Pablo Picasso y Touluse-Lautrec, juntos por primera vez

Pablo Picasso y Touluse-Lautrec, juntos por primera vez

El Thyssen reúne por primera vez a los dos pintores en una exposición con más de un centenar de obras procedentes de 60 colecciones públicas y privadas de todo el mundo

VÍCTOR NÚÑEZ JAIME

Narradores y críticos de arte ya los han relacionado varias veces, pero es ahora cuando por primera vez la obra de ambos se confronta en una exposición. Pablo Picasso (1881-1973) y Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901), dos de las principales figuras de la vanguardia pictórica de los siglos XIX y XX, conviven a partir de este lunes, y hasta el próximo 21 de enero, en el madrileño Museo Nacional Thyssen-Bornemisza con el objetivo de «poner en evidencia sus afinidades y coincidencias y, al mismo tiempo, para hondar en la comprensión de la tradición artística moderna».

Comisariada por Francisco Calvo Serraller, catedrático de Historia del Arte de la Universidad Complutense de Madrid, y por Paloma Alarcó, jefa de conservación de pintura moderna del Thyssen, la muestra reúne más de un centenar de obras procedentes de 60 colecciones públicas y privadas de todo el mundo, organizadas en torno a los temas que interesaron a ambos pintores: los retratos caricaturescos, el mundo nocturno de los cafés, cabarets, teatros, la marginalidad, el espectáculo del circo o el erotismo de los burdeles.

Picasso y Toulouse-Lautrec no se conocieron. Cuando el malagueño fue por primera vez a París, en 1900, el francés estaba muy enfermo y murió un año después. No obstante, los cuadros de Lautrec y, sobre todo, su percepción de la modernidad, influyeron de manera determinante en Picasso. Además, con el paso del tiempo, el autor de 'Las señoritas de Avignon' se dio cuenta que Lautrec y él tenían varias semejanzas. Uno y otro fueron genios artísticos desde la infancia, se sintieron atraídos por París en su juventud, rechazaron la enseñanza académica que les impusieron y se fijaron en maestros como Ingres, Degas o El Greco. Pero en lo que más se parece el trabajo de ambos es en el dominio del dibujo, con predisposición especial para la línea y la caricatura. «Se puede afirmar que los dos pensaban y se expresaban dibujando, y cualquier nueva obra venía precedida de innumerables ensayos y experimentaciones en papel», sostiene Calvo Serraller.

La exposición se divide en cinco apartados temáticos que enlazan los mundos de ambos artistas: 'Bohemios', 'Bajos fondos', 'Vagabundos', 'Ellas' y 'Eros recóndito'. El primero de ellos une las caricaturas que los dos utilizaron para explorar la personalidad de sus modelos y para sus autorretratos. En 'Bajos fondos' se aprecia cómo Lautrec marcó el camino hacia un nuevo lenguaje con su repertorio de imágenes del ambiente marginal y bohemio, como en 'Mujer en un café' o 'Busto de mujer sonriente', mientras que de Picasso este apartado muestra 'El Moulin Rouge' o 'La espera (Margot)'. En 'Vagabundos' se recogen los cuadros dedicados al circo: 'En el circo: amazona de doma clásica', 'La reverencia' o 'En el circo: entrada a la pista', son algunas obras del francés, mientras que Picasso evoluciona hacia una visión más dramática en 'La comida frugal' o 'Arlequín sentado'. La prostitución, abordada en el apartado 'Ellas', fue uno de los asuntos que más estrechó a ambos, aunque el punto de vista empático del francés está muy alejado de la mirada erótica de Picasso.

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