Un 'outsider' toma la Sala Kubo Kutxa

Exposición de Alejandro Garmendia en la Sala Kubo Kutxa. /Usoz
Exposición de Alejandro Garmendia en la Sala Kubo Kutxa. / Usoz

Más de un centenar de obras conforman la exposición dedicada a Alejandro Garmendia

Alberto Moyano
ALBERTO MOYANO

Dieciocho meses después de que se expusiera en la Galería Kur y al cumplir justo un año de su fallecimiento, el creador donostiarra Alejandro Garmendia vuelve a estar presente en la Avenida de la Zurriola través de una gran exposición de más de cien obras que recorren todas sus facetas artísticas. Que en este caso son muchas: Garmendia (1959-2016) trazó una carrera inclasificable, voló por debajo del radar del mercado y cultivó múltiples disciplinas bajo diversos heterónimos. ‘Paisajes, enigma y melancolía’ permite completar desde este viernes en la sala Kubo Kutxa del Kursaal la trayectoria nómada de un artista introvertido.

El comisario de la exposición, Fernando Golvano, ha presentado este jueves la muestra junto a la responsable de la sala, Ane Abalde, y la viuda del artista, Gill Connon, en un emotivo acto marcado por la prematura desaparición del artista y posteriormente, la de su hijo Nicolás. También asistieron la hermana de Alejandro, Olatz López Garmendia, acompañada de su hijo Cy Schnabel, y la tía del artista, Pilar Garmendia.

Del óleo al cómic, de la música desenfadada al experimentalismo audiovisual, de la fotografía a la escultura y del collage al cine, Alejandro Garmendia se movió con soltura a lo largo de su vida por las diferentes formas de expresión artística, atravesando fronteras, tanto vitales como creativas. Este carácter polifacético y el despliegue de ingenio marcan el recorrido expositivo a través de un centenar de obras procedentes de los más diversos fondos: familiares, colecciones privadas, Kutxa Fundazioa o el Museo Reina Sofía, entre otros.

El itinerario artístico resulta indisoluble del vital porque, tal y como señaló Golvano en la presentación, en este caso discurren «en paralelo». De formación francesa por razones familiares -los Garmendia residieron entre Hendaya, Burdeos y París durante la infancia de Alejandro-, el artista mantuvo a lo largo de toda su vida un nomadismo que ha permitido en la mayor parte de los casos un conocimiento fragmentario de su obra y a lo que la exposición de la sala Kubo Kutxa viene a poner remedio con esta gran panorámica. Ahí agradeció el comisario de la muestra «la audacia de la sala por exponer a un artista que está por descubrir» en la mayor parte de los casos y por descubrir en su totalidad en el caso de los que le conocieron en algún período de su vida.

Melancolía activa

En el Bilbao de finales de los setenta y mediados de los ochenta fue estudiante de Bellas Artes, con grafitis, acciones artísticas e intervenciones en bares y calles, a la vez que se iniciaba en el cómic a base de historias de «personajes marginados, perdedores y ‘outsiders’» que, de alguna manera -indicó Golvano- anticipan su propia peripecia vital. En Madrid fue alumno de Don Herbert, recupera el interés por el paisaje «con una melancolía activa que le impulsa a crear». Allí forma en los noventa el grupo musical irreverente Fat Esteban, junto a Mauro Entrialgo y el cantante de boleros Juanjo Pedregosa, con el que graba dos discos. Una beca le permite viajar a Nueva York, donde ya residía su hermana Olatz, para iniciar una nueva etapa artística a base de collages fotográficos en grandes formatos y proyecciones de fotos emulsionadas sobre lienzos. A mediados de los noventa imprime un nuevo giro a su carrera, con el interés por la creación de paisajes sonoros y músicas experimentales que culmina a final de la década en dibujos, vídeos y composiciones. «Su vocación interdisciplinar atravesaba fronteras para desplegar su imaginación creadora», señaló Golvano, quien recordó el empeño de Garmendia en «abrir nuevas puertas a la experiencia».

El artista donostiarra residió durante diez años en el mítico Chelsea Hotel, donde convivió con una fauna variopinta, retratada en su texto ‘Licenciado’, incluido en el catálogo y en el que describe sus encuentros con gentes inquietantes: el cineasta Abel Ferrara o el bajista de los Ramones, Dee Dee Ramone, entre otros. La vida artística neoyorquina obligaba a desplegar una actividad mundana que violentaba el carácter introvertido de Garmendia. «No se acomodó porque era un gran tímido», dijo Golvano.

Así que a comienzos de siglo regresó a Hendaya, donde continuó su carrera artística, marcada por el infortunio en su relación con los galeristas. De ahí que el comisario reiterara su reconocimiento a la sala Kubo Kutxa por «descubrir a artistas que han sido oscurecidos».

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos