Nunca dejes de creer en el 'Mojo Workin'

Rosalind Ashford, a la izquierda, y Annette Beard a la derecha, las dos Vandellas originales, y el 'fichaje' Roschelle Laughhunn. / JUAN G. ANDRÉS
Rosalind Ashford, a la izquierda, y Annette Beard a la derecha, las dos Vandellas originales, y el 'fichaje' Roschelle Laughhunn. / JUAN G. ANDRÉS

1.400 personas disfrutaron de un exitoso festival que tiene garantizada la celebración del décimo aniversario en 2019

JUAN G. ANDRÉS SAN SEBASTIÁN.

Como manda la tradición, al final del último concierto del viernes los músicos del Mojo Workin' bajaron del escenario y se mezclaron con el público al estilo de las 'marching bands' de Nueva Orleans. Cuando concluyó su explosivo show, La La Brooks se vistió de paisana y se sumó a la juerga dando palmas y cantando como loca junto a la muchedumbre que abarrotaba Gazteszena. Además de ser uno de los momentos de esta edición, la imagen sirve para captar la esencia de un festival sobresaliente en el que artistas y audiencia no pueden estar más cerca. El éxito, el buen rollo y los llenazos de este año -700 personas colapsaron la sala cada noche- invitan a la organización a pensar ya en la celebración del décimo aniversario. «El Mojo de 2019 está garantizado. Nada ni nadie me va a impedir hacerlo», prometía ayer Arkaitz Kortabitarte.

Jornada sabatina

Con cierta resaca tras la fiesta del viernes con Los Jambos, Spencer Wiggins y La La Brooks, Kutxa Kultur Plaza acogió en Tabakalera la sesión vermú protagonizada por Urko Eizmendi, del grupo Pet Fennec. Rebautizado como Black Fennec para la ocasión, el donostiarra acercó al folk a artistas como Burt Bacharach, Four Tops, The Temptations, Sam Cooke, Nina Simone y Jimmy Cliff, y logró sobrecoger al público con la sola ayuda de su guitarra acústica y de una voz llena de alma (soul).

Ya por la noche, Gazteszena recibió a Las Kasettes, grupo de Pamplona que ofreció un refrescante guateque pop con versiones de Ike Turner, The Crystals, The Romancers y Karatekas, entre otros. Tras el descanso, Little Jerry Williams llegó con gorra blanca, colgantes dorados, traje rosa y zapatos del mismo color con un cordón desatado. Comenzó con un pelotazo de northern soul, ' If You Ask Me (Because I Love You)', al que siguió la redonda 'I'm The Lover Man', en la que protagonizó su única intervención al piano. Los ritmos jamaicanos asomaron en 'Pledging My Love' y en 'Hum Baby' despachó un rock and roll a lo Jerry Lee Lewis. El de Portsmouth estuvo muy pendiente del atril para recordar las letras de los 60 que no figuran en su repertorio habitual de Swamp Dogg. Su edad (75) y los problemas de movilidad lastraron el ritmo del concierto, pero hubo instantes de enorme belleza como 'Baby, Bunny (Sugar Honey)', 'She's So Divine' o 'Baby, You're My Everything', con arreglos de viento sensacionales. En el tramo final Paul San Martín se lució a los teclados y al Hammond cuando sonaron, entre otras, 'Run Run Roadrunner', There Ain't Enough Love' y 'I'm So Mad', que Williams terminó sin micrófono mientras se retiraba del escenario con las partituras bajo el brazo.

La reconocible 'Heat Wave' abrió el viaje al Detroit de los 60 con The Original Vandellas, cuyo director musical Ronnie Nelson parecía llevar una guindilla en el trasero. No estuvo Martha Reeves pero la simpática Roschelle Laughhunn hizo un papelazo como vozarrón principal del grupo fundado por Rosalind Ashford Holmes y Annette Beard Helton, cuyas armonías vocales fueron esplendorosas. Mientras una cuarta fémina tiraba de artillería percusiva -maracas, pandereta, cencerro...-, cantaron temas como 'Come and Get This Memories', 'Moments To Remember', el ineludible 'Nowhere To Run' y otros incunables de Motown. Con 'I'll Let You Know' y 'There He Is At My Door' se remontaron a la época pre-Vandellas cuando eran The Del-Phis. Los flecos de sus vestidos se movieron al son de las coreografías de la contagiosa 'Jimmy Mack' y con 'Dancing in The Street' pusieron del revés al personal. Fue antes de regresar con las coristas y la banda al completo para acabar cantando y bailando desenfrenadamente el himno que siempre sirve de clausura al festival: 'Got My Mojo Workin'.

Junto al guardarropa, al lado del puesto de merchandising, un cartel con la efigie de Sam Cooke recordaba los 21 nombres que han pasado estos años por el Mojo y rezaba: «Nunca dejes de creer». Un hermoso lema para un festival con identidad propia que ha forjado un fuerte sentimiento de comunidad y que la ciudad debería cuidar como oro en paño.

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