Pérez Iratxeta: «El objetivo es triplicar para 2019 lacifra de visitantes y llegar a los 40.000»

Pérez Iratxeta: «El objetivo es triplicar para 2019 lacifra de visitantes y llegar a los 40.000»
ARIZMENDI
Raúl Pérez Iratxeta (Director del Museo Naval)

El nuevo responsable del centro trae un proyecto que incluye el cambio de nombre, la reforma del edificio y otra línea de exposiciones

ALBERTO MOYANOSAN SEBASTIÁN.

Tras dejar la dirección de la factoría Albaola, Raúl Pérez Iratxeta encabeza el nuevo equipo que dirigirá en los próximo tres años la renovación del Museo Naval. Un proceso que comienza con el cambio de denominación a Museo Marítimo Vasco y que se extenderá a otros ámbitos del centro como la línea expositiva, la divulgación del conocimiento y la colaboración con otros centros. Además, el edificio cerrará al público unos cinco meses el próximo año para acometer algunas reformas en la accesibilidad y la confortabilidad del centro. El nuevo director se marca como objetivo triplicar en dos años el número de visitantes hasta llegar a los 40.000 anuales.

-Un cuarto de siglo después de su apertura, ¿qué déficits presentaba el museo?

-El edificio presenta un déficit evidente que requiere una nueva intervención, pero luego, más que un déficit de la etapa anterior, yo hablaría de modos de gestionar el patrimonio y el museo. Nosotros hemos presentado un modelo diferente, ni mejor, ni peor, y es el que queremos sacar adelante.

-Un modelo que parece que aún no está del todo definido, a la espera de las aportaciones de otras entidades y asociaciones.

-Bueno, no, está bastante definido a través de una propuesta técnica. Lo que pasa es que ahora hemos trazado unas grandes claves de por dónde vamos a funcionar y en la siguiente fase, la de definición del proyecto museológico, ahí sí que vamos a entrar a que los agentes culturales puedan refrendar la apuesta técnica con la que resultamos ganadores del concurso. El proyecto que presentamos a Diputación ya concreta qué tipo de exposiciones, cuándo realizarlas e incluso las define económicamente, pero es algo que no toca ahora.

-¿Qué línea seguirán las nuevas exposiciones?

-Vamos a hacer exposiciones en formato parecido, temporales, de entre cuatro y seis meses, y acordes con lo que esté sucediendo en ese momento en Gipuzkoa. Por ejemplo: del 2019 al 2022 se cumplen cinco siglos del viaje de Elcano y queremos que el Museo sea un partner muy importante de la fundación que se ha creado con este motivo, Elcano Mundubira 500. Pensamos que podemos ser un activo importante a la hora de ejecutar los proyectos culturales de esta fundación. Además, queremos aplicar una visión diferente al tratamiento del patrimonio, trabajando mucho la parte inmaterial, con un espacio específico dedicado a actividades y talleres, como las que hace Albaola en Pasaia. Queremos romper esa sensación de museo hermético para convertirlo en un centro que pueda programar actividades no sólo en su edificio, sino también en el puerto donostiarra.

-¿Cree que ha desarrollado una actividad demasiado ensimismada?

-Es un museo que ha tenido una parte muy importante de investigación y de conservación, y todo ese trabajo tenemos que proyectarlo ahora y ponerlo en conocimiento de la sociedad.

-El objetivo, ¿es atraer a un público que vaya más allá de los interesados por los temas marítimos?

-Sí, uno de los retos que tenemos es la ampliación de audiencias. Queremos que los mensajes y la comunicación del museo sea lo más didáctica y comprensible posible. Y atractiva. Los museos tienen un reto ante así: cómo llegar a la sociedad de ocio y consumo actual. Se están quedando muchas veces atrás, lo que nos obliga a ser mucho más empáticos con la sociedad mediante otros lenguajes y otros canales que nos permitan llegar a ella.

-¿Se asocia demasiado el término 'museo' al de 'aburrimiento'?

-Tienen esa imagen, es cierto. Y lo importante no es que la gente se divierta en el museo, algo fácil de conseguir, sino que la gente entre al museo. Ése va a ser el reto. Una vez que lo haga, el divertimento ligado al conocimiento es algo muy fácil de lograr.

-¿Qué presupuesto tiene actualmente el museo?

-Tiene dos presupuestos. Uno de gestión, dedicado a sueldos y mantenimiento, que ronda los 230.000 euros anuales. Y tiene otro para la ejecución de programas culturales, que se situaba hasta ahora entre los 40.000 y 50.000 euros.

«Queremos romper esa sensación de museo hermético y abrirnos también al puerto»

«El reto no es que la gente se divierta, algo fácil de conseguir, sino que entre al museo»

«La obra durará unos cinco meses y el coste en ningún caso superará los 300.000 euros»

«El término 'Museo Naval' decepciona a los visitantes, que encuentran otra cosa»

-¿Y cuál sería el necesario para funcionar correctamente de acuerdo con su proyecto?

-Depende. Es la pescadilla que se muerde la cola porque los ingresos de taquilla repercuten también en el programa cultural. Cuantas más entradas vendes más disponibilidad económica tienes para el programa de actividades. Tenemos que medir los indicadores: saber de dónde vienen los visitantes, qué opinan del museo, por qué no vienen los que no lo hacen... También tenemos que medir todos los parámetros económicos que podamos. Es muy importante para nosotros conocer el grado de satisfacción de la visita y el número de visitantes.

-¿Cuál es la cifra de visitantes?

-En lo que llevamos de 2017, el museo ha tenido 5.000 visitantes y esperamos cerrar el año con entre 10.000 y 15.000. Queremos que para 2019 hayamos triplicado las visitas actuales hasta llegar a las 40.000.

-¿Es factible que el museo logre autofinanciarse?

-No, los museos nunca se van a autofinanciar, pero sí es importante romper esa barrera de dar por hecho que como es un museo público ya tiene una asignación presupuestaria. La administración ya está haciendo esfuerzos para tratar de que los agentes sociales y económicos también trabajen impulsando la cultura y ahí está el programa Meta! Que este museo sea cultural no le exime de buscar una financiación, no sólo vía entradas, sino también a través de empresas, programas de responsabilidad civil o patrocinios.

-¿Piensa dar un nuevo impulso a las actividades escolares?

-Sí, tenemos previsto un programa escolar y queremos hacer trabajos conjuntos con el Aquarium y otros museos de la costa vasca.

-¿Se plantea acoger exposiciones producidas fuera de aquí?

-Sí. Trabajamos no sólo en las exposiciones de producción propia, sino también en las itinerantes. Y además, las exposiciones no tienen por qué ofrecer exclusivamente una visión histórica, sino que también intentaremos crear muestras de arte contemporáneo relacionadas con el mar o, como hacen otros centros, traer a artistas que puedan exponer sus obras.

-El cambio de nombre del museo, ¿responde a una necesidad o al deseo de marcar una nueva etapa?

-A una necesidad real. Por dos motivos: el término 'Museo Naval' confunde y decepciona mucho a los visitantes, que entienden que aquí se van a encontrar maquetas de barcos y cuando vienen con la exposición de los juguetes que tenemos ahora mismo no encuentran eso que buscan. Sienten cierta decepción y cierto desapego, pensando que no es realmente un museo naval. Y por otra parte, ese término acota mucho las líneas de trabajo de desarrollo cultural. Un paraguas más amplio nos viene mejor porque en el fondo el museo trabaja todo el rato sobre el patrimonio marítimo vasco, así que vamos a darle un nombre igual de amplio. Nuestro ámbito de trabajo es la costa vasca en su conjunto porque es el lugar en el que pasaban los hechos culturales que habíamos heredado como patrimonio.

-El edificio cerrará sus puertas al público a comienzos de año para las obras de remodelación. ¿Cambiará su aspecto exterior?

-No, no excesivamente. Evidentemente, cambiará la rotulación por cuestiones relacionadas el nuevo logotipo que vamos a desarrollar.

-Hay tres o cuatro planes arquitectónicos diferentes, cada uno con su presupuesto. ¿En qué cifras se mueven?

-Son cifras que no superarían los 300.000 euros.

-¿Y la duración de la obra, durante la cual el museo permanecerá cerrado al público?

-Unos cinco meses. Estamos pendientes de definir la obra con el servicio de arquitectura de la Diputación porque el edificio tiene un grado de protección en el Peppuc y tenemos que cuidar esas limitaciones, aunque también debemos mejorar las condiciones de accesibilidad y confort para que estén a la altura. Tiene limitaciones que debemos subsanar si queremos ser un museo de referencia.

-¿En qué se ha fallado para que la historia marítima vasca sea aún una gran desconocida?

-Probablemente, la gente del mundo de la pesca y del comercio marítimo ha estado muy cerrada en sus vidas, muy ensimismada, y el resto no hemos sabido apreciar ese valor. Y en la educación y la cultura no se ha transmitido ese conocimiento.

-¿Queda mucho por saber o, por el contrario, ya se sabe todo lo fundamental respecto a la relación de los vascos con el mar y lo que hace falta es más divulgación?

-Queda mucho por saber. Por ejemplo, a raíz del proyecto sobre Elcano se han hecho muchos descubrimientos sobre dónde se construyeron los barcos. De alguna manera, hay mucho por hacer y uno de nuestros proyectos más importantes es el vinculado con el patrimonio inmaterial, es decir, el intangible: la cultura, las costumbres, los oficios, las tradiciones orales, el euskera y el mar, la técnica, la tecnología -de las que se ocupa Albaola-... Ahí hay todo un mundo muy importante por investigar y, sobre todo, por divulgar.

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