El renacer de una obra

Los restauradores trabajan con la ayuda de un andamio. / M .G.

La puesta a punto de la pieza de San Bartolomé, construida en 1545 por el urretxuarra Juan de Lizarazu, concluirá a finales de este año

MIRYAM GALILEAITSASO.

No es sencillo conocer al autor de un retablo del siglo XVI, ni tampoco que el estado de conservación de la obra sea bueno debido a la climatología, la humedad, el cuidado del mismo o simplemente el paso del tiempo, y por ello en Itsaso nos encontramos con una verdadera joya, construida en 1545 por el urretxuarra Juan de Lizarazu y que se encuentra en un estado excelente de conservación, que llegará a su punto álgido a finales de este año al concluir su restauración.

La parroquia de San Bartolomé, situada en el pequeño pueblo gipuzkoano de Itsaso, alberga una joya de la transición, con un retablo que cabalga entre el estilo plateresco y el renacentista, cuidado y mimado a lo largo de los años por sus vecinos, gracias a los cuales todavía sigue hoy en pie y en condiciones óptimas para ser restaurado.

Miembros de la empresa Equipo7 comenzaron su labor el pasado 7 de julio y calculan que el retablo estará completamente restaurado para el mes de diciembre. Ya se han dado los primeros pasos: se ha llevado a cabo una desinsectación para acabar con la carcoma sin alterar los materiales, y en este momento se están realizando catas con las que se conocerán la gama de disolventes a utilizar; se regenerará la resistencia de la madera y de la policromía, se regenerará la fibra leñosa y se eliminarán los barnices y repintes oxidados, finalizando con el estucado y reintegración de color.

«Hoy tenemos como prioridad conservar la pieza original, aquello que hizo Juan de Lizarazu, por eso regeneramos el soporte físico, como es la madera de la agresiones, de la carcoma... que ha tenido a lo largo del tiempo porque a fin de cuentas es el soporte de la policromía y los motivos ornamentales, que es lo que nos preocupa. Eliminar las capas de barnices, oxidados, los repintes, los hollines de los humos de velas...», asegura Javier de Miguel, de Equipo7. «En la restauración de una obra sientes que estás en conexión con los que lo hicieron: ves las pinceladas, las capas de preparación... de alguna manera parece que les están dando la mano a aquellos que lo hicieron. En los retablos uno tiene la sensación de estar metiendo la cabeza en un cuadro».

Una historia peculiar

Ser consciente de la magnitud y la importancia de este retablo en su época es necesario. Las casas son pequeñas, de techos bajos, con escasas ventanas, y la población analfabeta, por lo que entrar en un lugar de esta magnitud, la música, el incienso y el brillo celestial del retablo hacía que un halo de divinidad inundara el lugar. «El retablo es parte de la historia de aquel momento y también de éste; forma parte de nosotros», dice Pilare Muxika.

«En los retablos uno tiene la sensación de meter la cabeza en un cuadro», dice uno de los restauradores

La obra tiene 105.000 euros de presupuesto, de los cuales se espera cubrir la mitad con subvenciones

Como todos los retablos, éste también nos cuenta una historia y no deja de ser peculiar. «A primera vista es sorprendente encontrar un retablo tan singular en una parroquia de dimensiones como las que tenía en aquel entonces (en 1747 se amplía). En ese momento se permiten ese lujo, y se ve que es un encargo importante porque está por encima de la media en cuanto a ornamentación, es decir, no solo la pintura y tallas son de calidad, sino que cuenta con peculiaridades como pueden ser las columnas decoradas en su primer tercio con dragones, vegetales, seres humanoides... filigranas de alguna manera; y el hecho de poder permitírselo hace saber que había poderío», explica De Miguel.

Investigación de la parroquia

En el siglo XVI los concejos que conforman la Alcaldía Mayor de Areria, entre los que se encuentra Itsaso junto a Arriarán, Lazkao y Olaberria, ya son independientes, contando con su propio alcalde, arca y justicia; sin tener que rendir cuentas al señor de Lazcano ni a las villas medievales. Esta independencia de arca se traslada directamente a la evolución arquitectónica de la iglesia, ya que a partir de ahí comienza a crecer. «De una iglesia gótica arquitectónicamente pequeña, pasamos a una ampliación importante llegando así al Renacimiento», explica la itsasoarra Pilare Muxika.

En el año 2013 los vecinos comienzan a hacer una labor de investigación en profundidad de la parroquia y de ahí surge la conciencia general de conservar este patrimonio, haciendo una solicitud a la Diputación en busca de financiación para poder llevar el proyecto a cabo. Tras cuatro años de conversaciones comienza la restauración, con un presupuesto de unos 105.000&euro de los cuales los vecinos esperan se subvencione algo más de la mitad.

Con el paso tiempo los 'libros de fábrica', documentos que certifican las autorías de las obras desaparecieron, pero en Itsaso se conoce que Juan de Lizarazu fue el autor gracias a un documento rescatado del archivo de Oñate en el que su viuda Ana de Areyzaga, en 1575, solicita la tasación del retablo. Fallecido su marido, quedaban por pagar 2.401 maravedís del encargo de Itsaso, solicitud que realizó la viuda y gracias a la cual se conoce que Lizarazu no solo fue el autor de las tallas del retablo, sino que fue también el encargado de pintarlo y dorarlo.

«Juan de Lizarazu está en su época, ha visto cosas de Diego de Siloé, es seguidor de Araoz... Es una persona cultivada que conoce el Renacimiento italiano y cuya impronta o 'caligrafía de la gubia' que personaliza cada talla es fácilmente reconocible entre sus seguidores», asegura de Miguel. En Gipuzkoa no contamos con más obras de Lizarazu lo que sin duda proporciona un valor añadido a ésta.

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