Julia-Cristina, gimnasta del error

La cantautora, retratada ayer en el frontón de la donostiarra Plaza de la Trinidad. / USOZ
La cantautora, retratada ayer en el frontón de la donostiarra Plaza de la Trinidad. / USOZ

La creadora donostiarra presenta hoy jueves su disco de debut, 'Amar y equivocarse y amar', en su primera actuación en la ciudad desde 2009

JUAN G. ANDRÉS SAN SEBASTIÁN.

Julia-Cristina tuvo su primer contacto con el canto y la música allá por los años 90, en la parroquia del Corazón de María de Gros. Soñaba con ser misionera e incluso llegó a catequista, pero al acercarse a la mayoría de edad, «empezaron los debates» y tomó su propio camino. Sin embargo, aquellos cuatro acordes aprendidos en la iglesia fueron un inmejorable sustrato para emprender una de las carreras más singulares del pop más subterráneo del Estado. Afincada en Madrid, la donostiarra protagonizará hoy su «primer concierto oficial» en la ciudad desde 2009, y lo hará gratis, a las 20.30 horas, en la cripta de Convent Garden, un lugar otrora «sagrado» que entronca con la parte «espiritual» de su música.

Autoeditado bajo el título 'Amar y equivocarse y amar', su primer disco lo grabó en 2014 y lo sufragó mediante diversos préstamos, pero por avatares del destino, no vio la luz hasta el año pasado. Sus once composiciones hablan del «lado oscuro de las relaciones, de la dependencia y la falta de confianza, pero también de aquellas relaciones en las que el roce trae el goce». «Como oyente me cuesta descubrir canciones de amor en las que yo me reconozca, que me inspiren. A veces escuchas cosas que dices: '¡Qué pena, una música tan guay para una letra tan pobre!' Creo que donde más aporto es al cantar de tú a tú porque lo íntimo es universal, aunque es verdad que al hacerlo en primera persona asumes riesgos y siendo mujer, parece que todavía más», asegura.

En ese sentido, ha acuñado el término «ficción sincera» para referirse a unos textos de «alcance poético» que no renuncian a las «palabras sencillas» y con los que se posiciona constantemente, persuadida de que «la contradicción es vida». Su afán por contar historias «íntimas y confesionales» le ha situado ante «dilemas» como la letra de 'Este amor': «Quiero que me folles / Después, después/ haremos el amor». «No deseaba que se entendiera como una provocación porque en realidad, está escrita con afán de naturalizar. Al final la publiqué porque no hacerlo me parecía traicionarme», añade.

Canciones como 'La gloria', 'Faltas' o 'Me gusta que te vayas' destacan también por la brillante producción de Solomon Zu en la que se dan cita ukeleles, instrumentos de cuerda y viento y hasta un órgano Hammond. Sin embargo, en su concierto de esta noche Julia-Cristina actuará sola, con su guitarra acústica y esa voz temblorosa tan peculiar que podría ser el reverso femenino -y no tan exagerado- de la de Miguel Ángel Blanca, el polémico cantante de Manos de Topo.

«No estoy aquí por virtuosa, pero canto porque hago canciones», explica la donostiarra, que no busca incomodar a la audiencia, sino descubrir «herramientas» con las que edificar su propuesta. Y en esa tarea le resultan útiles elementos como la mirada, los silencios y, por supuesto, la voz. «Lo primero es sorprenderme a mí misma», apunta una polifacética creadora, profesionalmente dedicada a la educación y que se define como «autora, intérprete, 'performer', 'coach', escritora, viodeoartista y deportista de competición».

Guionista de canciones

En ocasiones, la atmósfera de algunos temas remite a gente como el Rafael Berrio de Amor a Traición y Deriva -de hecho, cantó 'Bronca' en el disco 'Harresilanda' (2004)-, y entre sus influencias y sus músicos favoritos cita nombres como los de Javier Álvarez, Jorge Drexler, Devendra Banhart y Christina Rosenvinge.

Ahora que se siente más cómoda sobre el escenario y quiere ofrecer más conciertos, su idea es «montar un equipo de cómplices para poder crecer». Incluso le gustaría rodearse de 'ayudantes' no sólo para actuar con banda, sino también para construir música conjuntamente «desde cero y que las canciones no estén capadas por las limitaciones de mis cuatro acordes».

Lo que parece claro es que el concepto de «ensayo-error» seguirá guiando los pasos de Julia-Cristina, cuyo álbum está «cargado de equivocaciones» desde el mismo título. «El disco no se hizo en las circunstancias ideales, sino con esa idea de cocinar con lo que hay y de aprender de los errores. Hemos crecido en la cultura del miedo al error, pero meter la pata significa que hemos hecho algo, porque si no lo haces, no llegas a ningún sitio», proclama, al tiempo que recuerda que en algunas universidades de EEUU enseñan la «exaltación del error». «Al error hay que tenerlo como aliado y ejercitarlo cual gimnasta porque al final, muchas veces la magia de la creación surge nace donde parece que había un fallo», concluye.

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