La mala fama del órgano del Buen Pastor

La mala fama del órgano del Buen Pastor
Mikel Fraile

«Hay quien dice que el querer hacer todo significa no hacer nada bien»

ITZIAR ALTUNA

El órgano de la Catedral del Buen Pastor es el más grande de la Peninsula Ibérica. Tiene 8.174 tubos, de los que 355 son de madera, 1.050 de zinc y 6.769 de estaño. El tubo de mayor longitud mide 12,5 metros, y el más pequeño apenas un centímetro. Este instrumento pesa 30 toneladas y cuenta con 105 registros, lo que permite que se puedan interpretar piezas de distintas época.

Si embargo, este órgano de estilo neoclásica tiene “mala prensa”, tal y como reconoce el organista titular de la Catedral, Óscar Candendo. En su opinión, la razón se debe a que este tipo de órganos fueron concebidos para permitir la interpretación de toda la literatura organística escrita en los ocho siglos anteriores. “La estética neoclásica es muy discutible en sus presupuestos teóricos porque hay quien dice que el querer hacer todo significa no hacer nada bien”, asegura.

El organista titular del Buen Pastor aporta otra segunda explicación: muchos de estos instrumentos se crearon después de la Primera Guerra Mundial (el del Buen Pastor se inauguró en 1953), y los materiales y el modo de construirlos no fueron los mismos que en el siglo XIX. En ese sentido admite que en el órgano del Buen Pastor no todo suena bien. Sin embargo, Candendo defiende las múltiples posibilidades sonoras de este instrumento, siempre que se seleccionen aquella las piezas que puedan mostrar las “virtudes” y “las bellezas” de este órgano, que también las tiene, aunque están “más ocultas”. Y es lo que él hace cada vez que se sienta delante de los teclados de esta gran obra de arte.

El órgano del Buen Pastor se construyó en Azpeitia y se inauguró en 1953. Tras medio siglo de vida, el instrumento se sometió a una profunda restauración entre 2004 y 2007, gracias a una iniciativa ciudadana que consiguió reunir los 540.000 euros necesarios para su puesta a punto. Casi un millar de ciudadanos compraron de forma simbólica uno de los tubos e hicieron posible que el órgano volviera a sonar en todo su esplendor. Así, el 29 de abril de 2007 el órgano de la Catedral del Buen Pastor se reinauguró con la ‘Missa Choralis’ de Recife.

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