Limitados en música

MANUEL CABRERA

Es comprensible que las distintas opciones políticas sobre la gobernabilidad del bien común tengan permanentes tensiones pugnando por hacerse con el dominio de la enseñanza. Al fin y al cabo, según lo que se enseñe en una dirección establecida desde cada ideario, así se adoctrina. Ello es un error muy grave que luego las generaciones futuras sufren al creárseles en su intelecto predeterminaciones lejanas a la libertad de conciencia, cuando, precisamente es ese concepto de libertad, con derecho a optar por una vía u otra por parte del enseñante, en lo que ha de educarse a la infancia y a la juventud.

Es esa razón, la búsqueda de la libertad, la que da sentido a estas líneas en lo que atañe a la enseñanza de la música, por que es una de las enseñanzas más transversales que existen en los estudios de la fase primaria y también en la secundaria. Así lo ha mantenido, con absoluto acierto, el biólogo genetista catalán David Bueno, al preconizar que esta enseñanza es benéfica en el desarrollo cerebral del ser humano y fundamental en los resultados académico, pues las Matemáticas, las Ciencias o el dominio de las Lenguas, como asignaturas troncales, se verían siempre optimizadas con una enseñanza de la música desde los primeros estadios de los estudios escolares. Expone el doctor Bueno que «la Música como extraescolar quita tiempo al juego, generando desgana y abandono. Por eso hay que integrarla ... ya que la Música es una gimnasia cerebral de las pocas tareas que activan todo el cerebro simultáneamente, mucho más que resolver una multiplicación». Su acertada tesis se fundamente en que debería de haber música en todos los niveles de la enseñanza preuniversitaria, desde los 4 a los 18 años, no solo aprendiéndola, sino y, además, escuchándola y tocándola a través de un instrumento. Resulta verdaderamente demoledor el comprobar que la LOMCE ni siquiera la considera obligatoria, lo que nos produce el lamento de comprobar como los países más avanzados en la valoración del Informe PISA tienen una mayor dedicación musical en el horario escolar que España.

No puede darse, tampoco, conformidad a que determinadas comunidades autónomas decidieran imponer la enseñanza de la música como obligatoria, aunque sea en una sesión semana. Al menos con dos empezaría a vislumbrase un futuro más esperanzador a favor de la cultura del pueblo, creando, por esa sinergia, salida al empleo de profesores bien formados, que los hay, con su estatus laboral definido y garantizado, y no mendicantes en impartir a los demás la ciencia que dominan. La raíz de esta situación está en la conciencia política que quiera aplicarse por quien gobierna la cultura, pues ésta puede verse como un instrumento que le hace grande o como una herramienta que le puede crear dificultades. ¡Señores educantes, ustedes mismos!

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos