«Siempre quisimos ser influyentes»

Jim Reid, a la izquierda, posa junto a su hermano William en una imagen promocional. / STEVE GULLICK
Jim Reid, a la izquierda, posa junto a su hermano William en una imagen promocional. / STEVE GULLICK

The Jesus and Mary Chain presenta en el hipódromo un disco que ha sido como «un proceso de sanación». La banda escocesa exhibirá mañana su leyenda en calidad de rutilante cabeza de cartel del Donostia Kutxa Kultur Festibala

JUAN G. ANDRÉS SAN SEBASTIÁN.

«Nunca digas nunca jamás». El título de la película de James Bond bien podría servir para encabezar estas líneas sobre The Jesus and Mary Chain, la legendaria banda escocesa que hace 20 años se hundió con tal estrépito que nadie sospechó que un día los hermanos Reid se atreverían a montar en la misma furgoneta. En 2007, Jim y William dejaron de lado sus legendarias rencillas y salieron de gira en una serie de conciertos con los que han paseado su rock por todo el globo durante los últimos años. La experiencia fue mejor de lo esperado e incluso terminó cristalizando en un nuevo álbum, 'Damage and Joy' (2017), que mañana a las 1.55 horas presentarán en el Donostia Kutxa Kultur Festibala del hipódromo como rutilantes cabezas de cartel.

«Cuando volvimos hace ahora diez años la idea siempre fue sacar un disco porque no queríamos reunirnos sin hacer temas nuevos, pero estábamos muy estresados por entrar de nuevo al estudio. La grabación de 'Munki' (1998) antes de separarnos fue muy dolorosa, el peor momento de nuestra relación. En esa época mi hermano y yo apenas podíamos vernos y pensar en volver a pasar por todo aquello me ponía muy nervioso», recuerda Jim Reid desde su domicilio del condado inglés de Devon. Sorprendentemente, las giras sirvieron para limar asperezas y encontrar «una buena conexión» que les permitió sacar adelante el disco y culminar su resurrección.

'Damage and Joy' vio la luz en marzo de este año y, si bien no recibió críticas abiertamente entusiastas, la mayor parte de las voces autorizadas coincidieron en señalar que The Jesus and Mary Chain habían salvado los muebles con una colección de canciones más que dignas, aunque buena parte de ellas sean versiones de temas grabados en proyectos paralelos más o menos recientes. El título ('Daño y alegría') remite a la proverbial dualidad de las letras y el sonido de un grupo que combina como ninguno la distorsión y la melodía. «Desde 'Psychocandy' (1985), nuestro primer disco, nos atrae ese juego de extremos. Escuchamos todo tipo de música y nos gusta la idea de unir en una misma canción cosas que en principio no están relacionadas y otra gente no fusionaría: ruido y pop, letras extremas sobre una balada...», explica Reid.

Dejar de ser una caricatura

Confiesa que actualmente disfruta más de los conciertos que en los años 80 y 90. Por un lado, porque ve que después de tanto tiempo hay mucha gente que sigue yendo a verles y eso les genera «más confianza» en sí mismos; por otro, porque ya no perciben la presión de antaño. «En aquella época sentíamos que debíamos hacer algo para gustar a la gente y no se nos ocurrió otra cosa que ser intencionadamente hostiles con la audiencia», dice sobre los disturbios de proporciones bíblicas con los que solían terminar sus actuaciones a mediados de los 80.

«Realmente me sentía como un niño asustado, bebía demasiado y tomábamos drogas. Aún tengo problemas con la bebida y supongo que los tendré toda la vida, pero ahora estoy sobrio: llevo un año sin beber y eso es muy bueno para mí. Cuando salgo al escenario, intento dejar de ser un rockero de comedia o una caricatura para ser yo mismo. Soy Jim Reid, no puedo ser quien no soy, así que en los conciertos hago lo que puedo y de momento, parece ser suficiente», asevera con una voz que, por teléfono, parece la de un 'gentleman' y no la de un músico que en el pasado era un imán para los conflictos.

Reid celebra que a sus conciertos vayan muchos chavales y no sólo cuarentones y cincuentones que hace décadas vibraban con clásicos como 'Just Like Honey', 'Upside Down', 'Darklands', 'Head On' o 'Some Candy Talking'. «Muchas bandas jóvenes nos citan entre sus influencias y sus seguidores rastrean nuestra música en Internet», afirma el cantante, orgulloso de conservar intacto el carácter de grupo icónico junto a nombres como Pixies o Sonic Youth: «Todos los discos que hemos hecho fueron algo más que un divertimento pasajero. Desde el principio quisimos ser una banda influyente. Cuando lanzamos 'Psychocandy' en 1985 esperábamos que nuestra música fuera importante en el futuro y que en 2017 hubiera gente que aún escuchara ese disco y los otros. Gracias a dios, todavía se escuchan».

Por último, Jim Reid confía en no tardar otros 20 años en volver al estudio para grabar más material inédito ahora que mantiene con su hermano mayor «la mejor relación en décadas». En su opinión, las giras y 'Damage and Joy' han sido como «un proceso de sanación». «Han servido para reencontrarnos y resucitar la química. No estamos dándonos besos y abrazos todo el día, pero conectamos bien y no ha sido el calvario que esperábamos, así que, ¿por qué no grabar un nuevo álbum?», se pregunta.

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