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Cartel de 'El renacido'. / Archivo

Más allá del Missouri

  • Robusto 'tour de force' visual realizado por el cineasta azteca Alejandro González Iñárritu, 'El renacido' es una fábula fronteriza que deja una lección moral: jamás se entra por la violencia dentro de un corazón

La venganza es más dulce cuando se sirve fría. Esta frase viene que ni pintada en relación con 'El renacido': Robusto 'tour de force' visual realizado por el cineasta azteca Alejandro González Iñárritu, centrado esta vez en la venganza perpetrada por Leonardo DiCaprio contra una banda de tramperos, situada en el noroeste de Estados Unidos, más allá del río Missouri. Las salvajes secuencias de acción que vienen a continuación no se detienen en ningún momento, a pesar de los elementos místicos puestos en juego en la segunda parte de la película, donde un uso indiscriminado de las nuevas tecnologías marca la pauta.

La película incide en un tema muy común en el cine americano, el del hombre en misión de venganza, tan frecuente en verdad que valdría la pena intentar un estudio detallado de los motivos. Pero, al contrario de los filmes cuyo objetivo es describir cómo un cierto individuo busca salida en la violencia, el director no utiliza la coartada clásica de arrancar en la normalidad, puesto que desde un principio se esfuerza en mostrar la rapiña de unos personajes inmersos en una naturaleza digna de los palpitantes paisajes descritos por el novelista James Oliver Curwood ('El rey de los osos').

Colonos blancos e indios arikaras se enfrentan en una lucha sin cuartel, sorprendidos por el fantasma del 'revenant': un muerto que reaparece para aterrorizar a los vivos. A partir de ahí, la ferocidad de algunas secuencias, centradas en la supervivencia, son recreadas por el desmelenado Alejandro González Iñárritu y su arriesgado camarógrafo Emmanuel Lubezki con indiscutible garra. A pesar de algunas concesiones al tremendismo, cuyo máximo exponente puede ser la lucha a vida o muerte que mantiene un despavorido Leonardo DiCaprio con un majestuoso oso grizzly. Sin embargo, la lección moral de esta fábula fronteriza es que jamás se entra por la violencia dentro de un corazón.