Josean Larrañaga 'Urko': «Me estoy despidiendo poco a poco»

Josean Larrañaga 'Urko', en la calle Arroka de Amara Viejo, a escasos metros de la casa de la plaza Easo en la que nació hace casi 70 años./LUSA
Josean Larrañaga 'Urko', en la calle Arroka de Amara Viejo, a escasos metros de la casa de la plaza Easo en la que nació hace casi 70 años. / LUSA
Josean Larrañaga 'Urko', cantante

El cantante donostiarra publica un CD y DVD con el concierto que ofreció con la Banda Municipal de Bilbao en la Plaza de la Constitución en 2016

ALBERTO MOYANOSAN SEBASTIÁN.

Veinte temas, tanto propios como del cancionero popular, conforman 'Urko herrikoi', la grabación en CD y DVD del concierto que Josean Larrañaga ofreció el 9 de septiembre de 2016 en la Plaza de la Constitución de Donostia, junto a los sesenta músicos de la Banda Municipal de Bilbao. 'Urko', que rehúsa anunciar su retirada de forma tajante, sí reconoce que se está «despidiendo poco a poco», después de más cuarenta años sobre los escenarios.

- Veinte canciones. ¿Con qué criterio las eligió?

- Lógicamente, hice una selección de canciones que se pudieran arreglar para banda de música, que no fueran muy guitarreras. Y luego, quería que todas esas canciones donostiarras que tengo recopiladas desde hace tantos años quedasen registradas con la categoría que da tocar con sesenta músicos detrás.

- ¿Y cómo es esa experiencia?

- Tuve la inmensa suerte de toparme con Iñaki Urkizu, subdirector de la Banda Municipal de Bilbao. Hizo los arreglos y los revisamos. Cuando toco con mi grupo habitual es más sencillo porque con una miradita nos entendemos, pero con sesenta músicos tienes que estar pendiente de la banda, del pianista -Javier Pérez de Azpeitia, que lleva conmigo desde siempre y que me da una gran confianza en el escenario-... Y la banda no para. Si cometes un error, el grupo te sigue, pero la banda va a piñón. Es una tensión terrible. Hora y media al cien por cien.

- ¿Qué ganan las canciones con el acompañamiento de una banda de música?

- En musicalidad. Siempre he sido partidario de trabajar con músicos y con arreglos musicales. Me gusta que las canciones esté muy arropadas y las bandas municipales de hoy en día no son las de pueblo de hace cuarenta años.

- ¿Y qué pierden?

- Frescura y, a veces, espontaneidad.

- ¿Y quizás intimidad en la comunicación con el público?

- No, eso lo puedo hacer. Eso depende de ti. Es algo de lo que te das cuenta en cuanto pasan dos o tres temas: estoy conectado o cómo me cuesta entrar a este gente.

- ¿Qué recuerda de ese concierto?

- Sobre todo, el salir al escenario de la 'Consti' después de muchos años sin tocar allí y toparme con 6.000 ojos mirándome, en un sitio en el que yo había pensado muchas de las canciones que iba a cantar, como 'Zugana Manuela', que siempre me había imaginado bailando en esa plaza el vals final. Eso me impresionó. Y al final, cuando la Banda de Bilbao, que no tocaba en Donostia desde hacía al menos 50 años, interpretó la 'Marcha de San Sebastián'. Por poco me muero. En el vídeo hay imágenes de gente llorando y todo el mundo de pie, cantando. Fue el colofón y pensé que después de esto ya me podía morir.

- ¿Va a presentar en directo este disco?

- No.

- 2017 fue un año complicado, con un problema de salud.

- Sí, tuve algún problemilla pero lo afronté como se debe, de frente. Durante el año pasado, hice cinco o seis conciertos con bandas y un par con grupo. A veces nos juntamos Gontzal Mendibil, Gorka Knörr y yo, el 'Parque Jurásico', y es curioso porque llenamos los sitios. Yo ahora disfruto muchísimo de los conciertos porque ya no es una gira que te lleva de un lugar a otro.

«Durante el franquismo subía al escenario a 'montar el pollo' porque esa era nuestra labor»

«Yo soy Josean y 'Urko' es un tío que canta en el escenario; son dos personajes distintos»

«Cuando dicen de los cantautores: '¡Vaya música de muermos!'. Pues mira Bob Dylan...»

- ¿Se ha vuelto una actividad amateur, como al principio de su carrera?

- Pues bastante, he vuelto a bastantes cosas del principio, pero ahora cobramos, ¿eh? Aunque siempre tienes la 'meadita' del miedo antes de subir al escenario, la experiencia es un grado. Y no hay que perder esa tensión porque cuando un artista sube a un escenario da ese paso desde las bambalinas y ya no hay marcha atrás, a no ser que se escape corriendo. Pasar de la tranquilidad del camerino al escenario, las luces, el público... es una situación que no controlas. Estoy seguro de que las dos primeras canciones todo el mundo las toca con el piloto automático. Luego, ya campeón.

- El lunes cumple 70 años. ¿Se está retirando poco a poco?

- Sí. Tranquilamente. Estoy haciendo las cosas con una calma terrible. No voy a ser tajante diciendo que me voy porque igual un día me apetece ir al Altxerri con dos músicos y me pego una sesión de boleros. Tengo proyectos, como éste de tocar con bandas de música, que me hubiera gustado hacer y ahora los hago. Y este año lo voy a hacer con Pamplona. Pero sí, me estoy despidiendo poco a poco.

- Empezó con el rock, a comienzos de los sesenta, cuando esa música estaba aquí en sus albores.

- En Los Corsarios. Aquello fue increíble. Siempre he rondado el mundo de la música. Fui hasta mánager y cuando empecé con este grupo fue porque me llamaron unos amigos para hacer rock & roll. Cuando lo conté en casa se montó la de Cristo. Yo era más de los Rolling, pero cantábamos canciones de los Beatles.

- Luego vivió la época dorada de los cantautores...

- Fui de la segunda generación de cantautores. Me echaron del grupo de rock & roll porque me movía demasiado y ellos eran más románticos. Yo quería más caña... Es curioso porque el único que ha vivido de la música toda la vida he sido yo. Estudié Dirección de Marketing e iba para ejecutivo agresivo, pero un día vi en el Bellas Artes un concurso de canción en el que cantaban en euskera. Yo no sabía euskera. Cogí la guitarra, me fui a un barnetegi y empecé a cantar. Fue una época muy dura.

- Alguna vez ha contado que subía al escenario «a montar el pollo».

- Sí, básicamente, sí. Siempre he cuidado la música, ¿eh? pero yo creo que ésa era la labor que nosotros teníamos que hacer porque no había políticos en la calle, no podían salir. Con la excusa de la canción, subías al escenario, soltabas el mitin, a los veinte minutos llegaba la Guardia Civil... Era así. Pero yo siempre he cuidado la música.

- El 'Guk euskaraz' se convirtió casi en un himno. ¿Sintió alguna vez que le aplastaba el éxito de esa canción?

- No. Yo soy muy de barrio y siempre he volado bajo. Me empecé a preguntar cuando amigos del barrio me empezaban a llamar 'Urko' en vez de Josean.

- ¿En algún momento se le subió el éxito a la cabeza?

- No, lo juro. A veces he pensado que desgraciadamente te respetan más si eres un poco gallo que si eres normal, pero yo valgo para eso. Yo soy Josean y 'Urko' es un tío que canta en el escenario.

- ¿Son dos personajes distintos?

- Yo creo que sí. Josean es una persona de la calle, muy donostiarra. Amo profundamente a esta ciudad y no es 'ñoñostiarrismo'. La amo. Es una ciudad que me cautiva. Y 'Urko' es un perfeccionista en el escenario, muy exigente con los músicos y que no admite bromas en el trabajo. Luego, sí. He sido el más juerguista.

- ¿Qué Donostia transmite su cancionero?

- Una Donostia alegre, muy popular. Todas esas canciones que yo recuperé ahora nos parecen normales, pero estaban desapareciendo. El 'Kaia barrenian', que hemos cantado todos con el último gintónic, la gente ya no se la sabía. Era como el 'Asturias, patria querida', que la gente sólo sabe el primer verso. Esas canciones transmiten la calle.

- Oiga, también hay canciones, como 'Peio Joxepe', que harían palidecer en machismo al reguetón.

- Sí, sí, sí, claro. Por supuesto. El que existe todavía. Peio Joxepe era un elemento. Fíjese los años que tiene esa canción.

- ¿Qué es lo peor de las giras?

- El dormir poco. Ahora ya no son tan intensas como antes para ningún artista porque -es curioso-, antes los cantautores vascos salíamos a cantar a España muchísimo más que ahora. Yo he tocado en Badajoz, en Andalucía... Ahora no sale nadie. Han puesto muchas barreras. Estamos intentando hacer un concierto en Madrid, con la gente de Podemos, se supone que 'progre'. Bueno, pues está costando mucho porque nos dicen que no saben dónde meternos. Y en Sevilla, nos dijeron que lo de 'Urko' lo veían muy bien pero, cantando en vascuence, mejor en un espectáculo de tipo étnico.

- Después de la etapa dorada de los cantautores, llegó el rock radical vasco. ¿Qué tal lo vivió?

- Ah, muy bien. Siempre lo he defendido. Soy de los que piensan que el músico sale del rock & roll, no va a salir de una panadería.

- Pero impugnaban a los cantautores. Ahí sólo salvaban a Laboa...

- No comment. No, yo estuve siempre muy cerca de ellos, les fui a ver y me he llevado muy bien. A mí nunca me dieron caña, al contrario: he sido uno más de ellos. Mi mánager, Jokin Zamarbide, es uno de los promotores del rock radical. ¿El resto? Los cantautores han sido más conservadores en la música.

- ¿Se han llevado bien entre ustedes?

- Sectores, sí, sectores, no. Yo me he llevado bien con todo el mundo, tengo mis historias que algún día se contarán, pero he vivido y he dejado vivir. Cada uno es libre de hacer lo que quiera. Cuando dicen: «¡Vaya música de muermos!» No: es la música que a cada cual le sale... Y si te pones a analizarlo como aburrimiento, más coñazo que Bob Dylan... Pero entraña una época y él es así. ¿Te gusta Laboa? Pues hay gente que dice que es inaguantable. ¿Benito? ¿'Urko'? Cada uno tiene su sello cuando hace lo que sale de dentro.

- ¿Cree que ha logrado decir aquello que se propuso el día que cogió una guitarra y se puso a cantar?

- Creo que sí. Empecé a cantar en castellano, con Paco Ibáñez, y quería transmitir que había que moverse. Yo he sido agitador toda mi vida. Los poemas de Miguel Hernández, como 'Las nanas de la cebolla', los musiqué bastante antes que Joan Manuel Serrat. Y luego, con el euskera, había que sacarlo de la clandestinidad. Era terrible cómo estaba en aquella época. El 'Guk euskaraz', por supuesto, ya no es mía, sino del pueblo. Me gustaría cantarla en La Concha, con 60.000 personas, un 14 de agosto como reivindicación.

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