Donostia acogerá en otoño la primera Bienal Internacional de Arquitectura de Euskadi

SARA SANTOS

Se profundizará en la función social de la disciplina, relegada a un segundo plano por los megaproyectos. El Gobierno Vasco se ha decantado por San Sebastián debido a su condición de ciudad fronteriza y sede de la Escuela de Arquitectura

BORJA OLAIZOLA

El calendario cultural de San Sebastián se enriquecerá en otoño con una nueva cita: una bienal de arquitectura que nace con vocación de continuidad. La iniciativa surge como consecuencia de la apuesta del Gobierno Vasco por sacar la arquitectura del discurso efectista en el que se ha instalado por la influencia de los megaproyectos y devolverle su condición de disciplina capaz de mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. Esa función social, a menudo relegada a un segundo plano por la pirotecnia de los arquitectos estrella, es la que impregna los principios que inspiran la I Bienal Internacional de Arquitectura de Euskadi.

El encuentro fue presentado ayer en San Sebastián por el consejero de Medio Ambiente, Planificación Territorial y Vivienda, Iñaki Arriola; el viceconsejero, Pedro Jáuregui; el director de Vivienda y Arquitectura, Pablo García Astrain; y el arquitecto y comisario de la bienal Pedro Astigarraga. Arriola comentó que su departamento trata de promover con la bienal el debate y la reflexión sobre el papel de la arquitectura. «Más allá de su dimensión funcional y estética, la arquitectura tiene una misión social y cívica evidente porque es la que modela los lugares en los que vivimos y condiciona una parte de nuestra vida».

El consejero explicó que la bienal nace con el sobrenombre de Mugak (fronteras) porque la arquitectura siempre se ha nutrido de lo que crece en los límites, en los márgenes de los territorios conocidos. Es por eso, añadió Arriola, que el Gobierno Vasco ha escogido San Sebastián como sede del encuentro. «Donostia siempre ha sido ciudad de frontera, no solo porque está junto a Francia sino porque está entre el mar y los montes, ente el paisaje de la naturaleza y el paisaje urbano». En la elección, prosiguió el titular de Vivienda, se tuvo en cuenta además su condición de sede de la Escuela de Arquitectura de la Universidad del País Vasco.

«Más allá de su dimensión estética, la arquitectura tiene una función social, es parte de nuestra vida» Iñaki Arriola, Consejero de Vivienda

«Más allá de su dimensión estética, la arquitectura tiene una función social, es parte de nuestra vida» Iñaki Arriola, Consejero de Vivienda

«La bienal pretende hacer de San Sebastián un punto de referencia de profesionales y vecinos» pedro astigarraga, comisario de la bienal

«Queremos que sea un encuentro para todos los públicos, no solo para los especialistas» pedro astigarraga, comisario de la bienal

La facultad donostiarra va a ser precisamente una de las protagonistas de la bienal. Su comisario, Pedro Astigarraga, adelantó que los cuatro centenares de alumnos de la escuela recibirán durante los primeros días del encuentro sus clases en dependencias del Palacio de Miramar, que va a ser la sede central de la bienal. Se generará de esa forma una interrelación entre los estudiantes y los invitados a la cita que persigue un enriquecimiento mutuo. «No hay que perder de vista que los alumnos de ahora son los arquitectos del futuro y que cuanto mejor sea su trabajo, mejor será la calidad de vida de sus coetáneos», observó Astigarraga.

«Para todos los públicos»

El comisario hizo hincapié en que la bienal de San Sebastián no será una cita reservada a los especialistas. La premisa básica a la hora de organizar la iniciativa, insistió, es acercar el mundo de la arquitectura a la ciudadanía. «Es un encuentro pensado para todos los públicos, no sólo para los profesionales». La cita se desarrollará a lo largo de los meses de octubre, noviembre y diciembre aunque tendrá su momento de mayor actividad entre los días 7 y 10 de noviembre. La bienal arrancará precisamente el día 7 con una conferencia a cargo de Rafael Aranda, del estudio RCR de Olot (Girona), galardonado con el último premio Pritzker. Los organizadores no avanzaron muchos más detalles del programa, que se irá perfilando en las próximas semanas. Sí señalaron que otro de los protagonistas de la cita será el arquitecto japonés Sou Fujimoto, una joven promesa al que muchos pronósticos señalan como próximo ganador del premio Pritzker.

Aunque la sede principal será el Palacio de Miramar, la cita se extenderá a otros escenarios como el Colegio Oficial de Arquitectos Vasco-Navarro, Tabakalera o el Koldo Mitxelena. El comisario agradeció la colaboración que han brindado instituciones como el Ayuntamiento de San Sebastián, la Diputación o la Escuela Técnica Superior de Arquitectura. Esa gratitud la hizo extensible a otros colaboradores como la asociación Ancora, la Asociación Cultural Arquitectónica de Euskadi (Atari), el Espacio Réflex, el Cemento Museum Rezola, el Archivo Peña Ganchegui y el Cluster Habic.

La bienal, puntualizaron sus promotores, nace con vocación de continuidad y también con voluntad de convertir a San Sebastián en una referencia en el universo de la arquitectura. El encuentro se celebrará cada dos años en la misma ciudad y bajo el paraguas del nombre genérico de Mugak. «La arquitectura -se explica en la página web de la bienal- es, a un tiempo, lenguaje del arte y de la razón, encuentro entre la ciencia y el artificio, que se ha enriquecido históricamente del nutriente que germina en los límites. Habita en el cruce de culturas e identidades diferentes; en la confluencia de la naturaleza y el paisaje, con el sentido del orden humano; en los lindes imprecisos de la realidad y los sueños; en el umbral que interroga lo interno y lo externo; en la constante investigación de la forma como respuesta a la función, sin renunciar al ideal de la belleza».

La recuperación de la función social de la arquitectura que planea sobre la bienal que llegará en otoño a San Sebastián se hace patente en estas otras reflexiones que pueden leerse en la página: «La reciente crisis económica ha mostrado su silueta más sombría y los corrosivos regueros de pobreza y la exclusión, desplazando hasta extremos insospechados las fronteras de lo socialmente permisible. El urbanismo y la arquitectura siguen siendo unos vigorosos instrumentos con capacidad para cauterizar heridas y, desde su posición intelectual, contribuir a redefinir los equilibrios necesarios entre el bienestar individual y el colectivo, en la búsqueda inexcusable de la virtud del bien común».

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