Pier Damiano Peretti: «Todavía queda mucho por hacer para armonizar la imagen del órgano con los demás instrumentos»

El organista Pier Damiano Peretti./
El organista Pier Damiano Peretti.
Pier Damiano Peretti, organista

Consciente de la ligazón de su instrumento con la tradición cristiana, reivindica la dimensión espiritual de intérpretes y compositores

MARI JOSE CANOSAN SEBASTIÁN.

El profesor, compositor y concertista italiano (Vicenza, 1974) imparte este año el Curso Internacional de Órgano de la Quincena Musical, que se desarrollará desde hoy hasta el viernes. Profesor en Hannover y desde 2009 en Viena, Peretti ha ofrecido conciertos por todo el mundo, ha publicado numerosos artículos e imparte habitualmente clases magistrales.

- Desde su experiencia como profesor y concertista, ¿qué opinión le merece el curso internacional y el ciclo de órgano de la Quincena Musical?

- La Quincena Musical de San Sebastián ofrece una impresionante variedad de conciertos de todos los géneros, desde la ópera hasta la música de cámara, desde la música antigua hasta la contemporánea. Como organista, rara vez estoy 'incrustado' en un contexto tan amplio, ya que el órgano tiene su propia vida, que a menudo está, por desgracia, bastante aislada del resto del mundo de la música. Así que enseñar y actuar en este gran festival es una maravillosa oportunidad.

- Imparte el curso en el Cavaillé-Coll de Santa María. ¿Qué características tiene este instrumento?

- Este instrumento -construido en 1863- es uno de los mejor conservados del gran Aristide Cavaillé-Coll, que verdaderamente revolucionó la estética del órgano en la segunda mitad del siglo XIX. Vivir el mundo sonoro particular de este instrumento es la mejor manera de sumergirse en la música que se ha compuesto en el momento de su creación.

-¿Qué pide a los alumnos que acuden al curso de la Quincena Musical? ¿En este tipo de clases magistrales se buscan los mismos objetivos que en los estudiantes a los que ofrece clases de forma continuada?

- Las clases magistrales son diferentes a las lecciones individuales que doy casi diariamente en la Universidad de Música de Viena. Lo que transmito en un curso es una reacción espontánea ante una sola actuación, teniendo en cuenta que mis comentarios siempre deben ofrecer elementos de interés para todos los demás participantes. De alguna manera, es una especie de mezcla entre una sola lección y una conferencia pública.

- Además de profesor, usted es también compositor. ¿Qué le llevó a escribir música para su instrumento?

- Para ser honesto, escribo muy poco para órgano solo y mi lista de obras incluye mucha más música vocal y de cámara. Esto se debe, por un lado, a los encargos que recibo, y por otro, al hecho de que en mi vida cotidiana estoy literalmente rodeado por la música de órgano, por lo que tengo más interés en otros géneros. Pero creo que la nueva música para órgano, especialmente la de los compositores que no tocan este instrumento, es absolutamente necesaria para mantenerlo vivo. Si sólo queda pasado, no hay futuro. Y esto ocurre en cualquier tipo de arte.

«Las clases magistrales son una mezcla de lección única con una conferencia pública»

«Los organistas componían mucho porque necesitaban siempre música nueva»

- Prácticamente todos los organistas son compositores. ¿A qué cree que se debe? ¿A una necesidad, quizá, de ampliar el repertorio para el instrumento?

- No sé si hoy en día la mayoría de los organistas son compositores, pero en el pasado seguramente lo fueron. Era debido a su trabajo diario en las iglesias, donde era continuamente necesario tener música nueva. Y por supuesto, a su educación, que a través de los siglos ha sido siempre una combinación de actuar, improvisar y componer. Así que este aspecto creativo todavía está en nuestros genes.

- Toda su producción gira en torno a temas espirituales. ¿Por qué?

- Creo firmemente que los arquetipos religiosos, por decirlo en palabras de Carl Jung, dicen mucho sobre la vida interior humana, como podemos ver en el fuerte arte religioso 'mundano' del Renacimiento y el Barroco. Tratar con temas espirituales significa sumergirse en los sentimientos más íntimos de uno mismo; no importa si uno está adscrito o no a una iglesia. En mi música hay muchas referencias a la tradición cristiana. No las veo como un homenaje a una institución, sino como un compromiso con mis propias raíces culturales.

- ¿Debe entonces un organista tener relación con la religión?

- Al menos en nuestra cultura occidental, sí. Durante muchos siglos, ha sido el órgano de tubos el que ha marcado en las iglesias los acontecimientos cruciales en la vida de todos. Mahler, Strauss o Puccini han evocado la religión y la eternidad en sus obras, buscando el sonido del órgano. Esto no es un cliché, sino parte de nuestra historia social y no podemos eliminarla de nuestra conciencia. Por otra parte, para mí es muy interesante hablar con estudiantes y colegas de otras culturas, como Rusia o Extremo Oriente. Sin estar incluido en su vida religiosa, el órgano apareció en estos lugares en tiempos relativamente recientes como un instrumento de concierto puro. En Europa tenemos una tradición de órganos en salas de conciertos, especialmente en el Reino Unido y ahora cada vez más en Alemania, pero todavía queda mucho por hacer para armonizar la imagen del órgano con los demás instrumentos. De todos modos, el órgano puede ser religioso o secular, sólo depende de donde se encuentre.

- Hoy ofrece un recital en el que se incluyen obras de Franck y Alain, dos compositores que se escuchan de forma habitual en el Cavaillé- Coll de Santa María. ¿Por qué? ¿qué características tiene su música para que sea tan adecuada para este instrumento?

- César Franck es un compositor de música para órgano cuya manera de abordar el instrumento, pensando en grandes masas 'orquestales', me parece estrictamente ligada a las características de este órgano. Aparentemente ejerció una gran influencia sobre Aristide Cavaillé-Coll, pero al revés también es cierto, así que encontramos aquí una fascinante simbiosis. Alain era mucho más un hombre del siglo XX, pero sus raíces vuelven a este sonido de órgano «sinfónico».

- En su concierto también ofrecerá obras de Brahms, un autor que, por el contrario, no suele estar presente en estos recitales. ¿Puede hablarme de la obra de Brahms que va a ofrecer?

- Los 'Preludios Corales Op. 122' son testimonio de los últimos meses de vida de Brahms, cuando se dio cuenta de su enfermedad. Compuso un conjunto de preludios para órgano sobre corales luteranos, una especie de 'Hausmusik' (música privada) del Barroco traducida al Romanticismo tardío.

- Por primera vez podremos escuchar en San Sebastián una obra de Respighi al órgano. ¿Por qué la ha incluido en su recital?

- El repertorio internacional principal se centra sobre todo en la música francesa y alemana, pero hay mucha buena música que permanece en la frontera. Como italiano me siento responsable de llamar la atención sobre el rico repertorio de mi país. Los '3 pezzi 'de Ottorino Respighi para órgano son música de la más alta calidad y merecen ser conocidos.

-¿Qué le diría al público para que acuda a su concierto?

- Que podrán experimentar una obra de arte total, con buena música en un instrumento glorioso y una catedral notable.

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