El recuerdo de las amonas siempre es el más hermoso

Tres páginas de 'Estamos todas bien'./
Tres páginas de 'Estamos todas bien'.

Salamandra Graphic publica el homenaje a dos vidas anónimaspor parte de su nieta

ÓSCAR GOÑI SAN SEBASTIÁN

. Hay personas que cambian mundos. Por sus acciones, por las decisiones que adoptan, dejan fuera de pronóstico el alcance desmesurado de esos actos. No son vuelos de mariposa que quizás culminen en un tifón aunque, en realidad, la Historia de ninguna forma se habría escrito como tal es sin ellos. Probablemente, las amonas y los aitonas han protagonizado, y lo siguen haciendo, los aleteos más importantes, dentro de su falsa trivialidad.

Los muros de cada casa podrían contar qué hicieron durante años generaciones de abuelas, de esas que vivieron en épocas, por fortuna cada vez más lejanas, en donde el trabajo fuera del hogar estaba reservado a los hombres, mientras que el que realizaban ellas, escoba, plancha o sartén en mano, no se consideraba sino una ocupación menor.

No hicieron nada importante; seguramente muchas de ellas alguna vez lo pensaron e incluso lo verbalizaron. Lo que hicieron fue lo más difícil; puede que no cambiaran mundos. Lograron que continuaran latiendo.

En noviembre de 2017 se concedía el Premio Internacional de Novela Gráfica Fnac-Salamandra Graphic a 'Estamos todas bien', obra de la valenciana Ana Penyas (1987), elegida entre ciento dos obras para llegar a las librerías. Una joven autora diplomada en Diseño Industrial y licenciada en Bellas Artes, ganadora de varios galardones debidos a sus lápices y que, en la actualidad, centra sus esfuerzos en dos libros que supondrán la puesta de largo de la nueva editorial Cocoyoc.

La vida pasa

Maruja y Herminia, dos abuelas levantinas de la posguerra. Aunque provenientes de familias distintas, emparentadas a través del matrimonio de sus hijos. De clases sociales similares, con achaques parecidos y álbumes de fotos gemelos. Y con una misión fundamental tras haber alcanzado el objetivo de aquellos años, encontrar un marido para eludir el lacre de solterona: dedicar su existencia al cuidado de sus hijos y, por extensión, de su esposo y de quienes aparcasen en su piso.

Son las abuelas reales de Ana Penyas, quien repara en que, de todos los universos retratados en el cómic, el de la tercera edad es el menos dado a prodigarse. Hay excepciones, claro está, pero los ancianos no venden igual que los supertipos voladores, y es difícil convertirlos en centro de atención.

Aparentemente, 'Estamos todas bien' es un trabajo sencillo. Dentro de él no encontrará el lector algo que cause estupor o una emoción incontenible. Sí podrá, por el contrario, hallar escenarios comunes que no le resultarán ajenos, lugares que, con muy ligeras variantes, ha vivido o escuchado de conocidos. Las páginas discurren alejadas de estruendo, nada de personajes histriónicos. El reposo es el adecuado, más cuando los años son yunques que caen en parpadeos. Maruja y Herminia lo saben, y ya es demasiado tarde para cambiar lo que hicieron. Puede que lo hubieran dejado tal cual, pero la cuestión es que no pudieron elegir hacerlo.

Por fortuna, nada sugiere la autora que convierta a algún personaje de los que aparecen en los papeles secundarios en los malvados del vodevil, ni tampoco en los salvadores. La vida pasa, y al fin son las lentejas de la comida y la ropa que necesita un repaso de aguja e hilo los que sustituyen a los números en la esfera del reloj de la cocina. Las abuelas de Penyas no transmiten alegría, ni una ligera satisfacción por todo lo bien que lo hicieron. A lo sumo, una certeza de que pudieron ofrecer más y recibir más. Ahora que llega el momento de hacer recuento, esa idea es la que crece, la que cada vez pesa más, aumentada por la soledad. No absoluta; sus hijos no las han abandonado, por cierto, pero sus presencias siempre son escasas cuando han sido todo lo que había.

Y la autora lo cuenta con un empleo excelente de las armas del cómic. Su técnica narrativa está meditada por completo, ni una sola viñeta irrumpe por casualidad, o como puente suprimible. Trazos muy simples, y una utilización en absoluto casual de las texturas que conforman los bordados, manteles, suelos, paredes... Hasta las perspectivas son ficticias, pero encajan dentro de una estética bicolor de línea en ocasiones ausente. La lectura es, pese a lo que puede desprenderse, muy sencilla, entre otras cosas porque los diálogos son breves y destilados con cuentagotas, solo dignos de atención cuando son pronunciados por las dos abuelas. El resto, apenas líneas destinadas a dar pie a aquéllas.

'Estamos todas bien' se publica en formato apaisado, como los tradicionales facsímiles de la edad de oro del cómic español, aunque impreso con medidas distintas. Una solución oportuna, considerando la naturaleza de la obra. Salamandra Graphic cumple con creces las condiciones del Premio, porque la edición es cuidada y satisfará al aficionado.

«Me parece que he pasado toda la vida haciéndole puntilla a las sábanas», reza una de las abuelas, en conversación con la otra. Al menos en parte debió ser así, y el trasfondo de semejante sentencia no debería repetirse, en tanto en cuanto supusiera frustración.

Allí, en sus casas, quedan ambas ancianas. Como tantas otras. Un día no estarán. Y pasarán a ser el recuerdo más hermoso.

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