Posteguillo reúne a autores que hicieron de la guerra y la miseria su inspiración

Posteguillo reúne a autores que hicieron de la guerra y la miseria su inspiración

ELENA SIERRA SAN SEBASTIÁN.

Emecheta. ¿Buchi Emecheta? Mujer, nigeriana, huérfana de padre a los 9 años, casada a los 16, madre de cinco hijos a los 22, emigrada a Londres, apalizada día sí y día también por su marido -estudiante universitario-, trabajadora incansable dentro y fuera de la casa. Su refugio fue la escritura. El día que su marido quemó ante sus ojos, una por una, todas las hojas del manuscrito que llevaba años arrancándole a la rutina, cogió a los críos y se marchó. Su infierno particular la empujó a sacarse una carrera mientras criaba a sus cinco hijos sola y seguía escribiendo. Ahora es autora de numerosas novelas y ha recibido la Orden del Imperio Británico.

La historia de Emecheta la cuenta Santiago Posteguillo, el autor de novelones sobre el Imperio Romano como las que componen 'Africanus' y 'Trajano', en 'El séptimo círculo del infierno. Escritores malditos, escritoras olvidadas' (Planeta). «El infierno es una excusa para llamar la atención... Porque si lo titulo 'Más lecturas que te recomiendo' no se van a acercar», se ríe. Como ya hizo en los volúmenes 'La noche en que Frankenstein leyó el Quijote' y 'La sangre de los libros', rebusca en la historia de la literatura. En esta ocasión la imagen del infierno era perfecta, porque los autores y autoras que menciona vivieron verdaderos dramas.

El caso de Kertész

Abandonos, cárceles, persecuciones políticas, discriminación, pobreza, enfermedad, pérdidas de seres queridos... Muchos supieron, saben aún, reconvertir el sufrimiento en literatura. Lo hizo Emecheta, uno de los casos que más le gusta a Posteguillo -«la mejor escritora de África», sostiene-. También resalta el del Nobel Imre Kertész, «que fue capaz de contar en 'Sin destino' su paso por los campos de exterminio nazis cuando era adolescente y de hacerlo de una forma corta, aséptica, hasta con humor y desde una perspectiva ingenua».

Lo que vivió el ruso Mijaíl Bulgákov le parece a Posteguillo alucinante: pasó de ser el favorito de Stalin a atreverse a escribirle al dictador soviético que la libertad de expresión estaba por encima de todo y que su deber como escritor era denunciar la censura. Sor Juana Inés de la Cruz, la monja mexicana que se carteaba con Newton y a la que la Iglesia mandó callar -«¡qué pedazo de mujer!»-; o Vera Caspary, la guionista de Hollywood a la que la Caza de Brujas dejó sin trabajo, forman parte de la treintena de casos que recoge el libro.

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