad, cómo el ser humano carece de libertad por mucho que se empeñe. Y un estrato aún más profundo que habla del paso del tiempo, de que la vida a nuestro pesar transcurre y nos conduce por caminos que ya están prácticamente marcados por el entorno, por el estatus al que perteneces, por la familia, por la sociedad. Salir de ahí solo lo hacen los héroes y las heroínas.

«Como mujer este personaje me dice que no hay que perder la libertad individual»

-Zweig crea una prisionera de ese entorno, roto solo por día.

-Tomó partido por esta ruptura, siempre fue un autor que desde historias reconocibles de la burguesía y aparentemente sencillas contaba cosas profundas. Una mujer casi anciana cuenta el episodio de cuando tenía cuarenta y dos años y cómo su vida entera se basa prácticamente en lo que ocurrió durante aquellas veinticuatro horas. Eso es terrible. Hay una lectura profunda de la condición humana, de cómo podemos desaprovechar nuestra vida por los convencionalismos. Y da igual la época, ahora también ocurre.

-En poco se parece ser una mujer de 40 años entonces y ahora.

-Creo que lo que más cuestiona el autor es la diferencia de edad entre el chico, que es un joven de unos 20 años, y una mujer que le dobla la edad. Esa diferencia sigue pesando. Macron, el presidente de Francia, sufrió el tabú social por enamorarse de una mujer veinticinco años mayor. Sigue estando vigente el tabú. Es cierto que en aquella época la mujer estaba condenada a morir como mujer una vez que enviudaba. Y por eso este personaje rompe con todo lo que se espera de ella.

-¿Esta versión transcurre en la época original?

-Es atemporal, pero el conflicto humano es perpetuo. Shakespeare, Chéjov, Zweig, los grandes autores siempre hablan de conflictos trasladables a cualquier época.

-¿Qué tipo de música se escucha?

-Es de mucho nivel, del compositor ruso Stephane Dreznin. Vive en Berlín, es muy creativo, un portento. Ha creado una música llena de estilo. Podemos reconocer a Kurt Weill, a Sondheim, a Shostakovich, Debussy. Es música de cámara interpretada en directo con violín, violonchelo y piano de cola.

-No es una función hablada con música, sino un musical.

-Es así. La música es muy importante en la obra porque marca y describe las emociones de los personajes. Está muy implicada en la trama, es dramaturgia pura. Pero no es el típico musical con escena hablada y luego una cancioncita. La música envuelve las escenas. Por eso digo que es un espectáculo insólito.

-Su personaje dice, ya de mayor, que cuenta lo que le ocurrió para absolverse. ¿Culpa y pecado se mezclan con pasión, amor, ilusión?

-Ella es una aristócrata, pertenece a la clase más alta de Escocia aunque vive en Londres. Perder el prestigio de su familia y condenarlos a la deshonra por una historia como la que vive es algo que le ha obsesionado el resto de su vida. Es el debate moral. ¿Por qué no podemos ser libres? Zweig siempre cuestionaba la condición humana.

-¿Como mujer qué le cuenta este personaje?

-Muchas cosas. Sobre todo no perder la libertad individual. Ella se reconcilia consigo misma porque ha podido confesar lo que le torturaba durante tanto tiempo, pero también se da cuenta de lo que ha perdido. Todas las obras que hablan de cómo desperdiciamos nuestra vida me parecen de una gran magnitud.

-¿Ese es uno de los sentimientos más duros que se pueden vivir a partir de una cierta edad?

-No sentía eso cuando interpretaba 'Tres mujeres altas', donde yo hacía la mujer en su edad más joven, pero sentía que cada decisión que tomas con veinte años repercute cuando tienes ochenta o noventa.

-El excelente texto de Zweig provoca cierta tristeza. ¿Cómo se trata esto en la versión teatral?

-Se ha hecho una gran adaptación y no es triste. Al espectador se le dice, ¡cuidado!, tu vida es tuya y no la desperdicies. Creo que es una obra esperanzadora, tiene algo de ¡vamos a vivir! La gente saldrá tocada, pero para bien. Es una historia dramática, pero enseña que eso puede cambiar.

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