Fin a siete años de incertidumbre

El público visitaba Chillida-Leku en la víspera de su cierre, al finalizar 2010./JOSÉ IGNACIO UNANUE
El público visitaba Chillida-Leku en la víspera de su cierre, al finalizar 2010. / JOSÉ IGNACIO UNANUE

La galería Hauser & Wirth reinicia Chillida-Leku con miras internacionales. El segundo semestre de 2018 es la fecha prevista para la reapertura, y la obra del artista se expondrá en Nueva York

RICARDO ALDARONDOSAN SEBASTIÁN.

Los anglosajones manejan la expresión 'siete años de escozor' para definir el periodo tras el que empiezan a remitir de pronto algunos problemas de piel de incierto origen y difícil solución. Justamente en el día de ayer de hace siete años ocupaba las portadas de los periódicos el definitivo cierre de Chillid-Leku. Pero esta semana surgía por fin la noticia de la reapertura al público del espacio dedicado a la obra del escultor en su parcela de Hernani. Terminan siete años con mucho escozor e incertidumbre: negociaciones entre las instituciones y la familia, rupturas, reintentos y llegada a un punto muerto que parecía irresoluble.

El pasado jueves de pronto se hizo la luz. La galería suiza Hauser & Wirth anunciaba un acuerdo con la familia para representar en exclusiva mundial la obra del artista donostiarra, y su intención de reabrir Chillida-Leku al público en el segundo semestre de 2018. Luis Chillida, hijo del artista, confirmó la buena nueva.

Terminaba así por sorpresa el largo y tortuoso camino que comenzó cuando en noviembre de 2010 se hicieron firmes los rumores de que Chillida-Leku podía cerrar sus puertas al público por su «delicada situación económica». En principio iba a ser temporal, siempre con la esperanza de encontrar una solución, básicamente un acuerdo entre la familia y las instituciones vascas que permitieran reflotar el proyecto.

El cierre definitivo tuvo lugar el 1 de enero de 2011, como había sido anunciado un mes antes. En el momento del ciere Chillida-Leku había tenido 810.000 visitas desde su inauguración oficial, que tuvo lugar el 16 de septiembre de 2000.

El éxito no se hizo esperar: solo en el primer año ya hubo más de 70.000 visitantes, muchos procedentes de países como Alemania, Francia y Estados Unidos, a pesar de que no eran tiempos precisamente afables para el turismo en Gipuzkoa, que iba en claro declive. Pero Chillida-Leku se convirtió en uno de los más importantes atractivos del territorio y en lugar de cita para la celebración de distintas actividades culturales, desde conciertos del Jazzaldia o la Quincena Musical a exposiciones y conferencias. Tres años después batía su récord, con más de 18.000 visitas en un mes, en agosto de 2003, y una media de 674 personas diarias.

Déficit inasumible

Sin embargo, esos diez años de actividad incesante llegaron a su fin, por un lado, porque se fue rebajando la euforia inicial. Entre 2001 y 2005, el museo recibió cerca de 90.000 visitantes al año. En 2010, la cifra se había reducido paulatinamente hasta los 60.000. Y las ayudas institucionales que se dieron en esos últimos años no fueron suficientes para paliar el déficit que producía el mantenimiento del museo con su plantilla de 27 trabajadores. Fue el inicio de un larguísimo proceso de acercamientos y rupturas, con debates en la sociedad acerca de la necesidad o no de que las instituciones compraran el museo como patrimonio cultural.

La cronología

16 de septiembre de 2000
Se inaugura Chillida-Leku.
1 de enero de 2011
Se produce el cierre de Chillida-Leku.
Marzo de 2011
Primera ruptura de las negociaciones de compra por parte de las instituciones.
Julio de 2016
Después de varios intentos, y cuando parecía inminente la compra institucional, la Diputación se retira y la familia descarta cualquier acuerdo futuro.
31 de noviembre de 2017
La galería suiza Hauser & Wirth anuncia la reapertura de Chillida-Leku en el segundo semestre de 2018.

Tres meses después, en marzo de 2011, no había acuerdo, y la familia daba por cerradas las negociaciones. En junio de ese mismo año se mostraba dispuesta a partir de cero pero no fructificó el entendimiento. Tres años más tarde, en 2014, y con nueva legislatura, un nuevo intento desembocó en que la situación seguía enrocada: ni los 80 millones que se estimaba que costaría la operación de compraventa, ni las fórmulas de funcionamiento que barajaban la Diputación de Gipuzkoa y el Gobierno Vasco, hacían posible el acuerdo. 2015 se fue sin que el pacto para la adquisición se concretara y la capitalidad cultural de 2016 tampoco supuso un empujón. Mientras tanto, de forma privada, el museo de Zabalaga ha seguido recibiendo visitas concertadas: solo en 2016 pasaron por él 8.061 personas.

Compra frustrada

A finales de julio de 2016 se produjo un sorprendente revés: en tres días se pasó del optimismo del Gobierno Vasco ante un acuerdo de compra inminente, a la ruptura de la negociación por parte de la Diputación, porque era «imposible para nuestra institución asumir un compromiso económico» que suponía la creación de una fundación mixta con un capital de 186 millones de euros. Esto desembocó en que la familia negara ya «cualquier posibilidad de acuerdo futuro».

Toda esa incertidumbre y frustración parece llegar a su fin. El anuncio de House & Wirth ha producido una satisfacción general en las instituciones y agentes culturales. La galería aún tiene que especificar la línea de trabajo, pero ya ha adelantado que va a desarrollar «un nuevo modelo sostenible para Chillida-Leku», basado en «un programa de exposiciones temporales que posiciona el trabajo de Chillida junto a otros grandes nombres del canon histórico». También organizará una exposición del artista donostiarra en la galería de Hauser & Wirth en la calle 69 de Nueva York, así como la presentación de una gran escultura de Chillida en la Art Basel que se celebra en Miami Beach este mes.

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