Un repaso a la obra de Goenaga

La Fundación Vital de Vitoria inaugura una retrospectiva con 44 piezas de diferentes etapas del artista

SARA LÓPEZ DE PARRIZA VITORIA.

Es uno de los artistas más destacados de la pintura vasca, «prolífico y profundo, entregado a las raíces más profundas del ser humano y sobre todo, a la madre tierra». Así define a Juan Luis Goenaga (San Sebastián, 1950) el historiador del arte y profesor de la Universidad de Deusto, Edorta Kortadi. Desde hoy y hasta el 3 de diciembre, la Sala Fundación Vital de Vitoria acoge una muestra retrospectiva del pintor con una selección de 44 obras -de gran tamaño, la mayoría- pertenecientes a toda su trayectoria con el pincel.

La muestra, comisariada por Juanma Arriaga y que ha contado con el diseño expositivo de Fernando Martínez de Viñaspre, permitirá al público comprobar su evolución a lo largo de los años desde que expusiera por primera vez en 1971. Evitando un orden cronológico, los óleos que ocupan la totalidad de la sala se han agrupado por series: raíces y hierbas, paisaje, personajes, abstractos y arqueología.

Situado entre el expresionismo y el arte matérico, Goenaga pertenece a los pintores emergentes de la década de los setenta. Desde su refugio de Alkiza ha plasmado sobre el lienzo temas etnográficos, de mitología vasca y paisajes que se han convertido en su seña de identidad. Ha estado tan unido a la pintura durante toda su vida que incluso llegó a declarar que «pintar es para mí algo fisiológico, algo físico... como comer», una afirmación que da la bienvenida a los visitantes en el primer espacio de la sala.

Aunque comenzó a dibujar siendo sólo un niño, la primera etapa de Juan Luis Goenaga coincide en el tiempo con la década de los setenta. «Es una etapa abstracta y nocturna, unida a la noche y al fuego». Ya en los ochenta, el autor se abre a la figuración y a comienzos de este siglo llega la explosión del color a los cuadros de Goenaga, sobre todo a los paisajes.

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