resueltos los enigmas del tesoro de Gazteluberri

Un reportaje publicado en DV permite localizar a uno de los descubridores de las monedas halladas en 1960

resueltos los enigmas del tesoro de Gazteluberri
ELENA VIÑAS

La historia del descubrimiento del tesoro de Gazteluberri, un importante conjunto de monedas del siglo XVI hallado en Segura hace cerca de sesenta años, se había escrito en medio de numerosas incógnitas que los investigadores no habían podido resolver. El último en estudiarlo ha sido el donostiarra Miguel Ibáñez, experto numismático y catedrático ya jubilado del Instituto Bidebieta de San Sebastián, quien relataba a este periódico hace un mes las principales conclusiones a las que había llegado tras el exhaustivo análisis al que sometió a las piezas que en la actualidad se exponen en el Museo Arqueológico Nacional.

Los enigmas que planean tanto sobre la identidad de la persona que pudo ocultarlo hacia 1600 como sobre el hallazgo que tuvo lugar en 1960 le llevaban a realizar una serie de hipótesis de cara a la redacción de un artículo que publicará el próximo año en una revista especializada de reconocido prestigio internacional. Buena parte de esos misterios han quedado resueltos gracias al reportaje publicado en DV.

Las monedas

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Del siglo XVI. Es el número de monedas descubiertas en el interior del cencerro desenterrado en 1960 por una cuadrilla que había removido el terreno para plantar pinos cerca de la peña de Gazteluberri, en el término municipal de Segura.

El artículo llegó, gracias a un familiar que reside en Gipuzkoa, a manos de Juan Berástegui Urquía, uno de sus descubridores. A sus 87 años de edad, este vecino de la localidad navarra de Arbizu recuerda cómo dieron con el tesoro mientras se encontraban plantando pinos en el monte, a unos diez metros de la popular peña de Gazteluberri.

«Estaba junto a Eugenio Martín Zazo, de Ávila, y otro trabajador de Etxarri, cuando este último fue a coger tierra para plantar uno de los árboles y encontró un cencerro tumbado dentro de una grieta de la peña, que se encontraba como a un metro de altura. Me lo dio, diciendo que lo podía usar para mis vacas, pero estaba muy gibado. No valía y era pesado. Se dio cuenta que tenía arcilla en la boca y al retirarla, cayeron todas las monedas al suelo», rememora.

Berástegui era el jefe del grupo y decidieron que él fuera quien se llevara el cencerro con las monedas para custodiarlo hasta decidir qué hacer con él. Reconoce que durante los dos o tres meses que estuvo en su poder pensaron en la posibilidad de quedárselo e incluso recurrieron a algunos anticuarios para averiguar su valor. «Pero el resto de la cuadrilla que trabajaba allí sabía que lo habíamos encontrado, así que empezamos a pensar en cómo entregarlo», señala.

Fue precisamente uno de los anticuarios a los que recurrieron el que les ofreció una solución: recurrir al cura de Zumarraga, conocido por su faceta de coleccionista y especialista en antigüedades. Él ejerció de «mediador» para planificar la entrega. «Quedamos en hacerla en una joyería de la plaza Gipuzkoa de San Sebastián, propiedad de un vecino de Arbizu. Yo fui quien llevó las monedas y una vez allí, llamamos a la policía. La casualidad quiso que el responsable que vino también fuera de Arbizu. Me tranquilizó, me dijo que no iba a pasarme nada, sólo debía responder a algunas preguntas», declara Juan Berástegui.

Al poco tiempo, solicitó a las autoridades que le dejaran quedarse con el cencerro «como recuerdo», pero le respondieron que no era posible. «Querían exponerlo con las monedas en Madrid», indica. Sin embargo, tanto él como los otros dos trabajadores que hallaron el tesoro de Gazteluberri fueron recompensados. Según explica, «las autoridades estipularon el valor del ‘tesoro’ y dieron un dinero que se dividió en dos partes. Una de ellas fue para el pueblo de Segura; la otra se repartió entre los tres. Recibimos 35.000 pesetas cada uno. En aquella época era bastante dinero. Además, el cura de Zumarraga nos regaló una moneda de oro de 25 pesetas de Alfonso XII que aún guardo».

«No falta ninguna»

Su testimonio aporta datos hasta ahora desconocidos sobre cómo se produjo el hallazgo y el modo en que se gestó la entrega, pero lo más importante es que permite saber con absoluta certeza que el número de monedas que se ha conservado hasta nuestros días es el mismo que contenía el cencerro. Esto echa por tierra la teoría que barajaba Miguel Ibáñez, quien admitía que era «muy probable» que dicho conjunto monetario fuera tan solo una parte del mismo, y que muchas piezas no llegaran a ser recuperadas en su momento.

Su hipótesis se sustentaba en las marcas que la arcilla dejó en el cencerro y la superficie de algunas monedas y que él mismo tuvo ocasión de observar durante el estudio que acometió. «Si recolocamos las monedas dentro del cencerro donde fueron halladas, no llegan a rellenar más que aproximadamente la mitad del volumen del mismo, y el mencionado cencerro, de 14 centímetros de longitud y una anchura máxima de 10,5 centímetros, muestra en la boca los restos de la improvisada tapa de arcilla con que fue sellado el recipiente, de lo que podemos deducir que en su origen estaba completamente lleno», manifestaba a DV el estudioso numismático donostiarra.

«Eran 52 monedas exactamente: nueve de oro y 43 de plata -asegura, por su parte, Juan Berástegui-. Las contaba todos los días en casa. No falta ninguna como pensaba Ibáñez que podía ocurrir cuando estudió las monedas y el cencerro. Cuando se cayeron en el monte, recogimos todas y no conservamos ninguna, aunque nos hubiera gustado».

Este vecino de Arbizu confiesa, eso sí, que él también temió que desde la entrega llevada a cabo en Donostia hasta su llegada al Museo Arqueológico Nacional podía haberse perdido alguna pieza. «Especulé con ello», reconoce. Sus temores se desvanecieron cuando hace unos años pudo comprobar a través de internet que el conjunto de monedas se mostraba al completo en la web del Museo Arqueológico Nacional.

La información aportada por Juan Berástegui Urquía será incorporada, dada su importancia, a los archivos documentales del Museo Arqueológico Nacional. También permitirá completar el artículo escrito por Miguel Ibáñez que verá la luz en 2018.

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