«Necesitaba volver a fabricar una carrera de largo recorrido»

El donostiarra Mikel Erentxun posa en el vestíbulo del hotel María Cristina/ARIZMENDI
El donostiarra Mikel Erentxun posa en el vestíbulo del hotel María Cristina / ARIZMENDI
Mikel Erentxun

El músico donostiarra cierra este viernes en un abarrotado Victoria Eugenia la primera parte de la gira de ‘El hombre sin sombra’

JUAN G. ANDRÉS

El próximo año la gira de ‘El hombre sin sombra’ (Warner, 2017) continuará en Latinoamérica, EEUU y distintos festivales, pero la primera parte concluirá este viernes en un lugar al que Erentxun (Caracas, 1965) está «sentimentalmente muy unido». Además de haber actuado en él varias veces, en 1994 grabó allí el primer directo de Duncan Dhu y años después, ya en solitario, repitió con ‘Tres noches en el Victoria Eugenia’ (2008). Hoy volverá con las entradas prácticamente agotadas, algún invitado sorpresa y una estupenda banda en la que los cántabros Fernando Macaya (bajo) y Marina Iniesta (guitarra, teclados y voz) se han sumado al guipuzcoano Karlos Aranzegi (batería).

- Ha fichado a Marina Iniesta para contar con una voz femenina…

- Sí, la voz de Maika Makovski tiene un preso específico muy grande en el disco y al ensayar nos dimos cuenta de que echábamos en falta el timbre femenino. Es una novedad en mi carrera introducir una voz de mujer y además, casaba muy bien con este disco sobre las relaciones de pareja de largo recorrido. Yo en directo sueno ya a artista clásico pero gracias a su juventud y a su forma de tocar, Marina ha aportado un punto muy indie y cierta frescura a canciones que jamás habían sonado así.

- En más de una canción de ‘El hombre sin sombra’ alude usted a las cicatrices. ¿A los 52 años da menos pudor enseñarlas?

- No sé si es por la edad o qué, pero a mí no me da pudor enseñarlas. Las cicatrices son heridas de guerra y hay que mostrarlas orgulloso. Lo importante es saberse levantar tras una caída y ahora estoy de pie, muy bien y muy a gusto.

- ¿Física y sentimentalmente?

- En febrero se cumplirán cinco años de mi operación de corazón y ahora me siento mejor a todos los niveles. Estoy encantado con mi mujer, mi familia y mi entorno; llevo una alimentación más limpia y sana, me cuido más y hago mejores registros como corredor -la última Behobia la terminó en 1 hora y 24 minutos-… Puede parecer un disparate, pero a veces un accidente gordo puede resultar positivo. En mi caso significó un punto de inflexión. No sé si estará relacionado pero curiosamente, mi carrera musical va mejor ahora. Tengo mejores críticas que nunca, viene más gente a los conciertos, mis dos últimos discos han sido nominados a los Grammy, cosa que jamás me había sucedido antes…

- Y ahora también escribe usted todas las letras… ¿Por qué?

- En Duncan Dhu empecé a escribir mis canciones pero entré en un bucle de comodidad porque Diego (Vasallo) escribía y escribe mejor que yo. Es uno de los mejores letristas de pop y rock en España y me acostumbré a que él firmara los textos y yo la música: así hicimos algunos de los principales éxitos de Duncan. Cuando empecé en solitario ese papel lo asumieron Jesús María Cormán y, ocasionalmente, Rafael Berrio, pero desde lo del corazón pensé que nadie mejor que yo podía conocer temas tan íntimos. Ahora me gustan mis letras, no están a la altura de las de Cormán y Diego pero son mías y eso le da un punto de honestidad a mi trabajo que antes no tenía.

- Háblenos de su siguiente disco…

- Tras los dedicados al corazón y a las relaciones de largo recorrido, me gustaría cerrar una trilogía de discos absolutamente personales y monotemáticos: tengo que bucear en mi interior y buscar un tema. También lo produciría Paco Loco, con quien formo un equipo maravilloso: no sé si es el mejor productor con el que he trabajado, pero sí es el que mejores resultados ha sacado de mí.

- ¿Musicalmente ya sabe cómo será?

- ‘Corazones’ era bastante barroco y ‘El hombre sin sombra’ es más bien acústico y desnudo. El siguiente quiero que sea mucho más eléctrico, un disco de rock and roll corto, de unos 30 minutos. Los anteriores estaban grabados en 24 y 8 pistas, respectivamente, y el próximo igual lo hacemos en cuatro en la onda del ‘New York’ de Lou Reed: voz, dos guitarras, bajo y batería. Nada más.

- ¿Es esa su idea del riesgo, ir reduciendo las variables?

- Yo llevo años arriesgando. Después de ‘Tres noches en el Victoria Eugenia’ (2008) inicié una etapa en la que se cumplió todo lo que la compañía me dijo que ocurriría: perdí público, dejé de ser Disco de Oro y de sonar en radios convencionales… Mi carrera bajó muchísimo pero sentía que si no la enfocaba de nuevo podría acabar como el Dúo Dinámico, cantando mis viejas canciones a los 60 años, dicho sea con todo el respeto porque cada uno hace lo que quiere. Necesitaba volver a fabricar una carrera de largo recorrido y ahora siento que hice muy bien porque está reflotando poco a poco. Desde ‘Corazones’ incluso me llaman de festivales indies en los que antes no tocaba…

- ¿A qué lo atribuye?

- A que mis últimos cuatro discos están mucho más cercanos a la escena indie que al mundo mainstream. También al trabajo con Paco Loco, a la influencia de los músicos jóvenes… Es verdad que la línea que separa al mainstream del indie es hoy cada vez más difusa y algunos grupos indies también suenan en ‘Los 40 Principales’. Pero estoy encantado. Tuve una época, con ‘El abrazo del erizo’ (1995), en la que quise ser indie pero fue imposible porque no me aceptaban, y ahora que no quiero ser nada -sólo hacer buenos discos- me llaman de festivales, sueno en ‘Radio 3’… Está bien porque no he dejado un público y he ganado otro. En esta última década, cuando he tocado en Donostia lo he hecho en lugares de menor aforo como Intxaurrondo, el Principal, el Doka... Ahora vuelvo al Victoria Eugenia con casi todas las entradas agotadas. Creo que estoy haciendo una carrera que va a durar mucho más y que todas las canciones de mis últimos cuatro discos las podré cantar dentro de 20 años, cosa que no ocurría con mi repertorio anterior.

- ¿Qué otros retos se plantea?

- Es una obviedad, pero quiero grabar cada vez mejores trabajos. Nunca me he cansado de hacer discos y giras, y espero morirme como Leonard Cohen: dentro de mucho tiempo y en un escenario. Tengo el síndrome de Bob Dylan, no he parado de tocar nunca desde que empecé con Duncan Dhu y no grabo más discos porque ya no hay mercado para lanzar uno al año. Otros retos serían colaborar con nuevos artistas, tocar en nuevos países… El año que viene volveré a México, Ecuador y Perú, y visitaré Chile por primera vez, algo que me hace mucha ilusión.

- Hace décadas que tiene usted un nombre en el mercado americano…

- En América Latina el rock and roll está en México, Perú y, sobre todo, Argentina, país con un mercado difícil que se me resiste. En EEUU mi público natural es el mexicano y toco en zonas de concentración hispana: California, Chicago, Texas... Por el contrario, Miami o Puerto Rico siempre me han ido mal porque allí le dan más al reguetón y yo no me como una mierda. (Risas)

- ¿Y cómo fue la experiencia de ir a los Grammy Latinos?

- Las Vegas es un disparate de ciudad y si le sumas el barroquismo de una ceremonia gigantesca como los Grammy se convierte en un circo maravilloso. Fue una experiencia estupenda y me sentí como un bicho raro porque el 99% de los artistas que van allí son de reguetón o eso que ellos llaman ‘urban music’. En la alfombra roja me entrevistaban y me trataban de alternativo como aquí en España podrías tratar al grupo indie más radical. Es curioso, porque luego aquí soy mainstream. (Risas) Para que te hagas una idea, lo más rock que había era Juanes, que fue quien finalmente se llevó el Grammy al Mejor disco de pop-rock. Como suele decirse, estar nominado ya era un premio porque los cinco candidatos se eligen entre 500 licencias mundiales. Fue una experiencia muy bonita que no creo que se vaya a repetir nunca, aunque todo el mundo me dice que a la tercera va la vencida. (Risas)

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