Los pianos ocultos del Palacio Miramar

Los pianos ocultos del Palacio Miramar

Las dos piezas que continúan ‘escondidas’ y en un pésimo estado en el sótano del palacio son un Bechstein-Berlín y un Steinway&Sons New York

ITZIAR ALTUNA

Desde que el Centro Superior de Música del País Vasco Musikene se trasladara de Miramar a su sede definitiva en Ibaeta, el futuro del palacio ha pasado a ocupar páginas de información y horas de debate sobre los posibles usos que se le podrían dar al edificio.

En los últimos meses se ha anunciado que el inmueble acogerá una cafetería, con una amplia terraza que se ubicará en la parte de atrás. También se ha señalado que en los salones del palacio se podrán celebrar banquetes de boda, y que la sociedad pública del Departamento de Turismo del Gobierno Vasco se ubicará aquí. Recientemente, un estudio realizado por el Kursaal a petición del Ayuntamiento y la Diputación (gestores de ambas entidades), ha apuntado que Miramar podría ser un complemento del palacio de congresos, y que la única actividad que lograría la viabilidad económica del inmueble sería la ubicación de un hotel mediante una concesión.

Mientras se decide el futuro uso (o usos) que podría tener el palacio, el mobiliario que en su día albergaron sus paredes sigue oculto. Cuando el Ayuntamiento compró el edificio a Don Juán de Borbón en 1972, éste decidió dejar la mayoría de los muebles allí. Se realizó un inventario con lo que quedó dentro, que se valoró en 17 millones de pesetas. En 1976 lo adquirió Patrimonio del Estado y lo dejó en depósito a la ciudad de San Sebastián. Para entonces ya se barajaba la posibilidad de ubicar aquí un Museo de la Regencia, proyecto que al final quedó en el olvido.

Tal y como explican los investigadores Lola Horcajo y Juan José Fernández Beobide, quienes acaban de publicar un libro que recoge la historia del Palacio de Miramar, los muebles se fueron amontonando y guardando en la parte superior del edificio, aunque hubo muchos que se tiraron. Cuando el inmueble se convirtió en sede de Musikene y se habilitaron las dependencias superiores para acoger las clases, entonces gran parte del mobiliario se trasladó a La Cumbre, residencia del subdelegado del gobierno. Y allí continúa.

Dos joyas

Sin embargo, en el sótano del palacio todavía quedan algunos muebles, que con el paso del tiempo continúan deteriorándose. Es el caso de los dos pianos de cola que había en el gran salón, también conocido como el salón de la música. Conocida era la afición de la Reina María Cristina por la música, de la que se dice que era una virtuosa pianista. La mayoría de los músicos, coros y cantantes que vivían o veraneaban en la ciudad en aquella época pasaron por este salón. Las dos piezas que continúan ‘escondidas’ y en un pésimo estado en el sótano del palacio son un Bechstein-Berlín y otro Steinway&Sons New York, regalo éste del famoso fabricante americano. Dos joyas que apenas han sido utilizadas en los últimos 80 años, y que de momento, seguirán ocultas. Hasta que un día se decida qué será del futuro del palacio, y alguien se acuerde de los pianos. Hasta entonces...

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