Los paraguas de los Goya

Los paraguas de los Goya

BEGOÑA DEL TESO

A las 02.11 de este domingo 4 de febrero a los escasos 400 segundos del término (o liquidación absoluta por derribo) de la inenarrable, insulsa, insufrible, inodora, incolora, insalvable, inservible, incapaz, incapacitada y casi inexistente gala de los Goya donde nadie dió las gracias de nadie, los abanicos rojos eran de pega, las reivindicaciones tonterías y hasta la Paredes estuvo insustancial, nuestro adorado, reverenciado e imprescindible Zinemaldia ya mandaba el merecido correo electrónico en el que reivindicaba que fue aquí, entre el Principal, el Príncipe, el Victoria Eugenia y el Kursaal y en esos imprescindibles días de septiembre donde y cuando por primera vez se vieron la gran mayoria de las películas que aportaron sustancia a ceremonia tan sin fundamento.

Impresiona y enorgullece comprobar que nosotros las vimos primero porque el Zinemaldia las eligió primero: Handia, por supuesto. Pero también El Autor. También Muchos hijos, un mono y un castillo. Sin olvidar cuánto se defendieron aquí Una mujer fantástica, The Square, Estiu 1993 y cuánta locura de la bonísima generó La llamada

A las 11.30 de la mañana de este domingo 4 de febrero Jon Garaño, que nació al cine (+ -) sobre las tablas del Victoria Eugenia en distintos festivales de Cine y Derechos Humanos con títulos como FGM o Asamära esperaba en el aeropuerto de Londres el avión que le llevaría a California. Allí, en Santa Bárbara, Handia será una de las gigantescas atracciones de su festival que este año rinde preciado homentaje a Gal Gadot, Guillermo del Toro y otros seres de purísimo celuloide. Jon había abandonado las celebraciones, las fiestas y los abrazos y salido volando hacia Heathrow mientras Eneko Sagarduy se retiraba a sus aposentos y dejaba el Goya cabezón y deseado en la mesilla de noche. A las 11.50 horas de este domingo su madre, Nerea Mujika, presidenta de Gerediaga Elkartea, organizadora de la monumental Durangoko Azoka, referente de la literatura y también del cine vasco, no tenía noticia precisa de por dónde andaba este actor que en el fabuloso Errementari de Paul Urkijo es un pobre demonio al que casi todo le sale mal.

La sustancia de los Goya estaba lejos de aquel escenario tontorrón donde, nobleza obliga a decirlo, los chicos llegaron a robarles protagonismo a las chicas en cuestión de vestuario. Más alla del divino Teresa Helbig de Macarena García o el inmaculado Versace de Pé, no se vió nada parecido al Palomo Spain sin camisa que llevaba el valientísimo Eduardo Casanova o las americanas sorprendentes, arriesgadísimas y guapísimas de Los Javis.

Los autores de Handia, ese mal/bien herido por el Cinematógrafo que es Aitor Arregi y esa criatura humana nobilísima que es Garaño, más la cada vez más potente productora Moriarti perdieron los Goya a la mejor dirección y la mejor película por no ser del sexo conveniente en estos momentos. Pero tranquilidad, hasta en La Librería está representado el universo vasco: los paraguas escogidos por los directores de producción y arte y la encargada de vestuario (Llorenç Miquel, Marc Pou y Mercè Paloma) se hacen, a mano, en el barrio Garibai de Oñati. Son Ezpeleta. Desde 1935.

Así ha pasado todo. Y seguirá pasando pues Handia ha sido elegida para representar a la nación en los premios Ariel del Cine Mexicano.

Por cierto, aunque en las listas enviadas a los medio no aparecen sus nombres (costumbres viejunas, pardiez) el mejor corto de animación, Woody and Woody está dirigido, sí, por Jaume Carrió pero también es obra de Laura Gost. Y el impresionante Madre, mejor corto de ficción de Rodrigo Sorogoyen, autor de Que Dios nos perdone, lo firma igualmente la directora finlandesa Jenni Kivisto. Menos abanico y más atención a los pequeños detalles no estaría mal. Para empezar.

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