Plácido domingo: «Esta maravilla va para mi madre»

Un emocionado Plácido Domingo dirigió al Orfeón un intenso ‘Réquiem’ en honor a Pepita Embil

Plácido Domingo y su esposa saludan al lehendakari y su esposa, Lucia Arieta-Araunabeña, Goia y Olano, y también al alcalde de Getaria, Nikanor Lertxundi /LOBO ALTUNA
Plácido Domingo y su esposa saludan al lehendakari y su esposa, Lucia Arieta-Araunabeña, Goia y Olano, y también al alcalde de Getaria, Nikanor Lertxundi / LOBO ALTUNA
MITXEL EZQUIAGA

Fue un homenaje sobrio y sin palabras. Solo la música del prodigioso ‘Réquiem’ de Verdi y los gestos de Plácido Domingo recordaron que la noche estaba dedicada a la cantante Pepita Embil, madre del tenor. Cuando la ovación del público que llenaba el Victoria Eugenia selló la actuación, Domingo dirigió la mirada y la mano al cielo, insistiendo en que era la memoria de su madre, de cuyo nacimiento se cumplen cien años, la que nos reunía allí.

Se habían preparado más condimentos para esta noche mágica, pero el tenor prefirió dar protagonismo al ‘Réquiem’ y a los artistas: un Orfeón Donostiarra con el que tuvo numerosas muestras de cariño en escena, la Orquesta Sinfónica Verum, asentada en Castilla y con un excelente nivel pese (o gracias a) la juventud de algunos de sus componentes, y los cuatro solistas, que emocionaron con el poderío de sus voces: la soprano Ana María Martínez, la mezzo Nancy Fabiola Herrero, el tenor Arturo Chacón y el bajo-barítono Nicholas Brownlee.

Plácido Domingo dirigió con pasión los más de 75 minutos de la obra de Verdi desde el estrado del Victoria Eugenia. El escenario del viejo teatro recordaba sus años dorados, con la nutrida presencia de los orfeonistas y los músicos de Verum. Desde que se inauguró el Kursaal los conciertos de gran formato se celebran en el auditorio, pero este jueves el Victoria Eugenia volvió a acoger una gran orquesta y una gran coral sobre sus tablas, en una conexión directa con un público que premió con grandes ovaciones, y muchos espectadores en pie, la interpretación de la partitura de Verdi. El tenor y los cantantes salieron repetidamente a saludar. Domingo, emocionado, señalaba al cielo en memoria de Pepita Embil. «Esta maravilla va para mi madre», susurró a quienes le esperaban en los camerinos

El cantante y director de orquesta había acudido a la cita del Victoria Eugenia rodeado su extensa familia. Su esposa Marta Ornelas, sus hijos y numerosos primos y parientes, muchos de ellos guipuzcoanos por la vía Embil, quisieron estar presentes en una noche especial. Antes de la actuación la familia Domingo departió en los palcos con la amplia representación institucional que presidió el homenaje. El lehendakari Iñigo Urkullu con su esposa, Lucia Arieta-Araunabeña, la presidenta del Parlamento Vasco, Bakartxo Tejeria, el diputado general de Gipuzkoa, Markel Olano, el alcalde de Donostia, Eneko Goia, el alcalde de Getaria, Nikanor Lertxundi, el consejero de Cultura, Bingen Zupiria, el diputado foral Imanol Lasa y el concejal Jon Insausti.

El tenor estuvo cariñoso con todos, pero dijo sentirme especialmente complacido por la presencia del lehendakari y del primer mandatario de Getaria, donde nació su madre hace un siglo. El presidente del Orfeón Donostiarra, José María Echarri, y su director, José Antonio Sainz Alfaro, también saludaron a la familia Domingo, al igual que Josean García, presidente de la Asociación Lírica Sasibill, que ha sido ‘alma mater’ de este doble homenaje junto a Manuel Cabrera, Emecé. Sasibill ofreció el miércoles una conseguida representación de ‘Sor Navarra’, obra tan vinculada a la historia de Pepita Embil y los Domingo.

La primera idea de la asociación lírica era que su coro hubiese compartido escenario con Plácido Domingo para cantar un fragmento de ‘Sor Navarra’ con él. El tenor prefirió la fórmula de interpretar al final del concierto una romanza de la zarzuela con la artista que fue protagonista en la función del miércoles, Ximena Agurto, soprano de origen peruano pero afincada en Barcelona desde hace años y exalumna de Domingo. Pero finalmente, aunque la cantante estaba preparada, el tenor prefirió cerrar la noche con el propio ‘Réquiem’ y no hubo guiño a ‘Sor Navarra’.

Fue una pena. Porque junto a Ximena iba a salir a escena Josean García para entregar a Plácido Domingo la placa que nombra a Pepita Embil presidenta de honor de Sasibill a título póstumo. Dicen los responsables de la entidad que «no hay figura que represente mejor el nexo entre Gipuzkoa y la zarzuela que Pepita Embil». Aunque la placa no pudo entregarse en el escenario, el nombramiento queda ahí.

Directo desde París

Verdi escribió este ‘Réquiem’ en 1873 en memoria de su amigo Alessandro Manzoni, fallecido ese año. Como recordaba este jueves el programa de mano, se ha dicho de esta obra, en un juego de palabras, que es «la mejor ópera de Verdi» o «una música sacra irreverente». Este jueves pudo comprobarse de nuevo que conmueve más allá de las etiquetas.

Domingo había llegado a San Sebastián a mediodía, procedente de París, donde ha interpretado estos días ‘La Traviata’. Esa cita en la ópera de La Bastilla fue la que le impidió asistir el miércoles a la representación de la zarzuela ‘Sor Navarra’ en el mismo Victoria Eugenia. Sí presenció la función que recupera la obra compuesta por Federico Moreno Torroba el hijo mayor del tenor, José Domingo. Estos dos días el coliseo donostiarra ha mostrado en unos paneles fotografías de Pepita Embil, así como uno de los trajes que vistió en su época la coral Eresoinka, de la que formó parte.

Tras las emociones vividas en el teatro, autoridades, artistas y Domingo y su familia cenaron en la sociedad Gaztelubide. El tenor siempre ha cultivado la relación con el País Vasco que le inculcó su madre. Domingo nació en Madrid en 1941, se crió en México y su éxito musical, como uno de los grandes tenores del último siglo, le ha mantenido como ‘ciudadano del mundo’, pero siempre que ha podido se ha acercado a Donostia, y especialmente a Getaria. En 1988, junto a Los Xei, rindió un primer homenaje a su madre en la basílica de Santa María. En 1990 protagonizó un concierto de la Quincena en Anoeta en el que cantó, a dúo con Pepita Embil un emotivo ‘Aurtxo Txikia’. «Esos recuerdos, como mis veranos en Getaria, me vienen a la cabeza hoy», explicaba este jueves el tenor.

La simbólica presencia de ‘lareina de la zarzuela’

La enorme figura de Pepita Embil presidió de manera simbólica toda la velada en el Victoria Eugenia. Muchos de los espectadores presentes estaban vinculados a su trayectoria, a Getaria o a sus años de formación como cantante. Pepita Embil Echaniz nació en la localidad marinera el 28 de febrero de 1918, hace exactamente cien años, y falleció en México el 28 de septiembre de 1994. Estudió en el Conservatorio de San Sebastián, cantó en el Orfeón, en el coro Eusko Abesbatza y en Eresoinka, y después emprendería una larga carrera, íntimamente unida al llamado ‘género chico’, hasta el punto que en México, donde se afincó con su familia en los años 40, se le consideró ‘la reina de la zarzuela’. En 1974 se retiró de los escenarios y tanto en 1988 como en 1990 recibió sendos homenajes en Donostia. Este jueves llegó otro, sin ella físicamente... aunque absolutamente presente.

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