Ramon Bosch: «Nadie puede garantizar que habrá libros en las bibliotecas del futuro»

«Creamos un espacio donde conviven todo tipo de ciudadanos y eso, en los tiempos que corren, es un valor altísimo»./LUSA
«Creamos un espacio donde conviven todo tipo de ciudadanos y eso, en los tiempos que corren, es un valor altísimo». / LUSA
Ramon Bosch, gerente de las Bibliotecas de Barcelona

«Si tenemos claro que nuestro negocio no son los libros, sino el conocimiento, las bibliotecas tenemos más futuro que nunca», afirma

ALBERTO MOYANOSAN SEBASTIÁN.

Gerente desde hace año y medio de las Bibliotecas de Barcelona, el filólogo Ramon Bosch (Tarrasa, 1963) pasó anteayer por Tabakalera para recabar información sobre el funcionamiento del centro donostiarra y, singularmente, de la biblioteca de creación Ubik. Con 40 centros a su cargo por los que a diario pasan 24.047 usuarios, Bosch defiende la transformación del concepto de biblioteca pública a lomos de los cambios de hábitos del usuario y admite que nadie está en condiciones de garantizar que en el futuro estos espacios alberguen libros. «Si tenemos claro que nuestro negocio no son los libros, sino el conocimiento tenemos mucho más futuro que nunca», asegura.

- ¿Por qué parece que se ha llegado ahora a un consenso por parte de las instituciones públicas sobre la necesidad de las bibliotecas de mutar?

- Porque la presión del mundo digital, que ha entrado de una manera definitiva en nuestras casas, ha llegado también a la biblioteca porque todo lo que pasa en el mundo, pasa también en estos centros. Y una revolución que ha afectado tanto a nuestra vida cotidiana no podía no a afectar a las bibliotecas.

- ¿Cómo han cambiado los usos de los ciudadanos?

- Donde se nota más es en el préstamo. Tenemos tendencia a la baja en la música, en audiovisuales también aunque no tanto, y en el libro se mantiene, con un ligero descenso.

- Sin embargo, el número de socios se mantiene. ¿A qué se debe este fenómeno? ¿Cada usuario lee menos que antes?

- Exacto. Cogen en préstamos menos documentos.

- Por la diversificación de las ofertas de ocio, se supone...

- Claro. Medio en broma, medio en serio, nosotros decimos que Netflix ha hecho mucho daño. Después de cenar, muchas personas leían un rato y ahora, en cambio, ven un capítulo de una serie y eso es una transformación de los hábitos culturales que cada vez está más clara.

- Pero, ¿tienen entonces futuro las bibliotecas públicas?

- Por descontado. Si tenemos claro que nuestro negocio no son los libros, sino el conocimiento tenemos mucho más futuro que nunca.

- En esa búsqueda de la utilidad, a veces parece que se transmite la idea de que leer es un tanto aburrido, pero que en una biblioteca se pueden hacer muchas otras cosas muy divertidas...

- Si se hiciese así sería un pecado, pero yo creo que no es el caso. Lo que se ha hecho es ampliar la oferta de las bibliotecas para captar nuevos públicos o diversificar el que teníamos. La misma persona que por la tarde está estudiando, puede estar por la noche en la presentación de un libro en un club de lectura.

«Hay que despejar el espacio; las salas llenas de estanterías tienden a desaparecer»

«Lo nuestro es el conocimiento y hay tanta cultura en un libro como en una guitarra»

- Con ese desembarco de lo digital, ¿ha perdido importancia el número de fondos disponibles en cada centro?

- Sí, eso ha abierto las bibliotecas. Hay que despejar el espacio sí o sí. Ésa es una de las cosas que tenemos claras en las nuevas bibliotecas que estamos inaugurando. Esas grandes salas llenas de estanterías tienden a desaparecer. Si tú vas a una librería, lo primero que ves es que los libros no están puestos, sino expuestos y nosotros tenemos que copiar de los que se ganan la vida en eso. Lo que tenemos que hacer es exponer bien los libros porque cuando lo están salen mucho más.

- O sea, que el interiorismo gana importancia.

- Esa biblioteca que conocimos de pequeños se tiene que mantener, pero los espacios se tienen que hacer más diáfanos. Se tienen que ver las portadas, que para eso hay diseñadores que las hacen, y no se tiene que ver el lomo. Los libros tienen que entrar por muchos sentidos y también por la vista.

- Hablamos de bibliotecas públicas en general, pero ¿hasta qué punto es importante el entorno en el que se sitúa cada una de ellas?

- En nuestra red de bibliotecas, las tenemos divididas en dos tipos: las de distrito, que son como bibliotecas centrales y para un público mucho más habituado a leer, y las de proximidad, que están mucho más arraigadas a su territorio, trabajan con los agentes sociales y culturales del barrio, y hacen mucha más labor de captación del lector.

- Buena parte de los usuarios son personas de cierta edad, refractaria a todos estos cambios.

- Bueno, las bibliotecas se han convertido para sus usuarios en un tercer espacio, tras el laboral y el doméstico, a donde vas a ejercer actividades relacionadas con tu crecimiento personal y eso está muy arraigado en tu forma de vida. Entiendo que a las personas acostumbradas a ir a, por ejemplo, al Koldo Mitxelena se les haga muy duro que cierre dos años por obras.

- Sin embargo, componen el grueso de los usuarios.

- Nosotros tenemos estudios que reflejan que un 60% de nuestros usuarios no tenemos ni idea de a qué vienen. Sí tenemos intuiciones. No usan wifi, ni hacen uso del servicio de préstamo, así que no tenemos datos sobre qué está haciendo ahí. Claro que sabemos que la gente mayor lee la prensa o revistas y que mucha gente joven la usa para estudiar.

- ¿Preocupa la existencia de ese tipo de público?

- En absoluto, al contrario. Lo importante es que haya tráfico de gente. Lo más importante y lo que nos diferencia de otros equipamientos, como los centros cívicos, es que la gente puede venir a pasar la tarde en la biblioteca. Puedes venir porque hace frío y ahí se está bien, coges un libro o una revista y pasas la tarde. Es nuestra contribución a la cohesión social. Hemos creado un espacio donde conviven todo tipo de ciudadanos y eso, en los tiempos que corren, es un valor altísimo. Tenemos desde estudiantes que hacen la tesis doctoral hasta jubilados. O indigentes que vienen porque el wifi es gratis y pueden usar su teléfono móvil.

- Los responsables de estos centros dan casi por perdida la franja de edad de los jóvenes, los estudiantes.

- En las bibliotecas de Barcelona eso lo estamos trabajando mucho porque es verdad, pero también lo es que estamos condenando a los adolescentes a pasar de la sala infantil a la de adultos sin solución de continuidad. No tienen un espacio propio y cualquiera que haya convivido con un adolescente sabe que lo que menos le gusta es estar o con sus hermanos pequeños o con sus padres. Tenemos un par de bibliotecas con planes piloto y la próxima que inauguraremos ya cuenta con un espacio propio para adolescentes, con ordenador, con libros que les pueden interesar e incluso un mobiliario particular.

- ¿Cómo se mide el éxito de una biblioteca? ¿Número de socios, de usuarios, de préstamos...?

- Un poco por todo, pero también va en función de en qué territorio está y cuál es la misión que tiene. Por ejemplo, tenemos una biblioteca en el barrio del Buen Pastor, en el distrito de San Andrés, y la responsable nos dice: «Mi principal misión es apartar a los chicos del mal, de la calle, de la plaza en donde tienen malas influencias, y hacerlos entrar en la biblioteca. Una vez dentro, ya me preocupo de que hagan lo que quiero que hagan». Y diseña actividades atractivas, que en otros centros de la ciudad me resultarían extrañas, como talleres de cajón flamenco, por ejemplo. Unos no vuelven, pero otros se quedan y eso tiene un valor social altísimo.

- En Ubik te puedes encontrar una impresora en 3D, una guitarra, un bajo y una batería...

- Si tiene espacio, me parece muy bien. Mientras tengamos claro que nuestro negocio es el conocimiento y garantizar el acceso a la cultura de los ciudadanos, tanta cultura hay en un libro como en una guitarra. Si convive con los espacios de silencio me parece estupendo, como me lo parece que haya un lugar para que puedes probar una gafas 3D antes de comprártelas. El futuro va por ahí. Tal y como va de rápida la tecnología, tenemos que ser los garantes de que una parte de la ciudadanía va a tener acceso a ella.

- ¿Qué importancia tienen las actividades paralelas?

- Fundamental, porque el futuro pasa por apostar por actividades ligadas a la lectura, al conocimiento, y a la divulgación científica o tecnológica.

- ¿Va a ser el libro el gran perdedor de esta transformación?

- Yo creo que no, pero la pregunta fundamental sobre el futuro no la puedo responder y es: ¿tendrán libros las bibliotecas del futuro? Nadie puede garantizar a eso ahora. Yo creo que sí porque no me imagino leer poesía de Gabriel Celaya o Garcilaso en un formato digital. Otra cosa es la mezcla de vídeo, música y poesía, pero esto ya es otro género literario.

- ¿Estamos ante la última generación de escritores que se forjaron en las bibliotecas públicas?

- Quiero pensar que no. Para mí la biblioteca seguirá ejerciendo una función porque sí es verdad que la información se encuentra al alcance de todo el mundo en la red, pero alguien te tiene que enseñara a discriminarla y a formar tu gusto literario.

- ¿El bibliotecario?

- El bibliotecario... o el que esté en la biblioteca. Otra de las cosas que nos tenemos que plantear muy seriamente es si aquí sólo tiene que haber bibliotecarios o tenemos que diversificar nuestra oferta profesional.

- ¿En qué sentido?

- Por ejemplo: educadores sociales, monitores que ayuden a hacer los deberes a los chicos, especialistas en Psicología infantil...

- ¿Abdican ya las bibliotecas de inculcar el gusto por la lectura?

- En absoluto. La parte principal de nuestra actividad son las presentaciones de libros y los clubes de lectura. El fomento de la lectura está en nuestro ADN y lo vamos a mantener.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos