Más rock oscuro y menos florituras en el segundo asalto de Rural Zombies

Julia Urreaga junto a sus compañeros de Rural Zombies en una imagen promocional./JOSU TORREALDAY
Julia Urreaga junto a sus compañeros de Rural Zombies en una imagen promocional. / JOSU TORREALDAY

La banda guipuzcoana regresa este viernes con 'From Home To Hospital St.'

JUAN G. ANDRÉSSAN SEBASTIÁN.

Hace un lustro, cuando formaron la banda, Julia Urreaga era menor de edad y no cantaba «ni en la ducha». Tendría 16 ó 17 años cuando ofreció su primer concierto en Viana y al poco tiempo, casi como si de un «experimento» se tratase, Rural Zombies lanzó su disco de debut, 'Bat' (2015), cuya acogida dejó a los de Zestoa literalmente «flipados». Con canciones como 'Stones' o 'Golden' recorrieron los festivales más importantes del Estado -BBK Live, Sonorama, Jazzaldia...- y cosecharon el favor de crítica y público.

«Han ocurrido cantidad de cosas muy rápido y la mayoría ni nos las esperábamos», asegura la cantante y teclista que ahora suma 21 años. Ella es la benjamina y letrista de un grupo en el que Marcos (bajo) casi le dobla la edad, mientras que en la franja intermedia se sitúan Manu y Luken (guitarras) y Aratz (batería). Juntos confían en «mantener o superar» el tirón del proyecto con su segundo asalto, 'From Home To Hospital St.', que este viernes publica Mushroom Pillow. Tras una primera y placentera etapa en la oficina donostiarra Get In, han fichado por la firma vizcaína Last Tour porque «se mueve más en el circuito» del indie que les interesa, y porque tal vez ello les permita empezar a tocar en el extranjero. De momento, poder vivir de la música lo ven como «algo bastante lejano».

Un disco en movimiento

Las guitarras y los sintetizadores siguen mandando en un trabajo en el que han buscado «otros registros», de nuevo con la ayuda del productor Eñaut Gaztañaga, amigo y miembro del grupo Grises, también de Zestoa. La preproducción ha sido larga si se computan las infinitas charlas mantenidas en el bar del pueblo antes de ir al estudio. Una vez allí, azuzaron a Eñaut para obrar un «cambio» y que la producción perdiera protagonismo en favor de las canciones. «Hay menos florituras que en 'Bat', donde metimos muchos colchones, sintetizadores virtuales. Nos daba miedo la sensación de vacío y casi llenábamos por llenar. Ahora hemos sido más cautos al elegir qué metíamos y cómo lo metíamos», explica. Y han huido de «recursos fáciles» como esos «punteíllos indies» de los que acabaron «un poco hartos». «No hemos empezado a hacer death metal -bromea-. Seguimos siendo nosotros pero suena más rockero, contundente y oscuro».

«Han ocurrido cantidad de cosas muy rápido y la mayoría ni nos las esperábamos»

«Es injusto ver que muchas bandas no tienen un reconocimiento acorde a su talento»

Además, el concepto de fuga o huida preside un disco cuyo mismo título lleva implícita la idea de movimiento: en 'From Home To Hospital St.' la casa sería, por supuesto, Zestoa, y la calle, un guiño a Hospital Clinic, la parada del metro de Barcelona cerca de la que residía Julia hace un año. La cantante sigue viviendo allí porque estudia Diseño Industrial -le queda un año y medio para finalizar- y hace poco se ha mudado a un lugar que, curiosamente, hace esquina con otra calle de resonancias hospitalarias: Carrer del Hospital.

Anécdotas al margen, el resto de la banda vive en Zestoa o Donostia y, aunque la distancia no ha sido un escollo insuperable, «sí ha marcado la dinámica del grupo en los últimos años». «Ha habido subidones y bajones, muchos momentos de locura y de actuar un día en Sevilla o Galicia para volver inmediatamente a Barcelona porque tenía un examen. Las letras tienen un toque melancólico porque en ocasiones me he sentido en todos sitios y en ninguna parte. Unas veces eso puede estar guay pero otras es una putada. Al final Rural Zombies y su amistad es lo único que me llevaba a todas partes», asegura.

Julia Urreaga dice ser una chica «muy alegre y feliz», pero para escribir prefiere los temas tristes, contagiada quizá por el «punto de soledad» que tiene vivir en Aizarna, un barrio de Zestoa de 200 habitantes situado en pleno monte. El caso es que en 'Bat' había un contraste entre las letras oscuras y unas melodías más alegres y bailables, algo que siempre le «chocó»: aunque «la combinación no era mala», la música «no cuadraba del todo con los textos». Por ello, esta vez han dado una «mayor coherencia» al conjunto y en general, les ha quedado «un disco más oscuro». «No sé si es más potente, pero tiene más cuerpo y peso», apunta antes de negar que sea un álbum bailable.

Como novedad, Rural Zombies ha grabado 'Nana', su primera canción en euskera. Es su lengua materna pero Julia siempre ha preferido el inglés porque se siente menos expuesta y sus referentes son en ese idioma. Esta vez, sin embargo, han querido utilizar el euskera para hacer referencia a su lugar de origen y han abierto el disco con ese tema más suave jugando al contraste y al desconcierto «antes de que llegue la caña».

Luego hay canciones como 'Ethereal' y 'Bi', los singles de adelanto que ya pueden escucharse en Internet, y otras como 'Wanted', 'Hospital St.', 'Runaway', 'Fun-Eral' o 'LRRH'. En ellas habitan personajes desnortados que no encuentran su lugar en el mundo y parecen pasearse por los distintos temas del disco «a modo de libro con distintos capítulos». En 'Whateverest', Julia pide 'Just Let Be Me' (Sólo dejame ser yo) mientras que 'Bi' podría ser el canto de autoafirmación de una «gran familia»: el estribillo repite «This is what we are» (Esto es lo que somos), como si Rural Zombies quisieran dejar claro que seguirán su propio camino.

La vocalista dice no querer ir «de sobrada», pero en su breve paso por el mundillo musical se han encontrado a bastante gente «con derecho a opinar de todo y a darte consejos sin que se los hayas pedido»; además, hay «muchos grupos profesionales que no son nadie -como nosotros- pero se comportan como si curaran el cáncer, con un aire de superioridad tremendo». También les ha sorprendido la «cantidad de gente que no tiene un reconocimiento acorde a su talento». «Es injusto. Ves a grupos superbuenos que tocan para diez personas en escenarios de mierda mientras bandas horribles que no valen un duro están en el escenario principal. Hay mucho amiguismo», lamenta antes de dejar claro: «Pero nosotros no nos podemos quejar y estamos agradecidísimos al público, a la crítica y a la prensa. Nos han tratado muy bien, han sido hasta demasiado buenos con nosotros».

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos