«Quieren un arte adormecedor»

Los creadores vascos arremeten contra la retirada de la obra de Santiago Sierra y denuncian una regresión en el terreno de la libertad de expresión

«Quieren un arte adormecedor»
EFE
A. MOYANO Y B. OLAIZOLA

No se puede decir que la ‘invitación’ de Ifema a retirar de ARCO la obra de Santiago Sierra ‘Presos políticos en la España contemporánea’ hay cogido por sorpresa a los artistas vascos. En lo que es únánimente interpretado como un ejercicio de «censura en toda regla», varios creadores consultados por este periódico enmarcan el veto a este obra como un signo de los tiempos, en «un clima de involución» de las libertades. «Inquisitorial», «salvajada», «impresentable» o retroceso a niveles alarmantes» son algunas de las calificaciones que merece la polémica decisión de Ifema, en opinión de los artistas.

Andrés Nagel, escultor

«Lo veo absolutamente impresentable»

En opinión de Andrés Nagel (Donostia, 1947), «vamos hacia atrás. Hay una censura increíble, metiendo el miedo a la gente para que no se diga nada». El escultor donostiarra se muestra indignado, no sólo con la retirada de la obra de Sierra, sino también con la condena a prisión del rapero Valtònyc. «Una cosa es que estés de acuerdo o no con una obra de arte o con una canción, pero lo que no puede ser es esto que está pasando, que me parece absolutamente impresentable».

A juicio del escultor donostiarra, «todo esto comenzó a mediados de los noventa y ha ido a más, muchas veces, con la connivencia de los propios artistas, que estaba n muy contentos porque la Administración facilitaba exposiciones y subvencionaba proyectos». El artista considera que «lo que se expone está dirigido por los museos, como el Reina Sofía y otros. Es el arte oficial, el que los gobernantes quieren que sea vea». El resultado, en su opinión, es la proliferación de «un arte adormecedor, que es el que quieren». En el caso de Arco, apunta: «La purga de galerías que la Feria realizó hace unos años era en realidad una purga de artistas: ‘Si traes la obra de determinado creador no vuelves’. Y ahora, que retiren una obra expuesta ya me parece absolutamente impresentable, no hay derecho», señala , antes de recordar la doble moral de unos dirigentes políticos que «cuando ocurrió lo de ‘Charlie Hebdo’ todos los políticos asistieron a la manifestación de París porque, claro, lo que ocurre en Francia no les afecta».

Esther Ferrer, artista

«Hay una moralina que destiñe por todas partes»

La artista donostiarra Esther Ferrer recuerda que «durante el franquismo la gente se provocaba sola ante cosas que nunca habían visto, pero era su problema. Hoy en día va más allá, es una verdadera estupidez». Respecto a la retirada de la obra de Sierra, «tendría que verla personalmente, pero estoy en contra de la censura. Me parece absurda». Una decisión que atribuye al «retroceso en el que vivimos» en una época dominada «por la moralina que destiñe por todas martes. Es una falsa moral, una moralina». Ferrer (Donostia, 1937) reconoce que a lo largo de su carrera no ha tenido «problemas con la censura y si los he tenido, no me he enterado, más allá de los problemas que encuentra cualquier persona» y considera que «esto nos es un problema para los artistas, sino para los ciudadanos». La artista donostiarra concluye:«Son tiempos de regresión en todos los sentidos. Hay una reacción que se está imponiendo en estas dictaduras disfrazadas de democracias».

Koldobika Jauregi, escultor

«La función del artista es no callarse y rebelarse»

«La función del artista es no callarse, rebelarse y seguir dando su opinión». Así lo expresa el escultor Koldobika Jauregi (Alkiza, 1959), quien considera la situación «infantil en el peor sentido del término» en lo que a la libertad de expresión se refiere. Jauregi también extiende su denuncia del caso de Santiago Sierra a otros, como el del rapero condenado a tres años y medio de cárcel. «Estamos como en los viejos tiempos. Empezaron con Cataluña y a partir de ahí les dio el subidón. Y ahora ya van contra todo: la política, la cultura... Los que están detrás de esto son una gentuza y lo que están haciendo es una salvajada».

Al escultor tampoco se le escapa que en esta situación, «muchos artistas intentan dar el cante con sus obras para que se fijen en ellos, de hecho, he escuchado que Sierra ya había vendido su obra censurada por 80.000 euros, es decir, la tontería va a la par, pero bueno, eso es otra cosa». Jauregi, que «tenía dieciséis años cuando murió Franco, por lo que ya lo he conocido todo», admite que a la hora de crear «sí te afecta, sobre todo cuando tocas determinados temas más sensibles» y en este punto cita su escultura en Durango de homenaje a los homosexuales represaliados durante el franquismo o el monolito de la plaza de Zizurkil en recuerdo al militante de ETA Joxe Arregi fallecido en Carabanchel tras nueve días en régimen de incomunicación. «Yo quería estar al margen de estos temas», señala Koldobika Jauregui. «El mundo del arte ha cambiado radicalmente. Antes podíamos juntarnos por algún motivo. Ahora, el que se meta en un lío ya sabe que va él solo», concluye.

Jesús María Cormán, pintor

«Me pareció más salvaje el ‘Franco’ congelado»

El pintor donostiara Jesús María Cormán no oculta cierto desconcierto ante el signo de los tiempos. «Hemos llegado a un punto en el que hagas lo que hagas siempre hay alguien con lo considera ofensivo». En el caso de la obra de Santiago Sierra, Cormán (Donostia, 1966) señala que «tampoco me parece una pieza tan transgresora e hiriente. Que se diga que son presos políticos, cuando realmente lo son, se podrá leer en clave de provocación, pero al final, no deja de ser un reflejo de la sociedad y un artista tiene puesto el receptor para hacer eco de lo que ocurra». En este sentido, «me pareció mucho más salvaje cuando se puso la obra con Franco congelado».

El pintor donostiarra, que expone estos días en Bergara la muestra ‘La mirada bífida’, lamenta que estemos «retrocediendo a pasos agigantados hasta puntos preocupantes. Se habían conseguido muchas cosas en material social, política, artística, en torno a la libertad de expresión en general, pero ahora de repente parece que todo es pecado». En este sentido, critica también la censura en redes sociales, «en donde si enseñas una teta, aunque sea dando de lactar, Facebook te retira la imagen. Estamos llegando a niveles preocupantes», advierte.

Dora Salazar, escultora

«Es como volver a la época de la Inquisición»

La escultora navarra Dora Salazar cree que lo ocurrido en ARCO es un reflejo de un clima de involución de las libertades. «Lo veo como una cosa de la Inquisición, hay una regresión que está cuestionando muchos de los avances que se habían conseguido en el pasado. Se ven episodios de censura que parecen sacados de un estado de excepción». La creadora navarra sostiene que episodios como el de ARCO sacan a la luz la fragilidad del sistema en el que vivimos. «Hay una presión para contener cada vez más fuerte. Se produce una censura pura y dura, la estamos viendo en muchos sitios. Parece que vivimos en una sociedad con una serie de libertades pero está todo en precario, muy en precario». En su opinión, la crisis económica ha sido la excusa para un recorte de las libertades. «El miedo se utiliza para justificar políticas regresivas de todo tipo, se ve hasta en la desproporción que hay entre presos comunes y presos políticos, la ideología está perseguidísima mientras hay tolerancia con otras faltas que son mucho más graves. Muchas veces no hay por dónde coger el sistema que hemos organizado». Dora Salazar destaca además que «la retirada de la obra de Santiago Sierra ha tenido el efecto contrario, se ha vendido rapidísimo, una pieza que probablemente hubiese pasado desapercibida está ahora en boca de todo el mundo».

José Mari Lazkano, pintor

«Es censura pura y dura, sin matices»

OEl pintor bergarés Juan Mari Lazkano se muestra también muy crítico ante la retirada de la obra de Santiago Sierra. «Es un clarísimo acto de censura», dice categórico a modo de introducción. «La libertad de expresión es un derecho fundamental no solo de los artistas, sino de todos los ciudadanos. Si nos ceñimos al ámbito del arte soy de los que piensan que la libertad de expresión no debería tener ningún tipo de fronteras. Cuando visiones políticas determinan qué tipo de cosas se pueden o no exponer estamos ante un acto de censura en toda regla por mucho que se intente disfrazar con palabras más o menos amables». El artista guipuzcoano expresa su rotundo apoyo a Santiago Sierra y a sus denuncias. En este sentido, asegura que «más allá de su trayectoria artística, Santiago Sierra tiene todo el derecho a exponer su obra sin cortapisas de tipo político o ideológico». Yañade: «Me solidarizo totalmente con su posición en el sentido de que ha sido un acto de censura, así, sin matices, censura pura y dura». Episodios como el de ARCO socavan a su juicio la credibilidad del sistema democrático. «Sucesos así cuestionan que vivamos en plenitud democrática. La realidad se refleja más en los hechos que en los dichos y lo que estamos viendo pone en entredicho ese supuesto clima de plenas libertades. Son pequeñas gotas como la condena a un cantante por sus letras, un libro retirado del mercado, ahora la retirada de la obra de un artista... Son episodios aparentemente aislados pero que nos dan una idea de que existe un manto de involución que se va extendiendo por el mundo de la cultura, que mina la libertad de expresión y de pensamiento». Ese clima, añade Lazkano, allana el camino a la autocensura. «El mayor riesgo de todo esto es que poco a poco seamos nosotros mismos los que ejerzamos una especie de autocensura, ese es el gran problema, que uno mismo se aplique la censura sin necesidad de que venga de arriba, aunque quiero creer que la inteligencia y dignidad de los artistas prevalezcan sobre esa atmósfera que nos envuelve».

Manu Muniategiandikoetxea, pintor

«Es tan torpe que parece una cortina de humo»

El artista bergarés Manu Muniategiandikoetxea cree que la obra retirada de la obra de Santiago Sierra se inscribe en su línea de trabajo. «Es un artista al que le gusta provocar, elige la esquina política más sensible en función de la actualidad y trabaja en ella». Los retratos pixelados que están en el centro de la polémica constituyen en ese sentido una obra bastante previsible para los que conocen su forma de trabajar. «A mí desde luego no me han sorprendido nada, son retratos en blanco y negro que están a medio camino entre los carteles policiales y las fotos de los periódicos». Lo que sí ha sorprendido al pintor y escultor bergerés es «la torpeza» de la maniobra que ha dejado fuera la obra. «Está claro que el que ha metido la pata ha sido el que ha pedido a la galerista que retire la obra, pero es una maniobra tan torpe, tan tercermundista que me da por pensar que oculta algo por detrás, que es una especie de cortina de humo para ocultar otros tejemanejes», asegura Muniategiandikoetxea.

Más

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos