Serrat, la 'dolce vita' de un clásico

Serrat en San Sebastián
Serrat durante su actuación en San Sebastián / LUSA

Serrat vive su gira con placer, dentro y fuera de escena. Gozó en el Kursaal, pero también en Arzak y en el Urola

MITXEL EZQUIAGA

Serrat canta 'Mediterráneo' en los teatros y también vive 'mediterráneamente' fuera de escena, al menos si asociamos lo mediterráneo con los mejores placeres. El músico catalán vive su última gira con calma, como una gira de 'la dolce vita': viaja a los destinos con tiempo, disfruta de sus buenas mesas y luego goza cada concierto.

También ocurrió en San Sebastián: Joan Manuel Serrat sedujo al público que llenó el Kursaal en una velada que, más que un concierto, fue como una reunión de viejos compañeros. Pero antes había paseado con calma por esa San Sebastián que tan bien conoce y en la que cuenta con tantos amigos. Cenó en Arzak, comió en el Urola y durmió en el hotel Londres con vistas a la bahía. Al autor de 'Mediterráneo' también le gusta el Cantábrico.

La gira 'Mediterráneo da capo', que inició en Roquetas de Mar, Almería, el pasado 22 de abril, tiene sabor de despedida. Serrat, de 74 años, canta en cada concierto todas las canciones de su mítico disco 'Mediterráneo', publicado en 1971. Como él mismo dice con ironía al comenzar cada actuación, no está en condiciones de esperar el 50 aniversario «porque no sé cuándo tendré el último aliento», así que se ha liado con este 'tour' en el que recupera, además, todos sus grandes clásicos. Es como «su último vals», pero festivo y rodeado de un plantel de músicos excelentes.

Será una larga gira. El sábado toca en el Olympia de París, luego recorre España, Argentina y Chile y cierra en 'su' Barcelona en diciembre. Quienes viajan con él aseguran que el 'noi' busca pasarlo bien en el 'tour' y San Sebastián ha sido un buen ejemplo: es una ciudad que conoce a la perfección, donde en el pasado tuvo hasta alguna propiedad en Igeldo y en la que viven algunos de sus amigos de siempre, como Mikel 'Kokolo' Ibarrondo.

Menestra y una ikurriña

La 'fiesta' comenzó el sábado con una cena en el restaurante Arzak. Elena Arzak le rindió los honores con un menú en el que no faltaron el 'rape Cleopatra' y el 'cordero kale', cerrado con postres como los 'escombros de cacao' y el 'trufón de chocolate'. El domingo a mediodía paladeó «este día de buen tiempo que nos habéis regalado» y comió en el Urola de la Parte Vieja. Pablo Loureiro tenía el restaurante a reventar en el día de la madre, pero hizo un hueco al músico en las mesas vecinas a la barra protegido con un biombo. Serrat y acompañantes dieron buena cuenta de los guisantitos, la menestra y el rodaballo y se retiraron a descansar antes del concierto. «Dice que le llama la atención el respeto que hay en Donostia por los artistas», revela el chef del Urola. «La gente aquí no le da la tabarra y solo al final, cuando ya se iba, le pidieron los 'selfies', que aceptó encantado».

Con Elena Arzak, tras la cena del sábado
Con Elena Arzak, tras la cena del sábado

Así que tras la siesta en el Londres Serrat estaba pletórico a las ocho de la tarde en el Kursaal. Se colgó el 'no hay billetes' y un público veterano llenó el auditorio, preparado más para un ritual que para un concierto. En los palcos superiores había hasta un grupo con ikurriña, como en los viejos recitales protagonizados por el propio Serrat en la Transición. Hubo largos aplausos y una complicidad permanente hasta los bises finales. Serrat forma parte de la biografía de muchos de quienes se acercaron a escucharle. Si hay un 'clásico popular' es él.

La 'Edurne' de Villabona

En su repertorio solo faltó 'Edurne', la canción de los años 70 inspirada en una joven de Tolosaldea, con fragmentos en euskera y censurada en su momento. El cantante hizo de joven prácticas en la empresa Sacem de Villabona y ahí radica el germen de la canción. El cocinero Roberto Ruiz, que conoce al catalán porque comparten veranos felices en la navarra Viana, está empeñado en que Serrat vuelva a Amasa-Villabona para apadrinar su nuevo restaurante en la bodega Hika. «Será como cerrar un círculo», dice Ruiz, que disfrutó del concierto «como un niño».

Algunos amigos se acercaron al camerino del Kursaal para saludar. «Estaba cansado, pero feliz», explica Iñigo Argomaniz, de Get In. Su empresa se ocupa de todo el 'tour', como el de Sabina, que llega a Illunbe el 2 de junio. «Tenemos buena racha en Donostia», dice Argomaniz. «Manolo García ya ha agotado el auditorio para el 17 de mayo y seguro que Rozalén y Los Secretos lo llenarán en noviembre». Al 'boss' de Get In le siguen emocionando 'rarezas' como que la andaluza Marta Soto reuniera a 200 personas la semana pasada en el Convent Garden donostiarra sin disco y sin apenas promoción. «La música aún sorprende», dice. Que se lo digan a Serrat.

En el Urola, con Pablo Loureiro
En el Urola, con Pablo Loureiro

Más noticias

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos