Reconstruyen otro crómlech en Aralar

El crómlech, antes de ser reconstruido, con muchas piedras rotas.
El crómlech, antes de ser reconstruido, con muchas piedras rotas.

Como ocurrió en Ondarre, parece que uno de los bloques del conjunto se usó más tarde como mojón de sel. El arqueólogo Joxan Mujika y el restaurador Giorgio Studer han recompuesto el monumento megalítico de Beaskinarte

FELIX IBARGUTXISAN SEBASTIÁN

El arqueólogo de la UPV/EHU Joxan Mujika y el restaurador Giorgio Studer han reconstruido en las últimas semanas el crómlech de Beaskinarte, en la sierra de Aralar, de la Edad de Hierro, monumento funerario con una antigüedad de alrededor de 2.500 años. Este trabajo se suma a otras reconstrucciones realizadas por Mujika y Studer en otros parajes de este mismo parque natural.

En Aralar existen tres tipos de monumentos funerarios: los dólmenes, de hace al menos 5.000 años, que albergaban cuerpos sin incinerar; las cistas, de hace unos 3.700 años, similares a dólmenes pequeños (o a kutxas/arcones) en el que se depositan uno o muy pocos individuos; y los crómlechs, algo más recientes, círculos de piedras espaciadas que en el centro albergan cenizas de los muertos.

Hace cinco años, Mujika y Studer recompusieron un menhir en Igaratza, que estaba tumbado y partido en dos. Unieron las dos partes y lo pusieron en pie, con la colaboración de miembros del Grupo Munibe de Azkoitia,como Juan María Arruabarrena, y de Lontxo Ugarte, introduciéndolo en el agujero que originalmente habían practicado. En ese entorno existían dos dólmenes que fueron excavados hace un siglo (descubiertos en 1916 y excavados 1923) por Telesforo Aranzadi y José Miguel Barandiaran. Luego, a lo largo de cuatro años, excavaron y reconstruyeron tres crómlechs y una cista en el paraje de Ondarre, y anteriormente dos cabañas de época romana en Argarbi. Esa es una zona de Aralar bastante más próxima a Ataun y Lizarrusti, y que ha resultado ser de una gran riqueza arqueológica.

Mujika eligió la zona de Beaskinarte -cercana a Igaratza- porque allí existe un sel con ese nombre, que aparece en al mapa del duque del Infantado, de 1740, instalado ahora en el Ayuntamiento de Ataun. «Luis Mari Zaldua lleva mucho tiempo investigando en torno a los seles y tanto a él como a nosotros nos interesa saber si hay un nexo, una continuidad en la gestión de los recursos ganaderos, entre los monumentos megalíticos y los mojones de los seles. Ya se vió en Ondarre que lo que había sido un mojón de sel, un 'haustarri' de la Edad Media, había sido anteriormente uno de los testigos de un crómlech», comenta Joxan Mujika.

Los trabajos en torno al crómlech de Beaskinarte se han desarrollado a lo largo de varios años. «Empezamos en 2012, con un pequeño sondeo junto a un pequeño bloque que interpretamos como un posible mojón de sel o 'haustarri', y aparecieron unos carbones, que datamos y resultaron ser de la Edad Media. Luego hicimos una cata en un bloque vertical algo mayor, situado a una docena de metros, en la que nadie había reparado. Finalmente era una estela funeraria -sin ninguna inscripción o grabado-, de fines de la Edad de Bronce, con una antigüedad de unos 2.700 años. Junto a ella se depositaron las cenizas de una persona incinerada y alrededor había trozos de cerámica correspondientes al menos a tres recipientes decorados con ungulaciones y acanalamientos», prosigue el arqueólogo.

Piedras fracturadas

Luego acometieron en la zona de la cumbre, el primer sondeo, donde se observaban varias piedras que formaban un círculo. Hay una docena de metros de distancia entre la estela y esa estructura, que ha resultado ser un crómlech. «Pensábamos que serían los restos de una cabaña, una choza de la Edad de Edad Media por las dos primeras dataciones. No estábamos convencidos de que allí hubiera un crómlech», comenta Mujika. «Al año siguiente, excavando en donde estaban las piedras que conformaban el círculo, vimos que en realidad algunas se trataban de piedras pequeñas que antes habían sido grandes y se habían ido fracturando, tanto longitudinalmente como transversalmente. Las piedras tenían ahora unas dimensiones de unos veinte centímetros de lado. Hicimos datar por C14 en los laboratorios de Beta (Miami) los carbones de la zona central, donde además recogimos también unos fragmentos de cerámica a mano, y nos dieron una antigüedad de 2.500 años. Y quedó confirmado que estábamos ante un crómlech». Además, parece confirmarse la reutilización de uno de los bloques del crómlech como mojón de sel, al igual que ocurrió en Ondarre.

«Pensábamos que serían los restos de una choza de la Edad de Edad Media, no un cromlech»

De esta manera se pretende que los bloques que conforman la estructura no se dispersen

Los crómlech son monumentos funerarios de la Edad de Hierro, compuestos por piedras dispuestas en círculo. En ellos se esparcían las cenizas de los fallecidos. En este caso, las piedras son de piedra arenisca, en unos casos rojiza, en otros verduzca, y en algunas zonas intercaladas unas y otras. En Aralar es mucho más frecuente la piedra caliza, pero a menos de un centenar de metros de Beaskinarte hay un afloramiento de areniscas.

«No hemos hecho una reconstrucción ideal del crómlech, sino simplemente hemos pegado los trozos de las piedras fracturadas, y las hemos colocado en un modo vertical, tal como estarían en la época en que se usó como zona de enterramiento», prosigue el arqueólogo. De esta manera se pretende que los bloques que conforman la estructura no se dispersen, perdiéndose para siempre. Además, se han restituido todas las tierras extraídas durante la excavación, devolviéndolas a su lugar. Se ha contado con la colaboración de una quincena de personas, entre alumnos de la UPV/EHU, y miembros de los grupons Munibe (Azkoitia) y Ezpilleta (Sakana).

Mujika también reconstruyó el dolmen de la Chabola de la Hechicera, en el municipio de Elvillar, en la Rioja Alavesa, junto a Javier Fernández Eraso, y las empresas Enviande y Petra. La intención era seguir reconstruyendo otros dólmenes en esa zona, pero el proyecto se frustró.

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