Del Molino: «Son muy malos tiempos para los escritores que no son simpáticos, que no quieren exponerse»

El escritor y periodista Sergio del Molino./VIRGINIA CARRASCO
El escritor y periodista Sergio del Molino. / VIRGINIA CARRASCO
Sergio del Molino. Escritor

Participa mañana en Literaktum en un debate a partir de su libro 'La España vacía' junto a Iván Repila

RICARDO ALDARONDOSAN SEBASTIÁN.

Protagoniza mañana, junto a Iván Repila, una de las sesiones más esperadas de Literaktum, a las 18.30 en la Sala de Actividades de la Biblioteca Municipal, en la calle San Jerónimo. Sergio del Molino se convirtió en un referente del neorruralismo con su libro 'La España vacía' (2016, Turner) y esa vuelta a una vida más sencilla y natural será el punto de cohesión y debate con Repila. Pero con su reciente libro 'La mirada de los peces' (2017, Random House), en el que aborda la historia de su profesor de instituto Antonio Aramayona, que se suicidó, Sergio del Molino vuelve a conectar con su obra anterior, en la que destaca 'La hora violeta', narración del último año de vida de su hijo Pablo, desde que se le diagnosticó una enfermedad rara hasta su muerte.

- ¿La pérdida se está convirtiendo en el gran tema de su obra?

- Quizás sí, y se debe a dos riegos que asumo. Por un lado, escribir solo de cosas que me importan mucho y me afectan personalmente de forma muy íntima, lo que hace que los temas acaben escorándose hacia la gravedad, y que tienen que ver desde 'La hora violeta' con la muerte. Y por otra parte, una tendencia que tengo a mirar hacia donde no se suele mirar, hacia el descampado, el vacío, los lugares menos frecuentados. Pero no intento doctorarme en pérdidas, los temas me los voy encontrando y voy intentando que mi mirada se amolde a ellos. No voy a escribir toda mi vida de estos temas, aunque muchas veces son pretextos para hablar de otras muchas cosas que también me preocupan, y para irme por las ramas, que en eso consiste mi literatura.

«Hay mucha necesidad de salvación, pero yo no tengo soluciones, comparto ideas que se me ocurren»

- ¿No es duro desnudarse de esa manera, e ir contra la comodidad?

- Fue duro cuando tomé la decisión de hacerlo al principio, pero una vez que te metes en esta forma de narrar no concibes otra. La literatura tiene una función comunicativa pero no necesariamente pública, no es como el periodismo. Tengo la sensación de que mi intimidad está preservada porque va de dormitorio a dormitorio. Es un paso que no todos los escritores están dispuestos a dar. Pero todos los escritores, aunque escriban desde fantasías muy elaboradas, si escriben algo que de verdad conecta a un nivel literario profundo, es porque han dado ese paso previamente. Siempre pongo los ejemplos extremos de Philip K. Dick y H. P. Lovecraft, que nos están contando los miedos que les asaltan de verdad.

- ¿Estos tiempos de redes sociales en los que hay más tendencia a mostrar la intimidad tienen algo que ver con esa literatura?

- No creo, porque tampoco estamos haciendo nada raro. Cuando me cuestionan si 'La mirada de los peces' es una novela o no, siempre digo: «Si quieres quédate con la etiqueta de literatura confesional». Y eso lo empezó San Agustín con sus 'Confesiones'. Quizás vivimos en una época extremadamente sensible a la primera persona. Pero no creo que eso condiciona la escritura, en todo caso, la lectura.

- Colabora en radios, escribe en periódicos, mantiene actividad en redes sociales, acude a debates y congresos... ¿El escritor de hoy tiene que ser por fuerza mediático?

- Sin duda. Me gusta, lo disfruto y además soy periodista, pero es verdad que son muy malos tiempos para escritores que no son simpáticos, que no les gusta exponerse y con problemas de sociabilidad. Lo tienen muy difícil para que su literatura llegue a sus lectores, tal como está concebida la industria editorial. Y es muy injusto, seguro que por eso nos estamos perdiendo literatura muy buena.

- ¿Con 'La España vacía' se ha convertido en un gurú, o en un referente de ese neorruralismo?

- Un referente tal vez, un gurú espero que no, porque para mí la idea de un intelectual que interviene en el debate público no es la de quien marca el paso, sino la de alguien que comparte visiones e impulsa el debate. Lo del intelectual que guía a las masas me parece muy 'demodé'. Quizás me he convertido en un referente en una cuestión que tiene unas aristas más políticas y sociales, cuando mi empeño con 'La España vacía' era escribir sobre todo una reflexión literaria desde el punto de vista de un escritor. Lo que he querido evitar por completo es esa figura de gurú, y en un terreno que se presta mucho a ello. Hay mucha necesidad de salvación. Pero yo no tengo soluciones, puedo compartir una serie de ideas que se me ocurren y quizás a partir de ahí salgan otras cosas. Yo ni siquiera quería escribir un libro sobre la despoblación, yo buscaba un leitmotiv para poder mirar España entera y articular un discurso de país. Gracias a 'La mirada de los peces' he rehuido la tentación de especializarme en esos temas.

- ¿Por qué quiso contar la historia de su profesor de instituto?

- Porque me llamó para decirme que se iba a matar. Y eso me hizo aparcar cualquier otra idea sobre la que estuviera trabajando. Me impulsó a escribir un libro que yo ya tenía en la cabeza, quería escribir sobre él y sobre mi adolescencia vinculada a él, que es la puerta que abre muchos hilos narrativos. Tiene que ver con mi adolescencia pero también con el dibujo de los barrios postindustriales de las grandes ciudades españolas, que es un tema poco tratado en la literatura. También está la relación con el duelo y en eso está muy conectado con 'La hora violeta'.

«Iván Repila es un lujo para la literatura española y deberían sacarle más a pasear»

- ¿Cuál es su relación con Iván Repila y cómo plantearán su debate de mañana en Literaktum?

- Conocí a Iván en 2012, le he leído con mucho gusto y me interesa muchísimo. 'El niño que robó el caballo de Atila' me pareció una novela impresionante. Tenemos en común puntos de vista generacionales y también muchas diferencias, que es lo que interesa. Iván Repila es un lujo para la literatura española y deberían sacarle más a pasear.

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