La bella 'Gipuzkoa brutalista'

Una muestra reivindica el valor de edificios de hormigón de los años 50 y 60, denostados en su día. Errege-Enea en Igeldo, la escuela Náutica de Pasaia, el colegio El Carmelo y el Balda, entre los ejemplos del estilo «brutalista» recuperados en el Koldo Mitxelena

Escuela Náutica de Pasaia. /
Escuela Náutica de Pasaia.
Mitxel Ezquiaga
MITXEL EZQUIAGASAN SEBASTIÁN

En su momento fueron considerados «feos» y hasta resultaron popularmente denostados por su estética hosca y fría, marcada por el hormigón. Pero medio siglo después son a su manera «patrimonio» y reflejo de una época. Una exposición recupera algunos ejemplos del llamado «estilo brutalista» en la geografía guipuzcoana. Edificios como Errege-Enea, la torre levantada en la falda de Igeldo, el colegio El Carmelo, la iglesia de la Sagrada Familia o el frontón Carmelo Balda, en Amara-Anoeta, y la escuela Náutica de Pasaia forman parte de la muestra.

La exposición forma parte de la bienal de Arquitectura Mugak y estará abierta hasta este sábado en el Koldo Mitxelena de Donostia junto a otras muestras de la programación de la bienal, como los premios de este año del Colegio de Arquitectos Vasco-Navarro. Alumnos de la Escuela de Arquitectura de San Sebastián han recuperado los materiales y realizado las fichas de la selección bajo la coordinación de su director, Juanjo Arrizabalaga, la colaboración de Jonathan Chanca y el estudio Atari y el respaldo de Italcementi Group-Cementos Rezola.

«El nombre de 'brutalismo' suena menos fuerte en italiano o francés», admite Arrizabalaga, que reconoce que el juego de palabras de 'Gipuzkoa brut', que bautiza la exposición, «quiere poner en valor lo mejor de ese estilo, honesto y fruto de un momento histórico: hay edificios realmente interesantes, aunque también es cierto que algunos constructores del momento aprovecharon esa circunstancia para construir más, más rápido y más barato».

Le Corbusier y Marsella

El 'brutalismo' es un movimiento arquitectónico que nace en Europa tras la Segunda Guerra Mundial. Su característica más significativa es el tratamiento de los materiales modernos sin pulir, ni refinar, explican los responsables de la muestra donostiarra. «El edificio que marca su inicio es la Unité d'habitation de Le Corbusier, construida entre 1947-1952, en Marsella. En esta obra el maestro suizo asumió que el hormigón armado no podía pulirse y pintarse para dar la falsa imagen de perfección que había mostrado en las décadas de 1920 y 1930. La solución fue dejar que el hormigón mostrase su piel rugosa, irregular y tosca, sin disimulos». Al mismo tiempo Le Corbusier completó sus investigaciones sobre un nuevo concepto de fachada, el 'brise-soleil', planteado como una celosía de hormigón superpuesta al cerramiento. «Con estos dos elementos, el brise-soleil y el acabado del hormigón sin pulir, ni pintar, el arquitecto consiguió crear un lenguaje para este material que le permitía expresarse sin complejos. El hormigón armado por fin hablaba su propio idioma, como la piedra o la madera», dicen los organizadores.

La exposición

Lugar
Koldo Mitxelena.
Cuándo
Hasta este sábado, día 9.
Datos
La muestra está encuadrada en la bienal Mugak. El KM presenta también los premios del Colegio de Arquitectos y la exposición 'Envejenzando'.

El segundo hito del 'brutalismo' fue el trabajo de Ludwig Mies van der Rohe en el Instituto Tecnológico de Illinois. En los edificios que proyectó para este campus norteamericano a partir de 1938 mostró la estructura de acero en la fachada. Luego llegarían más autores y ejemplos. «La expresión de la naturaleza del material abrió un territorio nuevo a la arquitectura, una sensibilidad más amplia hacia lo que podía ser bello. Hoy sigue siendo una de las más interesantes líneas de investigación de la arquitectura».

Una guardería en Pasaia

Y esa corriente llegó a Gipuzkoa. «Algunos de los edificios de la exposición entran de lleno en la óptica brutalista, como la guardería Pilar Izquierdo, de 1960, del arquitecto José María de Yturriaga en Pasaia San Pedro. Hay otros que se aproximan a esta nueva forma de expresión, aunque intentando no caer en el exceso y buscando una versión más comercial, como Errege-Enea. También los hay que pasan cerca de la corriente pero mantienen mucho de la época anterior, como el edificio de Hacienda en la calle Okendo (obra de José María Iturriaga de 1965) o la Sagrada Familia, en Amara, y los que se aproximan al brutalismo a través del expresionismo y el drama, como la iglesia de Arantzazu».

El recorrido de la exposición «no pretende ser exhaustivo, ni hacer inventario», dicen sus promotores. «No se han recogido todos los edificios que existen: hemos realizado una selección representativa de los que están en el centro de la nueva plástica y los que transitan por sus aledaños».

Un edificio de Le Corbusier en Marsella es origen de un estilo que llega de formas distintas a Gipuzkoa

Alumnos y profesores de la Escuela de Arquitectura han realizado la selección para la bienal Mugak

Errege-Enea, construido entre 1968 y 1971 por Félix Llanos Goiburu, polémico en su momento y a punto de ser derribado en 1976 por incumplimiento de la ordenanza urbanística. O el Instituto Xabier Zubiri-Manteo en Sagüés, de Luis Peña Ganchegui y Pedro Fernández Plaza (del año 1977), la sede de Kutxa en Igara (José Javier Uranga Uranga, 1978) o la urbanización Tontor Goxo, junto a la clínica Pakea y la ikastola Ekintza, en la falda de Igeldo, de Carlos Sobrini Marín y Javier Peñalba Ceberio en 1969. También el Banco de Santander de la Avenida de la Libertad (del año 1974, de Joaquín Muñoz Baroja y José María Chapa Galíndez) se muestra en la exposición.

El monumento al Aita Donostia, levantado en Agiña, en plena naturaleza, en 1956 por Luis Vallet de Montano y Jorge Oteiza, puede englobarse en el 'brutalismo' por su hormigón descubierto, al igual que el mencionado Santuario de Arantzazu, en 1955, según el proyecto de Francisco Javier Sáenz de Oiza, donde las esculturas de Oteiza cobraron al final un protagonismo especial. La torre de Vista Alegre en Zarautz, de Peña Ganchegui y Encío Cortázar en 1958, o la fábrica Victorio Luzuriaga de Usurbil, levantada en 1966 por la firma Técnicas Reunidas de Madrid, están en una exposición que apura sus últimos días.

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